Hagamos que las cosas sucedan


Acá estoy, llevando a cabo una loca idea que surgió un día cualquiera al despertar (o una noche cualquiera mientras dormía, vaya uno a saber!), como resultado de un tiempo de reflexión, boludismo, tristezas, alegrías, sorpresas, ocio y trabajo.

Express-ARTE llegó para abrirme la cabeza, como una nueva experiencia, una oportunidad de comunicación, distracción, reflexión y alpedismos ;)

Porque tengo la cabeza llena de pajaritos...



martes, 30 de noviembre de 2010

Mercado masculino



Hombres hay.
¿Por qué nos quejamos las mujeres, constantemente, de la falta de hombres? ¿Es que no los vemos?
Te invito a dar una vueltita, no muy lejos, ahí nomás en el barrio, y comprobar que hombres sobran.
Salimos…al abrir la puerta del apartamento, nos encontramos con el vecino de al lado, que espera el ascensor. Ahí tenemos nuestro primer “ejemplo” a analizar: hombre, soltero, treinta y pocos años…¿será que sirve? “Hola” nos saludamos, y subimos al ascensor que nos llevará a la planta baja. Dirijo la mirada hacia el piso, pero la verdad es que estoy afinando mi “ojo crítico” y comenzando el análisis desde abajo: vestimenta? muy linda, con onda, bien combinada. Pelo: magnífico corte de coiffeur, que lo hace parecer casual, pero que nosotras, como mujeres que somos (y pasamos horas frente al espejo) sabemos diferenciar bien el trabajo que le da mantener, 10 puntos más a su favor. Hasta aquí todo bien, el primer hombre que nos cruzamos ya está por verificar nuestra hipótesis: hay hombres. En eso llegamos a la planta baja, sin cruzar palabra obviamente, ya que mi compañero de viaje estuvo de fiesta anoche, hasta altas horas de la madrugada, con música y chicas, cosa que se refleja hoy en su cara y su humor (“si me hubieras invitado tendríamos algo de que charlar”, pienso, “en vez de haber tenido que golpear la pared para que bajaras el volumen”). Nos recibe el portero (ejemplo n° 2) que lo saluda con un: ¿Y Andrés? ¿Terminaste bien anoche o te fuiste a dormir temprano? “Fuá, ni te digo. Nos juntamos con aquella que te conté la otra vez, la del boliche, y trajo a unas amigas…”
Descartado, hueco, boludo!!! Claro que tiene toda la onda, cuida su imagen y sabe encantar a una mujer con su sonrisa…pero es de los que sólo piensan en una cosa: sexo.
Sigo de largo, esperando el saludo que nunca llega del portero, muy entretenido con la noche de diversión de mi vecino. ¿Querés que te cuente como gemía la rubia de pelo largo? ¿o la risa de hueca que tenía la morocha de rulitos?
Ejemplo número dos: el portero. Aparte de ser  un hombre casado, lo que lo saca de nuestro experimento, es un diario. Sabe lo que pasa y lo que pasará en cada uno de los apartamentos del edificio. Se ocupa de sacar la basura, abrir la puerta del garage, chusmear la correspondencia de cada vecino, saber a que hora salió el del 302, con quién durmió anoche la del 503, y hasta los días que la vecina del 004 va al club. Vive de fantasías, haciendo suya la vida de los demás. Usando los datos que posee para tener tema de conversación con su señora, y haciendo buen uso de los lentes que le mandó el oculista, para analizar cada detalle de las mujeres que entran, salen o pasan cerca de su trono. Simplificado: no nos sirve. Pero no nos sintamos mal, sigamos con nuestra búsqueda para demostrar que hay hombres, en todas partes, y alguno de ellos es el indicado.
Llegamos a la esquina, estamos esperando que cambie la luz del semáforo para poder cruzar la calle e ir al supermercado. ¿Monedas? No, no tengo, o mejor dicho, si tengo pero no te las voy a dar.
Éste es otro ejemplo a analizar: hombres que se encuentran en las esquinas, a la salida del supermercado, en la parada del ómnibus, etc. Usan caravanas, gorrito, bermudas y championes con una altura que bien podríamos compararlos con nuestros tacos de sábado a la noche. Oyen cumbias, y piden monedas, esa es su “ocupación”. Se juntan en las esquinas a fumar y acosar a las mujeres jóvenes que pasan por alli. Expectativas: llegar al fin de semana para poder salir a bailar alguna de las canciones que oyen a todo volumen durante todo el día…ejemplo n° 3: ni pensarlo!!!
En el supermercado, la muestra aumenta. Tenemos a los que atienden la carnicería, los que acomodan la mercadería, y a los que están haciendo las compras. Empecemos por éstos últimos, los que fueron allí a buscar algo. Hay varios especímenes para analizar. Tenemos el típico soltero, que lleva en el carro unos panchos, un litro de leche, unas papitas fritas y un litro de cerveza. Pronóstico de cena: algo rápido y una cervecita para acompañar mirando el partido en la televisión.
Tenemos el padre de familia, que anda buscando justamente aquello que le encargó su mujer: no el que tiene el paquete con letras rojas, sino el otro, el verde, que dice “Light”.
Pensándolo bien, no me convence ni lo uno ni lo otro…¿qué pasa? no me sirven solteros, porque disfrutan la vida que llevan y no sienten necesidad de compartirla con nosotras, las mujeres, más allá de la tranquilidad que les da llegar a casa y saber que está la comida pronta y la ropa limpia. No nos sirven los solteros que catalogamos de “tranquilos”, los que se conforman con una cena rápida y una cerveza como compañía, porque nos parece que no tienen aspiraciones, son conformistas o aburridos. “Por algo están sólos” pensamos, y nuestra lengua bífida parece vibrar al ritmo de nuestros pensamientos. No nos sirven los casados, por una obvia razón: tienen una mujer esperando en casa. Por más encantador que nos parezca ese hombre que nos cedió el número en la frutería, tiene dueña.
Mientras espero mi turno en la cola de la caja, mis neuronas experimentan un sacudón, y un pensamiento cruza mi mente como un rayo: debes abandonar tu investigación, volver a casa y darle la razón a todas aquellas mujeres que dicen que no hay hombres, que ya no vale la pena soñar con ese, el indicado, que aparecerá más tarde que temprano.
Me resigno, pago mis compras y me dispongo a salir rumbo a mi casa, cuando oigo alguien que me “jadea” en el oído: “estás sola divina?” ¿querés que te acompañe?...

No amigas, piensen bien antes de volver a decir que “no hay hombres”. Lamentablemente estamos rodeadas. Hay más hombres de los que podríamos abarcar, lo que sucede es justamente eso: son inabarcables!!! La próxima vez que vayas a hacer un “pedido”, hazlo con todos los detalles, así te evitarás decir que “son todos iguales” o que “no hay nada bueno”.
“No encuentro lo que estoy buscando”, sería una expresión más apropiada. ¿Qué hago? ¿Bajo los percentiles? ¿miro al costado y hago oídos sordos? ¿o sigo sola esperando al “príncipe azul”?

Conclusión: Toda la culpa es de Walt Disney.

miércoles, 24 de noviembre de 2010

Tiempo para el placer

En nuestra cultura, disfrutar de la vida es una técnica que hay que aprender. El recreo y la distracción es algo añorado por todos, pero raramente forma parte de nuestra agenda.
Nuestra reacción inmediata ante el término “placer” es la de afirmar: “suena bien, pero no tengo tiempo”, o “mañana voy a estar muy cansado”, o terminamos dejándolo para lo último.
Asociamos el término placer con  las relaciones sexuales, y muchas veces se antepone la idea de las cosas que tenemos por hacer aún, o las responsabilidades con las cuales tenemos que cumplir. ¿Qué pasaría si nos tomáramos un tiempo para el relax y el placer diario? ¿No resultaría mejor nuestra jornada?
¿Cuántos de nosotros recibimos contacto corporal suficiente en nuestra vida diaria? Cuando éramos bebés nos tenían en brazos, nos mecían, nos contenían y nos tocaban todo el tiempo…¿Por qué dejamos de hacerlo al crecer? ¿De verdad creemos que como adultos ya no necesitamos de ese contacto?
Todos nosotros escondemos en nuestro interior un gran deseo de sentirnos queridos y deseados.
De niños, nuestros padres y maestros nos sorprendían absortos en ensoñaciones y nos reprendían: “déjate de fantasías”, “siempre soñando y perdiendo el tiempo”…sin embargo, ¿qué se supone que estábamos perdiendo durante ese tiempo? Tal vez estar ocupado todo el día sea la verdadera pérdida de tiempo. Damos mucha importancia al “hacer” y nos olvidamos de la importancia del “ser”, y en ese frenesí de tener y hacer, ¿realmente nos sentimos completos y felices?
Nuestro modo de pensar nos lleva con frecuencia a creer que debemos elegir entre lo uno y lo otro. No creo que debamos elegir entre una vida de trabajo y otra de placer, sino que el equilibrio enriquece nuestra vida, por lo que es importante que disfrutemos a diario de la sabiduría y el gozo que emanan de nuestro cuerpo.

A veces me imagino cómo sería el mundo si el placer se tomara más en serio. Trabajaríamos felices, sabiendo que al llegar a casa, nos esperan un sinfín de sensaciones placenteras.
Una insaciable curiosidad nos invadiría como cuando éramos niños. ¿Cuándo dejamos de jugar? ¿Por qué no lo volvemos a hacer?
Es ésta una invitación a abrir la cabeza, volver a soñar, explorar, inventar y gozar. Nuestro cuerpo está hecho para dar y recibir placer, somos una máquina perfecta, capaz de gozar de la vida, y muchas veces lo olvidamos.
¿Está mal visto disfrutar de algo que es nuestro derecho? ¿Por qué dejamos que la vida nos lleve a la velocidad del viento y nos olvidamos de lo hermoso que es disfrutar lo que hacemos? El sexo es bueno, y más aún si aprendemos a disfrutarlo.
No tengamos miedo de explorar nuestro cuerpo, ¿cómo sino, sabremos qué es lo que mejor nos hace sentir? ¿cómo podemos elegir entre una cosa y la otra, sin haber probado antes?
Conocernos es el primer paso para disfrutar. ¿El segundo? estar dispuestos a hacerlo.
No basta con saber lo que nos gusta si no nos damos permiso para disfrutarlo.
A veces parecería que necesitamos “permiso” para gozar de la vida. Tal vez estemos esperando que sea el médico quién nos diga: “parece usted agotado; váyase a casa y descanse en los brazos de su amante hasta que se reponga”, o tal vez nuestro jefe: “no estás rindiendo en el trabajo; ¿por qué no te vas a casa, tomas un baño sensual y un masaje y te dedicas a soñar y fantasear despierto?”
El niños que llevamos dentro, nos recordará cómo jugar, una vez que le hallamos dado permiso para hacerlo.

Quiero disfrutar del sexo libremente, ser yo mismo, compartir con mi pareja todo lo que siento y hacerle sentir maravillosamente; a la vez que estoy dispuesto a recibir en igual medida. No me interesa el tiempo de afuera, éste es nuestro momento, y tenemos que aprender a disfrutarlo. Así que, afuera rutina y bienvenido placer…probemos cambiar el mundo!!

jueves, 11 de noviembre de 2010

Alcohol y mujeres

Alcohol y mujeres, mujeres y alcohol. Hay un momento en la vida de todo hombre que éstas “adicciones” o “vicios” son celebradas por sus pares…




Vicio: “toda aquella práctica o hábito que se considera inmoral, depravado o degradante en una sociedad. Con menos frecuencia, la palabra puede referirse a una enfermedad o tan sólo a un mal hábito”…


Un hombre que tiene varias mujeres es considerado un ganador, un play boy, un auténtico Don Juan. Si además le gusta tomar bebidas fuertes, y las soporta sin problemas es, en síntesis, un genio (a ojos de sus pares).


¿Pero que sucede cuando es una mujer la que disfruta de estos placeres? ¿Cuando elige disfrutar del sexo sin compromisos, del libre albedrío…? ¿Cuando llega a casa y se prepara un trago, disfruta de una copa y un baño de inmersión consultando la agenda para ver a quién llamar, según el estado de ánimo, el clima, las ganas, preferencias, etc.? ¿Cómo se la considera? ¿Una Doña Juana? ¿Una modelo de Play Boy? ¿o directamente una libertina?


Pensemos…¿que tienen de diferente hombres y mujeres? (aparte de lo obvio: inteligencia, sentido práctico, buen gusto…) ¿dónde dice que la mujer no está en situación de disfrutar lo mismo que el hombre? ¿Por qué está mal vista esta situación?...Todo esto pensaba Violeta camino del trabajo. Había tenido un día difícil, en la oficina todo estaba entreverado, un día de locos y sentía un deseo incontrolable de tomar un trago y disfrutar una noche de buen sexo…La lluvia siempre le traía añoranzas, y las hormonas deseo…


Estaba a punto de llegar a casa, pero decidió pasar por el supermercado a buscar un vino. Estacionó el auto y corrió hacia adentro buscando refugio de la lluvia. El local estaba repleto de gente, todo el mundo aprovechaba la vuelta a casa para hacer las compras. Hizo maravillas para recorrer los pasillos atestados de gente, esquivó carritos, parejas, niños, abuelas y demás. Maniobró el carrito como lo si estuviera en plena autopista y al final logró encontrar el sitio de bebidas. Vino, estaba buscando un vino para deleitar el paladar y endulzar los sentidos. Ya se estaba imaginando en un baño de inmersión, con velas prendidas alrededor, música suave, y una copita en mano…mmmmm


Cabernet Sauvignon? Merlot? le gustaban los vinos tintos, fuertes, con cuerpo y alma, aquellos que hacían sentir placer desde el primer trago. Fuertes al principio con un dejo suave al final, lo mismo que los hombres. Le agradaba hacer éste paralelismo. Había tenido toda una “bodega” en su vida, desde que se decidió a disfrutar de algunos placeres. Hombres suaves y dulces, como las cepas rosadas, suaves y tiernos como algunos Blancos, intensos, fuertes, vigorosos y con gran cuerpo como los Tannat o el Cabernet Sauvignon, hasta finos, frescos y de cuerpo muy elegante  como los tintos Merlot.


Pensó en esa noche, viernes, el mejor día de la semana. No había que pensar en madrugar al otro día, ni aprontar todo para poder dormir un ratito más. Además, llovía. Llamaría a algún lugar y encargaría sushi, revisaría la agenda y encargaría placer. Sonrió, ¿se estaba volviendo una depravada? No, sólo estaba pensando como una mujer mayor de treinta años, libre, sin compromisos ni culpas; disfrutando de la sociedad contemporánea. Aunque a decir verdad, ya no sabía si disfrutaba o luchaba por lo que le correspondía. En el trabajo tenía que hacer el doble que sus compañeros para ser reconocida. Competía en un mundo de hombres, buscando un lugar para desarrollar su carrera, hacer lo que sabía sin obstáculos ni menosprecios.


Vivían en un tiempo donde se hablaba de igualdad de géneros, oportunidades igualitarias, pero no se practicaba. Estaba mal visto que una hiciese trabajos de hombres, que fuera mejor que un hombre. Las mujeres enfrentan los desafíos con más valentía que los hombres, pero no se confía en ellas tanto como en un hombre. Tienen que ganarse un lugar, demostrar que son confiables, que pueden hacer el trabajo tan bien como un hombre (incluso mejor), pero para ello pasan por tiempos de lucha y competencia.


Todo esto pensaba, eligiendo un vino para esa noche que estaba por comenzar, cuando lo vio. Venía empujando un carrito, casi vacío, llevaba sólo unas papitas y alimentos como para preparar una picada…El saco del traje desprendido, el cuello abierto y la corbata floja. Tenía un rostro delicioso, sofisticado, como una buena etiqueta de un vino que demuestra excelencia y promete buen gusto. El aspecto de saber disfrutar de las buenas charlas, la cultura, la comida y demás.


Se detuvo justo a su lado, inspeccionaba las bebidas, como ella. Desprendía un aroma maravilloso, un perfume con dejo a especias…


Parecía perfecto. Alianza? no, no tenía. Lo observó disimuladamente y pudo observar unas manos fuertes y una espalda ancha. Elegía vinos también. ¡Espléndido! ¿que más podía pedir? ¿Una cita tal vez? Sonrió, y en ese momento el le habló…


No sabía muy bien que le estaba diciendo, ya había perdido el sentido del tiempo y el espacio, pero se obligó a prestar atención y sacar la mirada de ese rostro que le parecía cada vez más hermoso. ¿Cómo? Ah si, yo también creo que los tintos son lo mejor para una noche de lluvia. Violeta, mucho gusto. ¿Fiesta? No, sólo un merecido descanso luego de una ardua semana de trabajo. Adiós.


Allí quedó, viendo un hombre hermoso retirarse por el pasillo con un buen vino en su carrito. Otra puerta que se cerraba…o no. Decidió probar suerte, lo llamó y salió tras él.


Ganadores llamaban a los hombres, ¿y a las mujeres? ¿cómo se llama a las mujeres que disfrutan de los placeres de la vida? ¿Locas? ¿Putas? ¿Irresponsables? Y si, que la llamaran como quisieran, ella ya había elegido…

martes, 9 de noviembre de 2010

Distracción Fatal

Si, había desaparecido. Acababa de borrar lo que tanto le había costado. Un simple error, una simple distracción, y allá había ido a para  todo su esfuerzo, a la basura.
Habían inventado arroz que no se pegaba, papel que no se pasaba, tinta que no manchaba…¿por qué no inventaban un aparato a prueba de tontos? Eso era ella, una tonta. Se sentía mal por haber echado todo a perder. ¿Y ahora que haría? Se fijó en la papelera, en los documentos cambiados recientemente, y en todos los lugares que se le ocurrieron. Le faltaba sólo mirar debajo de la mesa de trabajo por si acaso se dijo, mientras esbozaba una sonrisa triste. ¿Es que acaso pensaste que ser escritora era así, tan fácil? No querida, tienes que estudiar, investigar, ponerte a tono con la vida y darte de cabeza con éstas cosas!!!
¿No has oído hablar tan a menudo de respaldar los documentos y que se yo? Bueno, eso es, no basta con tener una computadora que te haga la escritura más fácil, ésta no piensa por ti, y por supuesto, no puede hacerte zafar de esas constantes metidas de pata. ¿Cómo que cerraste el documento sin guardarlo? ¿Pero, es que no te preguntó si querías guardar los cambios realizados? ¡Qué más quieres! que te diga con letras grandes que no aprietes el botón porque se borra?!!!!
Obviamente, acababa de borrar el documento en el cual había estado trabajando toda la mañana. No era nada súper novedoso, pero si significaba una hora o más de trabajo.
Trabajo se dijo, ¿qué era eso? Escribía porque le gustaba, y era una de las pocas cosas en las que encontraba placer. En comer también se recordó a si misma, pero comer no es tan saludable como ejercitar la mente. Recuerda que ya se viene el verano, y hay que ponerse bikini, depilarse, aparecer en la playa frente a todos, tirarse al agua….en fin, todo lo que hace a la temporada estival en un pequeño pueblo del interior del país.

Por eso elegía escribir. No necesitaba pensar en que ponerse, o cómo peinarse, o si tenía o no algún quilo de más. Escribía para los demás, esos que se entretenían con sus historias y la desafiaban a seguir adelante, a inventarse cada día un nuevo horizonte. Esos que…¿existirían?

Había decidido probar la escritura como una terapia, a raíz de mucho sentir y poco que hacer. Busco en la web, creó un blog y comenzó. Al principio fue extraño, luego excitante, reconfortante y hasta aburrido. ¿Alguien leería lo que ella hacía? ¿Importaba acaso?
No escribes para los demás, sino para sentir el goce que eso te produce, se dijo a si misma.
Si, pero que reconfortante era que las demás personas disfrutaran lo mismo que ella, o al menos una parte. No estaba segura si alguien leía lo que escribía, pero eso no quitaba la rabia que sentía. Acababa de borrar su artículo. ¿Sobre que era? Ah si, meditación. Tranquilidad, cero estrés, concentración…¡y tan concentrada estaba que cuando quiso pasar al papel lo que había sentido, lo echo todo a perder!
Había leído al respecto, mirado algún que otro documental, escuchado y hasta hablado sobre el tema, pero nunca hasta ese día había tenido tiempo de llevarlo a la práctica.
Meditar si, que interesante se dijo. Lástima que luego debió volver a su vida, cocinar, lavar, peinarse, salir a trabajar…y seguía igual que antes, perdida.
Perdido estaba su documento. No hay problema, lo hago de nuevo y listo. Pero, ¿cómo empezaba? jaja…no tenía idea! Eso era lo bueno de escribir. Largaba todo lo que le pasaba por la cabeza en medio segundo, como una ráfaga de viento, y luego no era capaz de repetir lo que había sentido. Porque lo que escribía era lo que sentía.
Cuando lo extrañaba a él, se hallaba más perdida y escribía casi siempre cosas sombrías, tristes. Cuando tenía una nueva aventura, o algo en que ocupar sus pensamientos, escribía cosas ocurrentes y chispeantes. ¡Ni que decir cuando tenía buen sexo! Ay, como le gustaba el sexo…pero eso era material para otro texto. Ahora debía pensar y rehacer nuevamente el que hablaba de meditación.
¿Por donde empezamos? Ya se, para escribir, necesito vivirlo, y como me estoy durmiendo, nada mejor que una buena “meditación” horizontal…después veremos que me soplan al oído los duendes que muy a menudo me visitan en sueños. Algo es seguro, me van a decir que recuerde guardar el documento antes de cerrar el programa…