Estoy acá, sentada sobre un tronco cortado, un martes
al mediodía, y en mi mente suena una estrofa de la canción de Drexler, no se
cual, que dice que uno solo tiene lo que no amarra. No tiene relación directa
con mi escritura, pero Jorge dice algo así como “estoy sentado a la sombra…” o “escuchando una canción que
dice…”, en fin, no se que tendrá que
ver, pero la cosa es que suena y suena en mi mente. Estoy, frente a todo lo
aconsejable, a cielo abierto escribiendo en la compu…es cierto que debería estar adentro, o tal vez haber
elegido un medio más rudimentario para escribir (entiéndase como papel y
lápiz), pero la tecnología llega, para hacernos la vida mas fácil, así que ¿qué
sentido tiene que me aliviane el hecho de corregir o rescribir una frase, si no
lo puedo hacer en el lugar/tiempo/momento que quiero? ¿Por qué no han inventado
aún algo, que pueda ser llevado al aire libre? ¿O tal vez ya lo inventaron? No
se muy bien lo que son las tablets, ni los ipads, pero creo que responden a mi
necesidad de llevar mi “lápiz y papel virtual” conmigo a donde sea. Me
encantaría por ejemplo, poder sentarme en el pasto, en algún parque, o porque
no en la playa, con el termo, el mate y “algo” que sirviera para leer los
tantos libros que tengo guardados en la compu, o escribir tantas y tantas cosas
que se me ocurren a cada instante, pero que no puedo recordar al llegar a casa
y enfrentarme con la computadora, o simplemente no vale la pena. Si ya se
inventó, y puede venir conmigo a todas partes, ya mismo me pongo a ahorrar
(cosa que no he podido hacer en 33 años de vida) para comprarlo.
Hace muchos días que no escribo, y no por falta de
ideas, como le decía a mi padre en una carta recientemente, ya que las ideas
viven conmigo y están constantemente al servicio. Aún no oigo voces (cuando
esto suceda prometo consultar con un médico), pero puedo imaginarme historias a
cada momento y en casi cualquier lugar. También puedo dejar la mente en blanco,
entrar en una especie de trance, y no pensar en absolutamente nada. Dicen por
ahí que es difícil, les aseguro que no.
Volviendo al principio (si llegaron hasta aquí con su
lectura los felicito, ya que reconozco que escribo como pienso, y muchas veces
como hablo…todo entreverado), estoy sentada
al solcito, media sombra en realidad, en lo que ahora es mi casa, escribiendo,
tomando mate, y rezongando con Rocco, mi nuevo perro, que se empeña en agarrar
todo lo que no debe. Hoy es el día del maestro en Argentina, por lo que no
trabajo, y como todos los días, me levanté dispuesta a disfrutar a pleno (no me
lo propongo, sino que es una sensación). Tuve un despertar un tanto húmedo,
pero a lo cual ya estoy acostumbrada, ya que hace exactamente un mes que
convivo con un cachorro hermoso, que gusta de despertarme mordiéndome la oreja
o pasándome la lengua por la cara (lo peor fue una vez que me lamió los ojos,
fue demasiado, no lo soporté! No se si quería despertarme o simplemente me
estaba haciendo un mimo y quería limpiarme las lagañas, pero me dio mucho
asco). Por suerte hemos progresado mucho en nuestra convivencia, y cuando digo
mucho es mucho, aunque no lo deseado (por que será que las maestras nunca nos
conformamos? siempre decimos que puede ser mejor. Un alumno, una nota, un gesto…gajes del oficio tal vez?). Hace
un mes que estamos juntos, y Rocco ha entendido al fin, que no soy su “madre”,
si su amiga, compañera, etc. etc., pero no soy una perra, literalmente hablando
(en éste momento me reservo el pensamiento que acaba de cruzar por mi cabeza,
vaya uno a saber quien lee lo que escribo). Como venia diciendo, comprendió que
no tiene por qué masticarme toda para jugar, que podemos jugar con una pelota,
palo o lo que sea, sin necesidad de que acabe yo toda perforada, que no me
gusta se suba a mi cama, y mucho menos que duerma encima de mi cabeza, más allá
de que ahora está demasiado grande y no tengo intenciones de pelear por mi
almohada. Estamos en proceso, aún no lo logramos, de entender que ODIO me
despierten temprano, sea de la forma que sea! Ni siquiera mis novios/parejas/amores
en su momento tenían permitido despertarme temprano. Ni mi madre! (parece que
la oigo: “Romina, vamos!” y yo siempre le respondo lo mismo, hace 30 años…), por lo que mi perro debe
acostumbrarse a mi ritmo de vida, o hacerse entender. Ya no me despierta a las
5 o 6 de la mañana para hacer mimos, ya no se hace “caca” adentro a esas horas,
inundándolo todo de un olor insoportable, logrando así despertarme sin hacerlo
directamente. Creo que la última vez que lo hizo fue cuando me visitaron mamá y
Flor para mi cumpleaños. ¡Cómo sufrió Florencia ésa noche! Se murió de frío en
el súper colchón inflable que nos tocó dormir, y tengo mis dudas si logró
dormir más de 40 minutos de corrido. Yo no me inmuté, si bien también pasé
frío, pero sentía que mi hermana se movía a cada momento, miraba donde estaba
el perro, lo retaba, e incluso peleaba con él. Yo solo dormía, y evitaba
reírme. Tuvimos un fin de semana espectacular, y creo que fue allí donde Rocco
entendió que éramos de especies diferentes.
Quiero hacer una aclaración antes de continuar
escribiendo: no estoy quedando loca, siempre lo fui, y si escribo (y hablo)
sólo de mi nueva vida, y de mi mascota, es porque no tengo nada más relevante
sobre lo cual escribir. He vivido, y sigo haciéndolo, muchas cosas nuevas en
éstos 3 meses, pero es tal la excitación, que aún no logro apartar mi mente del
hoy, el ahora, como para poder volver a las historias y a los cuentos irreales.
Y como todo lo que me rodea es Rocco, y la nueva casa/vida en otro país, sobre
ello escribo, de ahí el nombre del texto.
Aclarado el punto me dispongo a seguir escribiendo,
luego de tomar un mate, con yerba uruguaya por supuesto, que tan amablemente me
trajo mamá en su última visita. Porque seremos “hermanos rioplatenses” como les
gusta decir por éstos lados, incluso tendremos casi las mismas raíces, pero hay
cosas que no son iguales, aunque le llamen de igual forma.
Ayer, sin ir más lejos, al probar el primer mate, me
dije ¡qué rico está! Les ha sucedido que a veces el mate tiene otro sabor?
Aunque sea la misma yerba, la misma agua, todo igual al día anterior, todo,
pero el sabor del mate es diferente. Por supuesto que el mate compartido es más
rico, y no voy a entrar en detalles porque se me revuelve el estómago, pero
ahora estoy hablando del mate que últimamente, salvo raras ocasiones, tomo
sola.
Mientras tomaba mate, y pensaba en las mil y una
explicaciones para hallarlo más rico que el día anterior, se me cruzó por la
cabeza pedirle a un amigo, que está por venir a visitarme, que me trajera unos
fideos moñitas Adria. En ese momento interrumpió la voz de mi madre (siempre en
mi mente, claro) diciéndome que tenía el mueble lleno de paquetes de fideos,
para qué quería más, y, además, para que necesitaba que me los trajeran de
Uruguay? No hay suficientes fideos en Argentina? Si claro que hay, hay fideos,
hay yerba y hasta hay dulce de leche, pero nada, nada se compara a los de allá!
Podré extrañar a mi familia, a mis amigos, el agua y mi casa, pero lo que más
extraño son los “pequeños placeres” de todos los días. El mate acompañado de un
refuerzo (refuerzo si, o sándwich o pan con fiambre, como gusten llamarlo) de
pan crujiente y calentito, con el mejor jamón, o cualquier otro fiambre que
prefieran, con unas rodajas de tomates frescos, y por supuesto la radio sonando
de fondo. Ya se, todo eso, se puede conseguir, pero no es cuestión de bajar los
parámetros de preferencias, o recorrer distancias infinitas para conseguir un
buen pan. Ahora vivo en otro lugar, peor aún, en un área rural, lejos del
centro de la ciudad. Una ciudad que si bien está colmada de panaderías y
pequeños almacenes o autoservicios como gustan de llamarlos, no ha sido capaz
de igualar, que digo, ni acercarse, a la calidad de los productos uruguayos. No
estoy en el fin del mundo ni muchos menos, estoy en una ciudad muy hermosa
cierto, pero bastante cara también, a pocos kilómetros de la capital jurídica y
a unos poquitos más de la capital nacional (dije bien? porque tengo un lío con
eso de las 2 capitales!). Aquí sólo hay un supermercado de esas redes
multinacionales o nacionales no se, pero no tiene fiambrería entre otras cosas.
Podés comprar un vino finísimo, pero no podes encontrar más que un tipo de
queso untable, ese queso que tanto les gusta acá, medio entre ácido y sin
sabor, “natural” le dicen, pero que a mi me resulta más parecido a una crema de
leche que a un queso, pero tampoco llega a ser ninguna de las dos cosas. Se
pueden ver locales de ropa y accesorios importados, muy fino todo, pero no se
encuentra un buen jamón, un salamín o un dulce de leche digno de llamarse así.
Tal vez sea que mis placeres pasan por otro lado, que prefiero una buena comida
a un vestido nuevo, o tal vez sea que no me encuentro en el lugar indicado.
Estoy segura que en capital, o más a l sur, o por ahí, deben haber cosas
muchísimo mejores que las nuestras incluso (esto último sin ánimo de rebajar
los productos uruguayos, que son de los mejores del mundo), pero no acá, no en
City Bell, ésta ciudad tan “pituca” como dicen, tan bonita, con sus enormes
casas, sus jardines y sus negocios. Ni hablar si se me llega a acabar la yerba,
Dios permita! No se cómo haría, pero no creo ser capaz de poder acostumbrarme a
ese menjunje de ramas a la que llaman yerba. ¿Eso es yerba? pero si se puede
hacer una cabaña con tanto palo! “Es yerba de palo”, me dijo una vez un amigo
argentino, “ustedes toman la yerba hecha con la hoja, nosotros con las ramitas,
pero no te preocupes que también hay de la otra”. OK, fue un alivio enterarme
de esto ultimo, pero no duró mucho, ya que al pisar un súper, lo primero que
hice fue ir a ver “las otras yerbas” No encontré ningún paquete que no dijera
hecha con palo, de más esta decir que ni siquiera compré aquellas que no lo
decían, pero tampoco aclaraban mucho. Ya tuve suficiente el verano pasado
cuando me quedé sin yerba en Brasil, e hice el intento de tomar la yerba de
palo que había llevado mi amigo. Casi termino con un hueco en el estómago, de
sólo pensarlo se me revuelven las tripas….y ni decirles si le echan azúcar! Porque ese es otro
dato interesante: la mayoría de la gente acá, toma mate dulce. Se puede ver
pasar a los jóvenes con el mate, el termo y el azucarero, como quién lleva la
bolsita de los bizcochos…
Tengo mucho para decir del mate por éstos lados, de la “pava” como llaman a la
caldera, de los “bizcochos”, que ojo! no son nuestros bizcochos, y de los
mamotretos que sacan a pasear y llaman termo…pero también tengo mucha hambre y el mate ya se enfrió
(otro dato: se me rompió el tapón del termo, y no encuentro uno que lo
remplace). Esto de hablar (escribir) sobre los alimentos y demás me abrió el
apetito. Aún no ha pasado ninguna desgracia por usar la compu en un espacio
abierto, así que seguro volveré a éste mismo lugar más temprano que tarde, para
seguir volcando todo lo que tengo en la cabeza, y dejar espacio libre para
nuevas historias. Ahora, a comer!
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