Hagamos que las cosas sucedan


Acá estoy, llevando a cabo una loca idea que surgió un día cualquiera al despertar (o una noche cualquiera mientras dormía, vaya uno a saber!), como resultado de un tiempo de reflexión, boludismo, tristezas, alegrías, sorpresas, ocio y trabajo.

Express-ARTE llegó para abrirme la cabeza, como una nueva experiencia, una oportunidad de comunicación, distracción, reflexión y alpedismos ;)

Porque tengo la cabeza llena de pajaritos...



lunes, 25 de octubre de 2010

Continúa la novela...

2
Procesos

No. No podía ser cierto, no esto. Lucía miraba la boca del médico que continuaba hablando, pero sus oídos ya no lo escuchaban. Su mente viajaba, su cabeza daba vueltas.

Fijó la vista en la planta que adornaba el consultorio, allí en un rincón, ajena a la realidad. Sus hojas de un verde que de repente le pareció extraño, como más vivaz, las vetas amarillas, la luz que en ellas se reflejaba…sintió la savia corriendo por el tallo, llegando hasta la parte más ínfima de la hoja, así como su sangre fluía dentro de su cuerpo.
“…pero con un tratamiento constante y bien planeado lo podemos revertir” _ continuaba hablando el médico_ Señorita Avezza, ¿está usted bien?

Lucía ya no sabía _ ni quería saber_ que era lo que estaba sucediendo. Había ido a una simple consulta de rutina, a levantar los resultados de unos análisis simples (a los médicos todos los análisis les parecían simples), pero se encontraba sentada frente a un hombre que le informaba de algo que no esperaba y no entendía. ¿Enfermedad de la sangre? ¿que era aquello? ¿se podía revertir? ¿tratamiento constante? ¿que significaba aquello que sonaba tan simple?


_Si estoy bien, discúlpeme doctor, es solo que… Nada, no se que decir.
_ No se preocupe Lucía, he visto casos como estos, se pondrá bien, ya verá.


Lucía estaba conmocionada. ¿Y ahora? ¿Qué era lo que venía ahora? ¿Es que su vida, no dejaría de dar vueltas?


Al salir de la clínica caminó sin sentido, cambiando de rumbo una y otra vez, como solía hacer cuando se perdía en sus cavilaciones, cuando había un tema que la preocupaba.

Decidió llamar a Gloria, necesitaba hablar con alguien y no se le ocurría nadie más que su mejor amiga, aunque no estaba segura de que le iba a contar. Ni siquiera ella entendía bien lo que estaba pasando.



Gloria la atendió con poca gana, como lo venía haciendo últimamente. No, no estaba trabajando le dijo. Si, estaba en su casa y podía pasar si quería, la esperaría.


Lucía tomó un taxi, decidió darse ese lujo al menos, y le dio al conductor la dirección de su amiga. En unos minutos estaría allí. Se relajó y cerró los ojos para escuchar la música que sonaba a través de la radio del auto. Extraño, el conductor oía música clásica, algo que no era común en los conductores de taxis… ¡Pero que mal que había estado ese pensamiento! Tal vez por ser así era que le estaban pasando tantas cosas, y la mayoría no eran buenas.

_ “Lo que deberías hacer es consultar con otro médico” le había dicho Gloria. _” ¿Qué es eso de que una va por un simple examen de sangre y le salen con una enfermedad casi que incurable? No Lucía, no conviene quedarse con una sola opinión.

¿Por que no llamas a Damián? ¿Es amigo tuyo, no? Llámalo, coméntale el caso, tal vez el te pueda ayudar. Ya sabes que es muy buen medico, según dicen, no es que yo lo recomiende”. Gloria no sentía mucha simpatía por Damián, pero la verdad era que siempre había sido un buen amigo de Lucía.


Damián era médico, especialista en una de esas ramas que no se oyen nombrar todos los días, pero que de repente surgen como una moda y por todos lados hay un médico famoso por haber hecho esto o aquello para mejorar la ciencia. Medicina (nombre de la especialidad)


Desde que lo había conocido, se sintió muy cómoda con él. Al principio no supo como reaccionar. Damián era un típico play boy, o al menos daba imagen de serlo. Un hombre que compraba a cualquier mujer con tres minutos de conversación, pero no, con ella no podría. No después de todas las mentiras que había escuchado en su vida.


Reconocía que estuvo un tiempo a la defensiva, como esperando el ataque que nunca llegó y por fin pudo relajarse y entablar una relación que había dado lugar a una muy buena amistad en los últimos años.


Lo llamaría. Le explicaría el caso y le pediría su consejo como profesional de la medicina.

Ya en numerosas ocasiones Damián había sabido responder a sus inquietudes, y aunque éstas no estuvieran dentro de su rama de trabajo, Damián era de esas personas comprometidas con su profesión. Estaba segura que buscaría información, analizaría casos parecidos, incluso al mismo médico tratante si era necesario. ¿Pesaría el currículum del médico en la recuperación o no de un enfermo? ¿Es que los médicos no pueden quedar ajenos a los resultados, como lo haría un carpintero si la madrea no estuviese eventualmente bien tratada?


Lo pensó. Claro que no. Ella también era responsable, desde su papel de bibliotecaria, del funcionamiento de un sistema. Si ella se equivocaba en el inventariado, o en la ubicación de los libros, cambiaría el destino de mucha gente. De los que buscaban material al menos.




Continuará...

1 comentario:

  1. bueno, con la continuacion de este no demores, me has dejado en supenso... dedicate a ESCRIBIR... ME ENCANTA LEER. Bss

    ResponderEliminar