Hombres hay.
¿Por qué nos quejamos las mujeres, constantemente, de la falta de hombres? ¿Es que no los vemos?
Te invito a dar una vueltita, no muy lejos, ahí nomás en el barrio, y comprobar que hombres sobran.
Salimos…al abrir la puerta del apartamento, nos encontramos con el vecino de al lado, que espera el ascensor. Ahí tenemos nuestro primer “ejemplo” a analizar: hombre, soltero, treinta y pocos años…¿será que sirve? “Hola” nos saludamos, y subimos al ascensor que nos llevará a la planta baja. Dirijo la mirada hacia el piso, pero la verdad es que estoy afinando mi “ojo crítico” y comenzando el análisis desde abajo: vestimenta? muy linda, con onda, bien combinada. Pelo: magnífico corte de coiffeur, que lo hace parecer casual, pero que nosotras, como mujeres que somos (y pasamos horas frente al espejo) sabemos diferenciar bien el trabajo que le da mantener, 10 puntos más a su favor. Hasta aquí todo bien, el primer hombre que nos cruzamos ya está por verificar nuestra hipótesis: hay hombres. En eso llegamos a la planta baja, sin cruzar palabra obviamente, ya que mi compañero de viaje estuvo de fiesta anoche, hasta altas horas de la madrugada, con música y chicas, cosa que se refleja hoy en su cara y su humor (“si me hubieras invitado tendríamos algo de que charlar”, pienso, “en vez de haber tenido que golpear la pared para que bajaras el volumen”). Nos recibe el portero (ejemplo n° 2) que lo saluda con un: ¿Y Andrés? ¿Terminaste bien anoche o te fuiste a dormir temprano? “Fuá, ni te digo. Nos juntamos con aquella que te conté la otra vez, la del boliche, y trajo a unas amigas…”
Descartado, hueco, boludo!!! Claro que tiene toda la onda, cuida su imagen y sabe encantar a una mujer con su sonrisa…pero es de los que sólo piensan en una cosa: sexo.
Sigo de largo, esperando el saludo que nunca llega del portero, muy entretenido con la noche de diversión de mi vecino. ¿Querés que te cuente como gemía la rubia de pelo largo? ¿o la risa de hueca que tenía la morocha de rulitos?
Ejemplo número dos: el portero. Aparte de ser un hombre casado, lo que lo saca de nuestro experimento, es un diario. Sabe lo que pasa y lo que pasará en cada uno de los apartamentos del edificio. Se ocupa de sacar la basura, abrir la puerta del garage, chusmear la correspondencia de cada vecino, saber a que hora salió el del 302, con quién durmió anoche la del 503, y hasta los días que la vecina del 004 va al club. Vive de fantasías, haciendo suya la vida de los demás. Usando los datos que posee para tener tema de conversación con su señora, y haciendo buen uso de los lentes que le mandó el oculista, para analizar cada detalle de las mujeres que entran, salen o pasan cerca de su trono. Simplificado: no nos sirve. Pero no nos sintamos mal, sigamos con nuestra búsqueda para demostrar que hay hombres, en todas partes, y alguno de ellos es el indicado.
Llegamos a la esquina, estamos esperando que cambie la luz del semáforo para poder cruzar la calle e ir al supermercado. ¿Monedas? No, no tengo, o mejor dicho, si tengo pero no te las voy a dar.
Éste es otro ejemplo a analizar: hombres que se encuentran en las esquinas, a la salida del supermercado, en la parada del ómnibus, etc. Usan caravanas, gorrito, bermudas y championes con una altura que bien podríamos compararlos con nuestros tacos de sábado a la noche. Oyen cumbias, y piden monedas, esa es su “ocupación”. Se juntan en las esquinas a fumar y acosar a las mujeres jóvenes que pasan por alli. Expectativas: llegar al fin de semana para poder salir a bailar alguna de las canciones que oyen a todo volumen durante todo el día…ejemplo n° 3: ni pensarlo!!!
En el supermercado, la muestra aumenta. Tenemos a los que atienden la carnicería, los que acomodan la mercadería, y a los que están haciendo las compras. Empecemos por éstos últimos, los que fueron allí a buscar algo. Hay varios especímenes para analizar. Tenemos el típico soltero, que lleva en el carro unos panchos, un litro de leche, unas papitas fritas y un litro de cerveza. Pronóstico de cena: algo rápido y una cervecita para acompañar mirando el partido en la televisión.
Tenemos el padre de familia, que anda buscando justamente aquello que le encargó su mujer: no el que tiene el paquete con letras rojas, sino el otro, el verde, que dice “Light”.
Pensándolo bien, no me convence ni lo uno ni lo otro…¿qué pasa? no me sirven solteros, porque disfrutan la vida que llevan y no sienten necesidad de compartirla con nosotras, las mujeres, más allá de la tranquilidad que les da llegar a casa y saber que está la comida pronta y la ropa limpia. No nos sirven los solteros que catalogamos de “tranquilos”, los que se conforman con una cena rápida y una cerveza como compañía, porque nos parece que no tienen aspiraciones, son conformistas o aburridos. “Por algo están sólos” pensamos, y nuestra lengua bífida parece vibrar al ritmo de nuestros pensamientos. No nos sirven los casados, por una obvia razón: tienen una mujer esperando en casa. Por más encantador que nos parezca ese hombre que nos cedió el número en la frutería, tiene dueña.
Mientras espero mi turno en la cola de la caja, mis neuronas experimentan un sacudón, y un pensamiento cruza mi mente como un rayo: debes abandonar tu investigación, volver a casa y darle la razón a todas aquellas mujeres que dicen que no hay hombres, que ya no vale la pena soñar con ese, el indicado, que aparecerá más tarde que temprano.
Me resigno, pago mis compras y me dispongo a salir rumbo a mi casa, cuando oigo alguien que me “jadea” en el oído: “estás sola divina?” ¿querés que te acompañe?...
No amigas, piensen bien antes de volver a decir que “no hay hombres”. Lamentablemente estamos rodeadas. Hay más hombres de los que podríamos abarcar, lo que sucede es justamente eso: son inabarcables!!! La próxima vez que vayas a hacer un “pedido”, hazlo con todos los detalles, así te evitarás decir que “son todos iguales” o que “no hay nada bueno”.
“No encuentro lo que estoy buscando”, sería una expresión más apropiada. ¿Qué hago? ¿Bajo los percentiles? ¿miro al costado y hago oídos sordos? ¿o sigo sola esperando al “príncipe azul”?
Conclusión: Toda la culpa es de Walt Disney.
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