Hagamos que las cosas sucedan


Acá estoy, llevando a cabo una loca idea que surgió un día cualquiera al despertar (o una noche cualquiera mientras dormía, vaya uno a saber!), como resultado de un tiempo de reflexión, boludismo, tristezas, alegrías, sorpresas, ocio y trabajo.

Express-ARTE llegó para abrirme la cabeza, como una nueva experiencia, una oportunidad de comunicación, distracción, reflexión y alpedismos ;)

Porque tengo la cabeza llena de pajaritos...



miércoles, 27 de octubre de 2010

Dolor

Sentía que el cuello se le partía al querer mover la cabeza. Los músculos se le estaban abriendo, desgarrando con cada movimiento que daba. El dolor se estaba haciendo insoportable, pero debía continuar…
Cada movimiento le hacía pensar en el descanso, tan merecido que lo tenía, pero que no llegaba. Se había esforzado mucho por sobrevivir un día más…no podrán conmigo.
Miró por la ventana. El sol brillaba en un cielo azul turquesa, el mar se veía majestuoso, calmo y agradable. El pasto crecía y se podían vislumbrar ya cantidad de florcitas. Había llegado la primavera.
Las olas la invitaban a bajar a la playa y relajarse. ¡Vamos! se dijo a si misma, ya falta menos. Miró el reloj. Menos si, pero aún era demasiado.
El dolor no daba tregua; parecía querer adueñarse de todo su cuerpo. Sería tan feliz se dijo, mirando el agua, si pudiera escapar por la ventana, volar muy alto como las gaviotas, y quedar suspendida en una nube.
Sintió que el dolor comenzaba a bajar por la espalda. Le dolían los brazos también ahora, y no sabía como sostenerlos en alto un poco más. Ya termina, oyó que le decía una voz dentro de su cabeza. No te des por vencida. ¿Era acaso, que debía ver el lado bueno de la situación?  Siempre lo hacía, pero no hoy, ya no. Dolía, y debía luchar contra el dolor, el clima que la invitaba a salir disparando de allí y olvidarse del mundo, la voz en su cabeza que la instaba a seguir soportando, la tentación de bajar los brazos…
De repente lo oyó. Le pareció estar imaginando, pero no era la única que lo había oído, y las personas a su alrededor se lo hicieron saber. Puso punto final y bajó los brazos.
Era la hora. Todo había acabado. Ya está, se dijo. Ya no habría más dolor, más esfuerzo, más sufrimiento…
Se acabó.

Sonrió…había cosas se soportaban a pesar de todo, y le hacían apreciar la vida.

_Hasta mañana chicos. Recuerden hacer los deberes y estudiar las tablas.
_¡Si maestra!_ se oyó repetir a una treintena de niños al unísono _ ¡que te mejores de la contractura!

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