Hagamos que las cosas sucedan


Acá estoy, llevando a cabo una loca idea que surgió un día cualquiera al despertar (o una noche cualquiera mientras dormía, vaya uno a saber!), como resultado de un tiempo de reflexión, boludismo, tristezas, alegrías, sorpresas, ocio y trabajo.

Express-ARTE llegó para abrirme la cabeza, como una nueva experiencia, una oportunidad de comunicación, distracción, reflexión y alpedismos ;)

Porque tengo la cabeza llena de pajaritos...



miércoles, 27 de octubre de 2010

Corazón

Cosa extraña el corazón de las mujeres. Nos hace sentir que la vida es maravillosa, golpea fuerte cuando el amor nos ronda, y nos devasta cuando se aleja. Empiezo a creer que el corazón de las mujeres no funciona al igual que el de los hombres. Ellas sienten con más intensidad, sufren con más fuerza, aman desesperadamente, y por lo mismo, se entregan incondicionalmente.
No voy a hablar del corazón de los hombres, porque no soy quién para opinar sobre semejante tema, que ni se al día de hoy si cumple las mismas funciones que el nuestro, pero si voy a dedicarme a describir el cómo y el por qué de los sufrimientos y alegrías que sentimos nosotras, las mujeres.

El amor lo es todo para mi, gobierna mi vida, me hace la persona más feliz o la más desdichada criatura del universo. Soy amor, busco el amor y doy amor. No hablo del amor de pareja, porque muchas veces no lo tenemos, pero el amor en sí es la cosa más maravillosa.
Es cierto, a mi me influye mucho, y por lo tanto, he aprendido a sentir amor por la vida. Amo la vida, estar vivo y poder sentir en la caricia del viento la grandeza del mundo. Aún así, basta un pequeño soplo, una diminuta señal, un atisbo, para volver ese maravilloso día en una antesala del infierno. Es que ser tan sensible me lleva a sentir todo demasiado. Uno va por la vida tratando de ver las cosas buenas, de dejar de lado el sufrimiento y festejar lo que tiene, lo que aprecia, lo que busca, pero no puede dejar de ver siempre lo que falta.
¿Por qué? es una pregunta que me ataca a menudo, y a la cual respondo automáticamente con un simple: porque así tenía que ser.
¿Hubiera cambiado algo, de haberme dado cuenta antes? No, no te engañes, eres así, haces las cosas de esta manera y no de aquella, aún sabiendo que podrías hacerlo mejor. ¿Por qué entonces te manejas de forma autodestructiva? ¿No eres una enamorada de la vida?
¡Vamos arriba entonces! No hagas que el mundo te de la espalda, cambia el rumbo de las cosas. Pelea por lo que quieres, pelea contigo misma, porque eres tú el principal escollo a vencer para lograr la felicidad.
Si, es cierto, todo eso uno lo procesa, lo razona, lo analiza…¿lo hacen todos o es que yo soy especial? ¿Soy loca? ¿demasiado sensible? ¿manejo mucho el insight? ¿el insight me maneja a mi?
No lo se, es algo que me sucede desde que tengo memoria, y por ello mismo pasé una etapa en mi vida en la cual no pensaba, o trataba de no pensar en las consecuencias, sino que sentía.
Uno da vueltas y vueltas sobre los mismos temas una y otra vez, se plantea las mismas interrogantes miles de veces, y no siempre llega a tener claro la solución.

El corazón de las mujeres es algo grandioso. Siente por ella, por sus amigos, por su familia, por el mundo todo. No digan que una mujer es fría o insensible, porque no me lo creo. Podemos parecerlo, disimularlo, tratar de serlo; pero siempre nos gana la vida.
Que somos felices cuando encontramos el amor, que somos desdichadas cuando lo perdemos, que sentimos la gloria al procrear, que nos desbasta la pérdida de algún ser querido, etc…todo esto es cierto.
¿Y cuando vemos una película? ¿y cuando aparece un amigo que hace tiempo no veíamos? Las primeras palabras de nuestros hijos, sus tristezas, sus alegrías, todo esto forma parte de nuestros propios sentimientos.

¿Los hombres? Sienten, sufren y gozan también, pero; ¿lo hacen de la misma manera? ¿Por qué se muestran más reacios a demostrar sus sentimientos?
Vivimos en una sociedad machista, dónde se les ha impuesto a los hombres la “tarea” de velar por la familia. Hay que ser bien “macho”, estar preparado para luchar contra la vida… En fin, nos quejamos constantemente de lo que nos hacen o no hacen (supuestamente) los hombres, pero somos nosotras mismas quienes les asignamos ese papel de macho preponderante. ¿Por qué?





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