Si, había desaparecido. Acababa de borrar lo que tanto le había costado. Un simple error, una simple distracción, y allá había ido a para todo su esfuerzo, a la basura.
Habían inventado arroz que no se pegaba, papel que no se pasaba, tinta que no manchaba…¿por qué no inventaban un aparato a prueba de tontos? Eso era ella, una tonta. Se sentía mal por haber echado todo a perder. ¿Y ahora que haría? Se fijó en la papelera, en los documentos cambiados recientemente, y en todos los lugares que se le ocurrieron. Le faltaba sólo mirar debajo de la mesa de trabajo por si acaso se dijo, mientras esbozaba una sonrisa triste. ¿Es que acaso pensaste que ser escritora era así, tan fácil? No querida, tienes que estudiar, investigar, ponerte a tono con la vida y darte de cabeza con éstas cosas!!!
¿No has oído hablar tan a menudo de respaldar los documentos y que se yo? Bueno, eso es, no basta con tener una computadora que te haga la escritura más fácil, ésta no piensa por ti, y por supuesto, no puede hacerte zafar de esas constantes metidas de pata. ¿Cómo que cerraste el documento sin guardarlo? ¿Pero, es que no te preguntó si querías guardar los cambios realizados? ¡Qué más quieres! que te diga con letras grandes que no aprietes el botón porque se borra?!!!!
Obviamente, acababa de borrar el documento en el cual había estado trabajando toda la mañana. No era nada súper novedoso, pero si significaba una hora o más de trabajo.
Trabajo se dijo, ¿qué era eso? Escribía porque le gustaba, y era una de las pocas cosas en las que encontraba placer. En comer también se recordó a si misma, pero comer no es tan saludable como ejercitar la mente. Recuerda que ya se viene el verano, y hay que ponerse bikini, depilarse, aparecer en la playa frente a todos, tirarse al agua….en fin, todo lo que hace a la temporada estival en un pequeño pueblo del interior del país.
Por eso elegía escribir. No necesitaba pensar en que ponerse, o cómo peinarse, o si tenía o no algún quilo de más. Escribía para los demás, esos que se entretenían con sus historias y la desafiaban a seguir adelante, a inventarse cada día un nuevo horizonte. Esos que…¿existirían?
Había decidido probar la escritura como una terapia, a raíz de mucho sentir y poco que hacer. Busco en la web, creó un blog y comenzó. Al principio fue extraño, luego excitante, reconfortante y hasta aburrido. ¿Alguien leería lo que ella hacía? ¿Importaba acaso?
No escribes para los demás, sino para sentir el goce que eso te produce, se dijo a si misma.
Si, pero que reconfortante era que las demás personas disfrutaran lo mismo que ella, o al menos una parte. No estaba segura si alguien leía lo que escribía, pero eso no quitaba la rabia que sentía. Acababa de borrar su artículo. ¿Sobre que era? Ah si, meditación. Tranquilidad, cero estrés, concentración…¡y tan concentrada estaba que cuando quiso pasar al papel lo que había sentido, lo echo todo a perder!
Había leído al respecto, mirado algún que otro documental, escuchado y hasta hablado sobre el tema, pero nunca hasta ese día había tenido tiempo de llevarlo a la práctica.
Meditar si, que interesante se dijo. Lástima que luego debió volver a su vida, cocinar, lavar, peinarse, salir a trabajar…y seguía igual que antes, perdida.
Perdido estaba su documento. No hay problema, lo hago de nuevo y listo. Pero, ¿cómo empezaba? jaja…no tenía idea! Eso era lo bueno de escribir. Largaba todo lo que le pasaba por la cabeza en medio segundo, como una ráfaga de viento, y luego no era capaz de repetir lo que había sentido. Porque lo que escribía era lo que sentía.
Cuando lo extrañaba a él, se hallaba más perdida y escribía casi siempre cosas sombrías, tristes. Cuando tenía una nueva aventura, o algo en que ocupar sus pensamientos, escribía cosas ocurrentes y chispeantes. ¡Ni que decir cuando tenía buen sexo! Ay, como le gustaba el sexo…pero eso era material para otro texto. Ahora debía pensar y rehacer nuevamente el que hablaba de meditación.
¿Por donde empezamos? Ya se, para escribir, necesito vivirlo, y como me estoy durmiendo, nada mejor que una buena “meditación” horizontal…después veremos que me soplan al oído los duendes que muy a menudo me visitan en sueños. Algo es seguro, me van a decir que recuerde guardar el documento antes de cerrar el programa…
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