Hagamos que las cosas sucedan


Acá estoy, llevando a cabo una loca idea que surgió un día cualquiera al despertar (o una noche cualquiera mientras dormía, vaya uno a saber!), como resultado de un tiempo de reflexión, boludismo, tristezas, alegrías, sorpresas, ocio y trabajo.

Express-ARTE llegó para abrirme la cabeza, como una nueva experiencia, una oportunidad de comunicación, distracción, reflexión y alpedismos ;)

Porque tengo la cabeza llena de pajaritos...



jueves, 30 de diciembre de 2010

Estrés vacacional



Necesitaba escribir. Para desestresarme, para respirar, desahogarme y volver a encontrarme. Hace días que estaba buscando el momento oportuno para hacerlo, ansiaba sumergirme en el mundo de las palabras y la fantasía, olvidarme de todo a mi alrededor y volar… Estoy como fuera de contexto, en un tiempo y un espacio en el que no logro posicionarme.

¿Que me pasa? Pues nada…estoy de vacaciones.
Los días más hermosos del año llegaron a mí. No debo cumplir horarios en el trabajo, ni tomar ómnibus que llevan más gente de la necesaria, ni dar explicaciones por llegar tarde, ni acostarme a horas prudenciales.
En fin, estoy totalmente feliz de no tener que hacer nada, excepto…excepto tal vez levantarme a tomar mate e ir a la playa. ¿Pero que pasa entonces que no me siento como si estuviera de vacaciones? No estoy descansando, siento que no he podido hacer nada de todo lo que tenía planeado para mis días libres, me siento presionada, ahogada. Quería hacer ejercicio, salir a caminar por la rambla, respirar aire fresco, dormir mucho, ir a la playa, leer todo lo que no pude leer durante el año…un sinfín de actividades que me divierten y me agradan, pero que no han encontrado un lugar en mi diario de vacaciones.
Pasaré a explicarles la situación a fin de que puedan comprender mi “estrés vacacional” como le he dado a llamar.
Se acercaban las fiestas y ya se respiraba en el ambiente ese olorcito a vacaciones. Esos días en los que la alegría parece invadir todos los rincones y a todos alrededor. Estábamos felices, aunque la cola para pagar en el supermercado fuera el doble de lo normal, aunque la malla del verano pasado nos quedara chica, aunque hubiera que depilarse cada 10 días…no importa, estamos felices porque se acercan las fiestas, y con ellas el rencuentro con la familia y amigos a los cuales les perdemos el rastro durante el agitado año laboral. Llegan las fiestas y tenemos permiso para abusar de los festejos, de la comida y de la bebida. Bailar como si el mundo se terminara mañana, aunque lo único que se termina o quizá por eso, es el año.
Bien, festejamos, brindamos y nos despedimos de los compañeros del gimnasio, de los compañeros de clase, de los compañeros del trabajo y hasta de los vecinos. Cualquier grupo de afinidad es bueno para realizar una despedida, todos se merecen una buena despedida de año, todos somos amigos cuando llega diciembre…
Y así vamos, de despedida en despedida, durmiendo poco, comiendo mucho, amigo invisible por acá, compañero de escritorio por allá. “Que descanses en vacaciones” “Me voy a acordar de ustedes cuando este en la playa” etc., etc. Todos brindamos, bailamos y cantamos como grandes camaradas, aunque haga apenas unas semanas, nos sacábamos los ojos por cosas sin importancia (el cansancio nos hace reaccionar de manera graciosa, no creen?).

Viajamos para encontrarnos con nuestra familia, o nos juntamos todos en algún punto neutro para festejar, luego de haber sobrevivido al estrés que representa la compra de obsequios navideños: ¿mamá quería una malla de baño, no? ¿o era mi hermana mayor? ¿qué le regalo al tío? ¿otra botella de whisky? ya debe tener una reserva en la despensa, pensemos en otra cosa. Hay descuentos en el Shopping…lo que no hay es lugar ni para respirar. La gente espera siempre a último momento para salir a hacer las compras, y yo soy parte de esas personas.
Pero volvamos a la reunión familiar…todos juntos en casa de los abuelos, hermanos, cuñados, novios, hijos y primos (más las mascotas que cada uno trajo, porque no se podían quedar solos en casa, claro está). Lo hermoso de ver la mesa repleta de gente se transforma en horror a la hora de tener que lavar los platos sucios. ¡Suerte que hay bastante gente para repartir la tarea!

Así va llegando Navidad y los consabidos festejos, saludos y rencuentros. Nos embarga una sensación de libertad y bienestar que compite con el empacho y la acidez de estómago que venimos ignorando desde hace algunos días ya (desde la segunda despedida más o menos!)
Llega también el nuevo año, y lo recibimos colmados de esperanzas y nuevos planes, que muy difícilmente lleguen más allá de marzo…al menos yo, paso todo el verano planificando lo qué haré éste año, que de seguro va a ser maravilloso, para olvidarme luego de la mayoría de los objetivos que me había planteado a la hora de levantar la copa y brindar…es que la vida no se puede planificar, eso lo he aprendido de a poco y siempre hay algo que me lo reafirma, nada es seguro.

Volviendo al tema, hace ya cerca de 15 días que estoy de vacaciones, sin nada para hacer y muchos planes para cumplir, pero me siento un poco nerviosa. Como si los días de vacaciones se pasaran realmente rápido y no fuera capaz de materializar lo que tenía en mente.
Cambiar de ambiente me deja los primeros días desencajada. Volver a encontrar un lugar en la casa familiar, en las rutinas que tienen los demás cuesta lo suyo. Uno necesita las rutinas para sentirse seguro, sabe lo que vendrá después, cosa que no sucede cuando estamos de vacaciones…cualquier cosa puede pasar. Nos levantamos a la hora que nos despertemos, vamos a la playa, almorzamos lo que encontremos en el refrigerador…en fin, simplemente hermoso!
Me siento mal porque no estoy en mi casa, con mis cosas, entre mis cuatro paredes. Incluso la “abstinencia vacacional” (nada de sexo oportuno, eso no es lo mío) me está afectando…por eso tomé la computadora y buscando un tiempo para mi misma, un tiempo de reflexión y rencuentro, de rutina conocida, busqué un lugar alejado y comencé a escribir…
Ahora me siento mucho mejor, ya volví a sentir tranquilidad. Me llevó unos días pero me dí cuenta que las vacaciones son todas para mi, me las he ganado, y puedo hacer con ellas lo que desee.
Si quiero ir a la playa, iré; lo mismo si me quiero quedar acostada leyendo o viendo una película, o simplemente, no haciendo nada. Nadie notará mi ausencia en las blancas arenas, y nadie puede descontarme el día por no salir de casa…
Entonces, ¿que me pasa? Pues nada…¡¡estoy de vacaciones!!


jueves, 2 de diciembre de 2010

El mejor aliado

Un baño: la solución a todos sus problemas.
¿Cuántas veces nos sentimos abrumados por cosas que nos parecen no tener solución? ¿Cuántas veces en el día, miramos al cielo y pedimos clemencia, paz, paciencia o piedad? ¡¡Ya no más!! Tenemos la solución al alcance de nuestras manos…nada como un buen baño para cambiar el curso de las cosas!!!
A lo largo de la historia, el ritual del baño significó mucho más que unos pocos minutos dedicados al aseo personal. Para las civilizaciones antiguas de Egipto, Grecia y Roma, el baño adquiría connotaciones religiosas, que se entrelazaban con el placer, la ostentación de la riqueza y la medicina.
Los baños egipcios, por ejemplo, se hacían con agua y aceites o ungüentos perfumados, que solo los sacerdotes sabían preparar. Se creía que las recetas y los ingredientes eran saberes transmitidos por el dios Thot, al igual que la química y la escritura. Estos aceites sagrados humectaban y protegían la piel sometida a la sequedad y el calor de un clima riguroso. Las clases sociales más adineradas tenían esclavos dedicados exclusivamente a bañar a sus señores. 
En Grecia el baño también confería prestigio. Todo banquete griego que se preciara de ser lujoso, incluía una sesión de baño para los invitados. Los más ricos tenían en sus casas recipientes cincelados, llenos de agua para bañarse. Además, en todos los cruces de caminos había una pila de mármol con agua para que los más humildes también pudieran bañarse.
  
Hoy día no contamos con esclavos dedicados a bañarnos, pero el baño, o muchas veces la ducha, sigue sirviendo para higienizarse, disfrutar de un momento íntimo (o compartido), olvidar problemas, aclarar la mente, desestresarse, etc. Hay quienes prefieren hacerlo a la mañana, quienes se inclinan por bañarse a la noche y hasta los que lo hacen varias veces al día.
Cuando niños disfrutamos del baño, es un espacio de goce y juego, compartido con los adultos y hasta con hermanos muchas veces. Luego pasamos por una etapa en la cual lo rechazamos, por cuestiones propias de la psiquis humana, y tenemos a nuestros padres todo el tiempo recordándonos la importancia y la necesidad del baño diario, cosa que no compartimos en ese momento. ¿Para qué me voy a bañar de nuevo, si ya me bañé ayer?!
Ahora bien, como adulta que soy, he hallado en la ducha mi aliada perfecta a la hora de resolver “problemas”. Muchas veces me siento abrumada, confundida, y no encuentro mejor solución que desvestirme (aún no lo hago vestida) y meterme bajo un potente chorro de agua en la ducha. ¿Que recién es martes? ¿Qué estás cansado de tu trabajo? ¿Qué no te fumas a la tarada del escritorio de enfrente? ¿Te olvidaste de pagar la cuenta de teléfono y te lo cortaron? ¡¡¡Tranquila/o!!!! El mundo es mucho más complicado que eso…date un baño y olvídate!!

Lo mejor del baño es sentir el agua correr por la cara, seguir su camino por la espalda, deslizándose por lugares y recovecos que permanecen dormidos, refrescándonos y despertando esa sensación de placer indescriptible, que nos abre la mente y nos hace ver las cosas de otra manera. O tal vez será que dejamos de pensar en esas cosas que nos tenían preocupados hasta hace dos minutos, y comenzamos a sentir. La solución, si es que la hay, llega a nosotros como un rayo de luz, mientra estábamos concentrados en el lavado de nuestro cabello, o cuando nos agachamos porque se nos ha caído el jabón (¿a quién no le pasó?)
Dejar de pensar, poner la mente en blanco, concentrarnos en esa canción que tanto nos gusta, que tan bien nos hace sentir, y cantarla “bajo la lluvia”…terapia recomendada.
¿Quién no cantó bajo la lluvia alguna vez? A subir el volumen y cantar con fuerza que éste es nuestro lugar!!!
“Si, pero los problemas no se van, y las soluciones no aparecen”, me dirán ustedes. “Ya llevo 40 litros de agua gastados y ningún “rayo de luz” ha llegado hasta mi”. ¡Parezco una pasa de uva, estoy toda arrugada y sigo donde empecé! ¿Ya probaste con la canción? OK, a no desesperar, tengo otro consejo: ¿habéis probado con unas horas de relax en un jacuzzi?
Los chorros de agua masajeando todo nuestro cuerpo, los pies en alto o flotando en el agua, las burbujas cosquilleando en nuestra barbilla…sensación placentera por demás.
¿Le agregamos un plus? Una copita de (a elección), buena música y compañía (esto último, pensarlo bien). ¿No tenéis jacuzzi? Don´t worry, tengo todo pensado…Hay lugares, comunes a la “cultura del amor” conocidos como moteles, hoteles, o lugares de alta rotatividad, donde se puede conseguir una habitación con jacuzzi (tamaño pileta), música funcional, minibar, cama king size, etc, etc…

Ni hablar cuando hemos tenido una noche “guerrera”, o cuando llegamos destruidos como resultado de una salida que se prolonga más de lo esperado, con los pies pidiendo socorro, la mente nublada y todo el cuerpo entumecido de tanto bailar…el agua se convierte en nuestra mejor aliada. ¡Nunca me había dado un baño tan delicioso! ¿dije lo mismo la última vez? Bueno, me equivoqué, ésta vez si que es delicioso, de lo mejor!

Así que la próxima vez que digas “no doy más”, que llegues a casa gateando, con el espíritu siguiéndote de lejos y los problemas de cerca, acordate de mi…sacate todo, abrí la ducha al máximo, poné tu canción favorita y dejate seducir por el placer de un baño sin preocupaciones.
O mejor aún…comprate un jacuzzi (e invitame!!!).