Alcohol y mujeres, mujeres y alcohol. Hay un momento en la vida de todo hombre que éstas “adicciones” o “vicios” son celebradas por sus pares…
Vicio: “toda aquella práctica o hábito que se considera inmoral, depravado o degradante en una sociedad. Con menos frecuencia, la palabra puede referirse a una enfermedad o tan sólo a un mal hábito”…
Un hombre que tiene varias mujeres es considerado un ganador, un play boy, un auténtico Don Juan. Si además le gusta tomar bebidas fuertes, y las soporta sin problemas es, en síntesis, un genio (a ojos de sus pares).
¿Pero que sucede cuando es una mujer la que disfruta de estos placeres? ¿Cuando elige disfrutar del sexo sin compromisos, del libre albedrío…? ¿Cuando llega a casa y se prepara un trago, disfruta de una copa y un baño de inmersión consultando la agenda para ver a quién llamar, según el estado de ánimo, el clima, las ganas, preferencias, etc.? ¿Cómo se la considera? ¿Una Doña Juana? ¿Una modelo de Play Boy? ¿o directamente una libertina?
Pensemos…¿que tienen de diferente hombres y mujeres? (aparte de lo obvio: inteligencia, sentido práctico, buen gusto…) ¿dónde dice que la mujer no está en situación de disfrutar lo mismo que el hombre? ¿Por qué está mal vista esta situación?...Todo esto pensaba Violeta camino del trabajo. Había tenido un día difícil, en la oficina todo estaba entreverado, un día de locos y sentía un deseo incontrolable de tomar un trago y disfrutar una noche de buen sexo…La lluvia siempre le traía añoranzas, y las hormonas deseo…
Estaba a punto de llegar a casa, pero decidió pasar por el supermercado a buscar un vino. Estacionó el auto y corrió hacia adentro buscando refugio de la lluvia. El local estaba repleto de gente, todo el mundo aprovechaba la vuelta a casa para hacer las compras. Hizo maravillas para recorrer los pasillos atestados de gente, esquivó carritos, parejas, niños, abuelas y demás. Maniobró el carrito como lo si estuviera en plena autopista y al final logró encontrar el sitio de bebidas. Vino, estaba buscando un vino para deleitar el paladar y endulzar los sentidos. Ya se estaba imaginando en un baño de inmersión, con velas prendidas alrededor, música suave, y una copita en mano…mmmmm
Cabernet Sauvignon? Merlot? le gustaban los vinos tintos, fuertes, con cuerpo y alma, aquellos que hacían sentir placer desde el primer trago. Fuertes al principio con un dejo suave al final, lo mismo que los hombres. Le agradaba hacer éste paralelismo. Había tenido toda una “bodega” en su vida, desde que se decidió a disfrutar de algunos placeres. Hombres suaves y dulces, como las cepas rosadas, suaves y tiernos como algunos Blancos, intensos, fuertes, vigorosos y con gran cuerpo como los Tannat o el Cabernet Sauvignon, hasta finos, frescos y de cuerpo muy elegante como los tintos Merlot.
Pensó en esa noche, viernes, el mejor día de la semana. No había que pensar en madrugar al otro día, ni aprontar todo para poder dormir un ratito más. Además, llovía. Llamaría a algún lugar y encargaría sushi, revisaría la agenda y encargaría placer. Sonrió, ¿se estaba volviendo una depravada? No, sólo estaba pensando como una mujer mayor de treinta años, libre, sin compromisos ni culpas; disfrutando de la sociedad contemporánea. Aunque a decir verdad, ya no sabía si disfrutaba o luchaba por lo que le correspondía. En el trabajo tenía que hacer el doble que sus compañeros para ser reconocida. Competía en un mundo de hombres, buscando un lugar para desarrollar su carrera, hacer lo que sabía sin obstáculos ni menosprecios.
Vivían en un tiempo donde se hablaba de igualdad de géneros, oportunidades igualitarias, pero no se practicaba. Estaba mal visto que una hiciese trabajos de hombres, que fuera mejor que un hombre. Las mujeres enfrentan los desafíos con más valentía que los hombres, pero no se confía en ellas tanto como en un hombre. Tienen que ganarse un lugar, demostrar que son confiables, que pueden hacer el trabajo tan bien como un hombre (incluso mejor), pero para ello pasan por tiempos de lucha y competencia.
Todo esto pensaba, eligiendo un vino para esa noche que estaba por comenzar, cuando lo vio. Venía empujando un carrito, casi vacío, llevaba sólo unas papitas y alimentos como para preparar una picada…El saco del traje desprendido, el cuello abierto y la corbata floja. Tenía un rostro delicioso, sofisticado, como una buena etiqueta de un vino que demuestra excelencia y promete buen gusto. El aspecto de saber disfrutar de las buenas charlas, la cultura, la comida y demás.
Se detuvo justo a su lado, inspeccionaba las bebidas, como ella. Desprendía un aroma maravilloso, un perfume con dejo a especias…
Parecía perfecto. Alianza? no, no tenía. Lo observó disimuladamente y pudo observar unas manos fuertes y una espalda ancha. Elegía vinos también. ¡Espléndido! ¿que más podía pedir? ¿Una cita tal vez? Sonrió, y en ese momento el le habló…
No sabía muy bien que le estaba diciendo, ya había perdido el sentido del tiempo y el espacio, pero se obligó a prestar atención y sacar la mirada de ese rostro que le parecía cada vez más hermoso. ¿Cómo? Ah si, yo también creo que los tintos son lo mejor para una noche de lluvia. Violeta, mucho gusto. ¿Fiesta? No, sólo un merecido descanso luego de una ardua semana de trabajo. Adiós.
Allí quedó, viendo un hombre hermoso retirarse por el pasillo con un buen vino en su carrito. Otra puerta que se cerraba…o no. Decidió probar suerte, lo llamó y salió tras él.
Ganadores llamaban a los hombres, ¿y a las mujeres? ¿cómo se llama a las mujeres que disfrutan de los placeres de la vida? ¿Locas? ¿Putas? ¿Irresponsables? Y si, que la llamaran como quisieran, ella ya había elegido…
me encantó!!!
ResponderEliminarLos hombres que amamos, amamos a las mujeres que se aman y esas son mujeres que disfrutan de la vida y simplemente las llamamos sabias y no se preocupan por cómo las llaman los demás. Tinto Merlot.
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