Hagamos que las cosas sucedan


Acá estoy, llevando a cabo una loca idea que surgió un día cualquiera al despertar (o una noche cualquiera mientras dormía, vaya uno a saber!), como resultado de un tiempo de reflexión, boludismo, tristezas, alegrías, sorpresas, ocio y trabajo.

Express-ARTE llegó para abrirme la cabeza, como una nueva experiencia, una oportunidad de comunicación, distracción, reflexión y alpedismos ;)

Porque tengo la cabeza llena de pajaritos...



miércoles, 12 de septiembre de 2012

De mascotas y otras yerbas




Estoy acá, sentada sobre un tronco cortado, un martes al mediodía, y en mi mente suena una estrofa de la canción de Drexler, no se cual, que dice que uno solo tiene lo que no amarra. No tiene relación directa con mi escritura, pero Jorge dice algo así como “estoy sentado a la sombra” o “escuchando una canción que dice”, en fin, no se que tendrá que ver, pero la cosa es que suena y suena en mi mente. Estoy, frente a todo lo aconsejable, a cielo abierto escribiendo en la compues cierto que debería estar adentro, o tal vez haber elegido un medio más rudimentario para escribir (entiéndase como papel y lápiz), pero la tecnología llega, para hacernos la vida mas fácil, así que ¿qué sentido tiene que me aliviane el hecho de corregir o rescribir una frase, si no lo puedo hacer en el lugar/tiempo/momento que quiero? ¿Por qué no han inventado aún algo, que pueda ser llevado al aire libre? ¿O tal vez ya lo inventaron? No se muy bien lo que son las tablets, ni los ipads, pero creo que responden a mi necesidad de llevar mi “lápiz y papel virtual” conmigo a donde sea. Me encantaría por ejemplo, poder sentarme en el pasto, en algún parque, o porque no en la playa, con el termo, el mate y “algo” que sirviera para leer los tantos libros que tengo guardados en la compu, o escribir tantas y tantas cosas que se me ocurren a cada instante, pero que no puedo recordar al llegar a casa y enfrentarme con la computadora, o simplemente no vale la pena. Si ya se inventó, y puede venir conmigo a todas partes, ya mismo me pongo a ahorrar (cosa que no he podido hacer en 33 años de vida) para comprarlo.
Hace muchos días que no escribo, y no por falta de ideas, como le decía a mi padre en una carta recientemente, ya que las ideas viven conmigo y están constantemente al servicio. Aún no oigo voces (cuando esto suceda prometo consultar con un médico), pero puedo imaginarme historias a cada momento y en casi cualquier lugar. También puedo dejar la mente en blanco, entrar en una especie de trance, y no pensar en absolutamente nada. Dicen por ahí que es difícil, les aseguro que no.
Volviendo al principio (si llegaron hasta aquí con su lectura los felicito, ya que reconozco que escribo como pienso, y muchas veces como hablotodo entreverado), estoy sentada al solcito, media sombra en realidad, en lo que ahora es mi casa, escribiendo, tomando mate, y rezongando con Rocco, mi nuevo perro, que se empeña en agarrar todo lo que no debe. Hoy es el día del maestro en Argentina, por lo que no trabajo, y como todos los días, me levanté dispuesta a disfrutar a pleno (no me lo propongo, sino que es una sensación). Tuve un despertar un tanto húmedo, pero a lo cual ya estoy acostumbrada, ya que hace exactamente un mes que convivo con un cachorro hermoso, que gusta de despertarme mordiéndome la oreja o pasándome la lengua por la cara (lo peor fue una vez que me lamió los ojos, fue demasiado, no lo soporté! No se si quería despertarme o simplemente me estaba haciendo un mimo y quería limpiarme las lagañas, pero me dio mucho asco). Por suerte hemos progresado mucho en nuestra convivencia, y cuando digo mucho es mucho, aunque no lo deseado (por que será que las maestras nunca nos conformamos? siempre decimos que puede ser mejor. Un alumno, una nota, un gestogajes del oficio tal vez?). Hace un mes que estamos juntos, y Rocco ha entendido al fin, que no soy su “madre”, si su amiga, compañera, etc. etc., pero no soy una perra, literalmente hablando (en éste momento me reservo el pensamiento que acaba de cruzar por mi cabeza, vaya uno a saber quien lee lo que escribo). Como venia diciendo, comprendió que no tiene por qué masticarme toda para jugar, que podemos jugar con una pelota, palo o lo que sea, sin necesidad de que acabe yo toda perforada, que no me gusta se suba a mi cama, y mucho menos que duerma encima de mi cabeza, más allá de que ahora está demasiado grande y no tengo intenciones de pelear por mi almohada. Estamos en proceso, aún no lo logramos, de entender que ODIO me despierten temprano, sea de la forma que sea! Ni siquiera mis novios/parejas/amores en su momento tenían permitido despertarme temprano. Ni mi madre! (parece que la oigo: “Romina, vamos!” y yo siempre le respondo lo mismo, hace 30 años), por lo que mi perro debe acostumbrarse a mi ritmo de vida, o hacerse entender. Ya no me despierta a las 5 o 6 de la mañana para hacer mimos, ya no se hace “caca” adentro a esas horas, inundándolo todo de un olor insoportable, logrando así despertarme sin hacerlo directamente. Creo que la última vez que lo hizo fue cuando me visitaron mamá y Flor para mi cumpleaños. ¡Cómo sufrió Florencia ésa noche! Se murió de frío en el súper colchón inflable que nos tocó dormir, y tengo mis dudas si logró dormir más de 40 minutos de corrido. Yo no me inmuté, si bien también pasé frío, pero sentía que mi hermana se movía a cada momento, miraba donde estaba el perro, lo retaba, e incluso peleaba con él. Yo solo dormía, y evitaba reírme. Tuvimos un fin de semana espectacular, y creo que fue allí donde Rocco entendió que éramos de especies diferentes.
Quiero hacer una aclaración antes de continuar escribiendo: no estoy quedando loca, siempre lo fui, y si escribo (y hablo) sólo de mi nueva vida, y de mi mascota, es porque no tengo nada más relevante sobre lo cual escribir. He vivido, y sigo haciéndolo, muchas cosas nuevas en éstos 3 meses, pero es tal la excitación, que aún no logro apartar mi mente del hoy, el ahora, como para poder volver a las historias y a los cuentos irreales. Y como todo lo que me rodea es Rocco, y la nueva casa/vida en otro país, sobre ello escribo, de ahí el nombre del texto.
Aclarado el punto me dispongo a seguir escribiendo, luego de tomar un mate, con yerba uruguaya por supuesto, que tan amablemente me trajo mamá en su última visita. Porque seremos “hermanos rioplatenses” como les gusta decir por éstos lados, incluso tendremos casi las mismas raíces, pero hay cosas que no son iguales, aunque le llamen de igual forma.
Ayer, sin ir más lejos, al probar el primer mate, me dije ¡qué rico está! Les ha sucedido que a veces el mate tiene otro sabor? Aunque sea la misma yerba, la misma agua, todo igual al día anterior, todo, pero el sabor del mate es diferente. Por supuesto que el mate compartido es más rico, y no voy a entrar en detalles porque se me revuelve el estómago, pero ahora estoy hablando del mate que últimamente, salvo raras ocasiones, tomo sola.
Mientras tomaba mate, y pensaba en las mil y una explicaciones para hallarlo más rico que el día anterior, se me cruzó por la cabeza pedirle a un amigo, que está por venir a visitarme, que me trajera unos fideos moñitas Adria. En ese momento interrumpió la voz de mi madre (siempre en mi mente, claro) diciéndome que tenía el mueble lleno de paquetes de fideos, para qué quería más, y, además, para que necesitaba que me los trajeran de Uruguay? No hay suficientes fideos en Argentina? Si claro que hay, hay fideos, hay yerba y hasta hay dulce de leche, pero nada, nada se compara a los de allá! Podré extrañar a mi familia, a mis amigos, el agua y mi casa, pero lo que más extraño son los “pequeños placeres” de todos los días. El mate acompañado de un refuerzo (refuerzo si, o sándwich o pan con fiambre, como gusten llamarlo) de pan crujiente y calentito, con el mejor jamón, o cualquier otro fiambre que prefieran, con unas rodajas de tomates frescos, y por supuesto la radio sonando de fondo. Ya se, todo eso, se puede conseguir, pero no es cuestión de bajar los parámetros de preferencias, o recorrer distancias infinitas para conseguir un buen pan. Ahora vivo en otro lugar, peor aún, en un área rural, lejos del centro de la ciudad. Una ciudad que si bien está colmada de panaderías y pequeños almacenes o autoservicios como gustan de llamarlos, no ha sido capaz de igualar, que digo, ni acercarse, a la calidad de los productos uruguayos. No estoy en el fin del mundo ni muchos menos, estoy en una ciudad muy hermosa cierto, pero bastante cara también, a pocos kilómetros de la capital jurídica y a unos poquitos más de la capital nacional (dije bien? porque tengo un lío con eso de las 2 capitales!). Aquí sólo hay un supermercado de esas redes multinacionales o nacionales no se, pero no tiene fiambrería entre otras cosas. Podés comprar un vino finísimo, pero no podes encontrar más que un tipo de queso untable, ese queso que tanto les gusta acá, medio entre ácido y sin sabor, “natural” le dicen, pero que a mi me resulta más parecido a una crema de leche que a un queso, pero tampoco llega a ser ninguna de las dos cosas. Se pueden ver locales de ropa y accesorios importados, muy fino todo, pero no se encuentra un buen jamón, un salamín o un dulce de leche digno de llamarse así. Tal vez sea que mis placeres pasan por otro lado, que prefiero una buena comida a un vestido nuevo, o tal vez sea que no me encuentro en el lugar indicado. Estoy segura que en capital, o más a l sur, o por ahí, deben haber cosas muchísimo mejores que las nuestras incluso (esto último sin ánimo de rebajar los productos uruguayos, que son de los mejores del mundo), pero no acá, no en City Bell, ésta ciudad tan “pituca” como dicen, tan bonita, con sus enormes casas, sus jardines y sus negocios. Ni hablar si se me llega a acabar la yerba, Dios permita! No se cómo haría, pero no creo ser capaz de poder acostumbrarme a ese menjunje de ramas a la que llaman yerba. ¿Eso es yerba? pero si se puede hacer una cabaña con tanto palo! “Es yerba de palo”, me dijo una vez un amigo argentino, “ustedes toman la yerba hecha con la hoja, nosotros con las ramitas, pero no te preocupes que también hay de la otra”. OK, fue un alivio enterarme de esto ultimo, pero no duró mucho, ya que al pisar un súper, lo primero que hice fue ir a ver “las otras yerbas” No encontré ningún paquete que no dijera hecha con palo, de más esta decir que ni siquiera compré aquellas que no lo decían, pero tampoco aclaraban mucho. Ya tuve suficiente el verano pasado cuando me quedé sin yerba en Brasil, e hice el intento de tomar la yerba de palo que había llevado mi amigo. Casi termino con un hueco en el estómago, de sólo pensarlo se me revuelven las tripas.y ni decirles si le echan azúcar! Porque ese es otro dato interesante: la mayoría de la gente acá, toma mate dulce. Se puede ver pasar a los jóvenes con el mate, el termo y el azucarero, como quién lleva la bolsita de los bizcochos Tengo mucho para decir del mate por éstos lados, de la “pava” como llaman a la caldera, de los “bizcochos”, que ojo! no son nuestros bizcochos, y de los mamotretos que sacan a pasear y llaman termopero también tengo mucha hambre y el mate ya se enfrió (otro dato: se me rompió el tapón del termo, y no encuentro uno que lo remplace). Esto de hablar (escribir) sobre los alimentos y demás me abrió el apetito. Aún no ha pasado ninguna desgracia por usar la compu en un espacio abierto, así que seguro volveré a éste mismo lugar más temprano que tarde, para seguir volcando todo lo que tengo en la cabeza, y dejar espacio libre para nuevas historias. Ahora, a comer!    

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