Un baño: la solución a todos sus problemas.
¿Cuántas veces nos sentimos abrumados por cosas que nos parecen no tener solución? ¿Cuántas veces en el día, miramos al cielo y pedimos clemencia, paz, paciencia o piedad? ¡¡Ya no más!! Tenemos la solución al alcance de nuestras manos…nada como un buen baño para cambiar el curso de las cosas!!!
A lo largo de la historia, el ritual del baño significó mucho más que unos pocos minutos dedicados al aseo personal. Para las civilizaciones antiguas de Egipto, Grecia y Roma, el baño adquiría connotaciones religiosas, que se entrelazaban con el placer, la ostentación de la riqueza y la medicina.Los baños egipcios, por ejemplo, se hacían con agua y aceites o ungüentos perfumados, que solo los sacerdotes sabían preparar. Se creía que las recetas y los ingredientes eran saberes transmitidos por el dios Thot, al igual que la química y la escritura. Estos aceites sagrados humectaban y protegían la piel sometida a la sequedad y el calor de un clima riguroso. Las clases sociales más adineradas tenían esclavos dedicados exclusivamente a bañar a sus señores.
En Grecia el baño también confería prestigio. Todo banquete griego que se preciara de ser lujoso, incluía una sesión de baño para los invitados. Los más ricos tenían en sus casas recipientes cincelados, llenos de agua para bañarse. Además, en todos los cruces de caminos había una pila de mármol con agua para que los más humildes también pudieran bañarse.
Hoy día no contamos con esclavos dedicados a bañarnos, pero el baño, o muchas veces la ducha, sigue sirviendo para higienizarse, disfrutar de un momento íntimo (o compartido), olvidar problemas, aclarar la mente, desestresarse, etc. Hay quienes prefieren hacerlo a la mañana, quienes se inclinan por bañarse a la noche y hasta los que lo hacen varias veces al día.
Cuando niños disfrutamos del baño, es un espacio de goce y juego, compartido con los adultos y hasta con hermanos muchas veces. Luego pasamos por una etapa en la cual lo rechazamos, por cuestiones propias de la psiquis humana, y tenemos a nuestros padres todo el tiempo recordándonos la importancia y la necesidad del baño diario, cosa que no compartimos en ese momento. ¿Para qué me voy a bañar de nuevo, si ya me bañé ayer?!
Ahora bien, como adulta que soy, he hallado en la ducha mi aliada perfecta a la hora de resolver “problemas”. Muchas veces me siento abrumada, confundida, y no encuentro mejor solución que desvestirme (aún no lo hago vestida) y meterme bajo un potente chorro de agua en la ducha. ¿Que recién es martes? ¿Qué estás cansado de tu trabajo? ¿Qué no te fumas a la tarada del escritorio de enfrente? ¿Te olvidaste de pagar la cuenta de teléfono y te lo cortaron? ¡¡¡Tranquila/o!!!! El mundo es mucho más complicado que eso…date un baño y olvídate!!
Lo mejor del baño es sentir el agua correr por la cara, seguir su camino por la espalda, deslizándose por lugares y recovecos que permanecen dormidos, refrescándonos y despertando esa sensación de placer indescriptible, que nos abre la mente y nos hace ver las cosas de otra manera. O tal vez será que dejamos de pensar en esas cosas que nos tenían preocupados hasta hace dos minutos, y comenzamos a sentir. La solución, si es que la hay, llega a nosotros como un rayo de luz, mientra estábamos concentrados en el lavado de nuestro cabello, o cuando nos agachamos porque se nos ha caído el jabón (¿a quién no le pasó?)
Dejar de pensar, poner la mente en blanco, concentrarnos en esa canción que tanto nos gusta, que tan bien nos hace sentir, y cantarla “bajo la lluvia”…terapia recomendada.
¿Quién no cantó bajo la lluvia alguna vez? A subir el volumen y cantar con fuerza que éste es nuestro lugar!!!
“Si, pero los problemas no se van, y las soluciones no aparecen”, me dirán ustedes. “Ya llevo 40 litros de agua gastados y ningún “rayo de luz” ha llegado hasta mi”. ¡Parezco una pasa de uva, estoy toda arrugada y sigo donde empecé! ¿Ya probaste con la canción? OK, a no desesperar, tengo otro consejo: ¿habéis probado con unas horas de relax en un jacuzzi?
Los chorros de agua masajeando todo nuestro cuerpo, los pies en alto o flotando en el agua, las burbujas cosquilleando en nuestra barbilla…sensación placentera por demás.
¿Le agregamos un plus? Una copita de (a elección), buena música y compañía (esto último, pensarlo bien). ¿No tenéis jacuzzi? Don´t worry, tengo todo pensado…Hay lugares, comunes a la “cultura del amor” conocidos como moteles, hoteles, o lugares de alta rotatividad, donde se puede conseguir una habitación con jacuzzi (tamaño pileta), música funcional, minibar, cama king size, etc, etc…
Ni hablar cuando hemos tenido una noche “guerrera”, o cuando llegamos destruidos como resultado de una salida que se prolonga más de lo esperado, con los pies pidiendo socorro, la mente nublada y todo el cuerpo entumecido de tanto bailar…el agua se convierte en nuestra mejor aliada. ¡Nunca me había dado un baño tan delicioso! ¿dije lo mismo la última vez? Bueno, me equivoqué, ésta vez si que es delicioso, de lo mejor!
Así que la próxima vez que digas “no doy más”, que llegues a casa gateando, con el espíritu siguiéndote de lejos y los problemas de cerca, acordate de mi…sacate todo, abrí la ducha al máximo, poné tu canción favorita y dejate seducir por el placer de un baño sin preocupaciones.
O mejor aún…comprate un jacuzzi (e invitame!!!).
totalmente de acuerdo contigo, no se sii se lleva los problemas pero q los olvido o los dejo en espera por un buen rato siiiii, uno de los grandes placeres de la vida (xq hay otros jaja)BAÑARSE.
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