Hagamos que las cosas sucedan


Acá estoy, llevando a cabo una loca idea que surgió un día cualquiera al despertar (o una noche cualquiera mientras dormía, vaya uno a saber!), como resultado de un tiempo de reflexión, boludismo, tristezas, alegrías, sorpresas, ocio y trabajo.

Express-ARTE llegó para abrirme la cabeza, como una nueva experiencia, una oportunidad de comunicación, distracción, reflexión y alpedismos ;)

Porque tengo la cabeza llena de pajaritos...



sábado, 11 de junio de 2011

Progreso y reversa: Una historia real, en tiempo real. (1a. parte)

Me desperté temprano, feliz, y con ganas de preparar un muy rico desayuno.
Los pájaros cantaban en las ramas del sauce que había en el frente de la casa. La casa si, lo repetí como para creerlo, ahora vives en una casa me dije. Mi vida había dado un giro de 180°. Todo lo que alguna vez había soñado, era mío ahora. Una realidad, no más un sueño.
Desde pequeña había experimentado un gran placer por la lectura y la escritura, pero no había sido hasta hacía poco, que me había hallado de lleno inmersa en ésta actividad. Adoraba escribir. Esta actividad me llevaba lejos y me daba todo lo que no había obtenido en mis anteriores trabajos: satisfacción. Si bien era cierto que siempre había sido difícil de complacer (acaso por tenerlo todo siempre), con el tiempo me había dado cuenta que no era insatisfacción lo que sentía, sino que todo era parte de la búsqueda. La búsqueda de ese que se yo, que me llenara el alma y el espíritu. La búsqueda que había finalizado la mañana aquella en que había prendido la computadora y había comenzado a escribir.
Lo había encontrado. Había encontrado lo que me gustaba. Me gustaba escribir, y me dedicaría a ser escritora (o moriría en el intento). Una cosa fue llevando a la otra, y el destino (o más bien la suerte, que nunca me había ayudado) se apiadó de mi, he hizo que un editor le echara el ojo a uno de mis cuentos y me propusiera publicarlo. Así comenzó la vida que había soñado, pero que ahora era real.
Con todo el placer del mundo me despedí de mi antiguo empleo (los voy a extrañar me dije, a los niños, no al sistema), de mi casa y me dedique a disfrutar de mi tiempo. Me llevó algunos días, como tres creo, elegir el lugar dónde me mudaría. Otros dos días más despedirme de mis amigos, juntar mis cosas e instalarme en mi nuevo hogar. Hacía tiempo que conocía aquel paraje, no se muy bien que define a un paraje, pero de seguro, ésta era la denominación que mejor le quedaba a aquel lugar. No era un pueblo, tampoco un balneario, ni siquiera una villa. Había sido en su momento residencia de los obreros que habían trabajado en un antiguo frigorífico inglés, para quedar luego abandonado y desierto, pasando a ser el balneario de los habitantes de un pueblito cercano (no más de 100 personas). Este sería mi lugar de residencia. Tenía todo lo que me gustaba: agua (un río todo para mi y un arroyo todo para los pescadores), árboles y soledad. Pues si, allí no vivía nadie, salvo 2 o 3 familias que trabajaban en el pueblito y algunas personas que llegaban los fines de semana a pescar o pasear en familia. Tampoco había mucho para hacer allí, sólo un club de pescadores, un quiosquito (que abría sólo durante el verano) y muchos pájaros para escuchar. Las 7 o 10 casitas que conformaban la urbanización aquella, estaban vacías, y sólo se ocupaban cuando hacía calor, en verano, ya que era la única costa cercana para varios vecinos. Pero por ahora, yo estaba sola. Me había mudado a una casa pequeña (no había casas grandes allí) pero confortable. Tenía una gran estufa a leña y ventanales que hacían de mi casa un patio soleado, con techo claro está. Podía ver el agua desde todas las habitaciones de la cas, incluso desde el baño, ya que estaba rodeada por un lado del río y al otro por el arroyo. Es cierto, estaba bastante sola, pero nunca me había molestado aquello, es más, muchas veces lo prefería al barullo de la ciudad.
Había nacido y crecido en una ciudad del interior, la más linda a mi punto de vista, y añoraba todos y cada uno de los momentos pasados en ese lugar; pero volver allí no me haría más felíz. Las cosas habían cambiado, la vida había cambiado, la gente había cambiado. Mis amigos ya no tenían tiempo para mi, estaban todos muy ocupados con sus respectivas hermosas familias, y el papel que me tocaba en todo eso, era el de tía postiza, que llega una vez cada tanto, poniéndose al día de las novedades y disfrutando los hijos de mis amigos, aquellos pseudo sobrinos como si fueran hijos propios. No los culpaba, ellos habían elegido la vida que tenían, y yo había recorrido diferentes caminos hasta llegar aquí. Sola, con mis perros, mis libros, y mis amigos, que eran muchos aunque nos viéramos poco. Podía ir siempre que quisiera a mi ciudad natal, pero me sentía ajena a aquel ritmo de vida. Me había ido muy joven a estudiar a la capital, y había hecho mi vida, o perdido el tiempo, en aquel lugar. Era feliz, o al menos me sentía satisfecha con lo vivido, pero cuando descubrí que escribir me hacía felíz, y se me abrieron las puertas para poder trabajar y vivir de lo que me gustaba, toqué el cielo con las manos.
Así que esta era la historia, así había llegado hasta acá; a este lugar tan hermoso y olvidado a la vuelta del mundo. Lo había conocido por una amiga, que vivía en uno de esos pueblitos antes mencionados, y que lo llamaba el balneario aún a sabiendas de la gracia que me hacía oírla darle tan gran nombre a un lugar tan pequeño.

Decidí dejar de pensar y levantarme de una vez. No es que tuviera horarios, ahora que me dedicaba a la escritura, sino que el estómago me recordaba la promesa de un rico desayuno que le había dicho, con leche caliente y pan con manteca. Si, iría rapidito hasta la panadería (la casa de una de las dos familias que vivían permanente allí, donde había una especie de almacén) donde se podía encontrar pan, siempre y cuando uno fuera temprano en la mañana. ¿Que pasaba con el pan después? Nunca lo supe. No sabía si lo devolvían al pueblo, si lo vendían en el club de pescadores, o si lo hacían pan rallado, pero lo cierto era que si uno iba cerca del mediodía (como era muy común en mi) le decían que ya no quedaba pan. ¿Y quién se lo comió, si acá no viven más que 10 personas? Nunca lo entendí, y más de una vez me enojé mucho, y prometí no comprar más pan en lo de doña Rosita, como se le conocía a aquella casa (supongo que Rosita era la madre de la chica que atendía, cuando se les ocurría abrir, claro está).
Pero eso no sucedería hoy, hoy no, me dije, retándome a acelerar el proceso de dejar las mantas que tan atrapada me tenían. Hoy te levantas, te cepillas los dientes y vas con tu mejor sonrisa a saludar a la hija de Rosita y preguntarle si tiene pan y leche para la venta. Leche fresca, recién ordeñada, nada de las bolsitas con líquido blanco que nos venden en la ciudad y nos hacen creer que es leche, cuando son 60% agua. Esta era leche de verdad, y a mi me encantaba la leche. Mi próximo plan, si es que esto de la escritura resultaba redituable, era conseguir una vaca, y ordeñarla yo misma. La tendría en mi casa, o por ahí, ya vería, no iba a ser tan difícil. Había ordeñado cientos de veces cuando niña, y debía ser como andar en bicicleta, sólo cuestión de práctica. Hasta tenía el nombre y todo: Margarita. Bastante clásico me diría mi hermana, pero ya vendría ella a tomar un rico chocolate de la casa.
Entre tantos planes e ideas, me iba vistiendo, tarareando una canción que me hacía recordar a mi padre y a mi niñez…”mire doña Soledad, póngase un poco a pensar cantaba Zitarroza dentro de mi cabeza, y los pájaros le hacían el coro afuera, en el árbol, bajo los tibios rayos de sol.
Dejaría los cuidados de la piel del rostro para la vuelta, primero lo primero me dije. Debía asegurarme el pan, para comenzar bien el día, ya podría luego dedicar tiempo a la rutina diaria de cuidados y tratamientos. Total, no creo que  la hija de Rosita se de cuenta de si la loca esa que vive sola se hizo la limpieza facial diaria o dejó de ponerse el tónico de hierbas. ¡La hija de Rosita, estaba tan ensimismada en su celular, que no se hubiera dado cuenta siquiera si hubiera ido en pijama y de pantuflas a buscar la leche y el pan! Pero esto no pasaba solamente allí, en los confines del mundo, en un lugar olvidado por el tiempo y el hombre; esto pasaba en todo el mundo. Los jóvenes, y los no tan jóvenes, se habían vuelto dependientes de un aparatito hasta hace poco desconocido. ¡Cómo va a poder uno caminar por ahí y hablar por teléfono al mismo tiempo! recuerdo que pensaba cuando recién oí hablar de los teléfonos celulares. En la casa si, porque uno está bastante más sólo, a pesar de haber ruidos alrededor; ¿pero en la calle? ¿caminar y hablar a la vez? sería como chiflar y comer gofio, diría mi padre. Pero allí estábamos, toda una nueva generación de autómatas dependientes del teléfono, un teléfono que cada  vez cumplía más funciones, menos la que le era propia. Ahora los teléfonos celulares contaban con linterna, radio, juegos, Internet y demás cosas maravillosasservirían aún para comunicarse con la gente a distancia? me pregunté, o tendría que comprarme otro artefacto aparte para poder hablar? ¿Ya vendrían con sacacorchos? ese si que me sería útil!! En fin, La hija de Rosita (debo averiguar su nombre pensé), como tantos adolescentes más, pasaban el día entero conectados a ese apéndice artificial con funciones variadas. No se que hacen todo el día, si dejan toda la energía allí o viceversa, si el teléfono celular les da energía para vivir (como una especie de cargador, que les transmite algún tipo de energía), pero lo que es seguro es que los días y las noches les pasan de largo mientras ellos están de cabeza en esa pantallita. Porque si algo hay de cierto es que los teléfonos vienen cada vez más pequeños (río cada vez que recuerdo el primer celular que tuvimos con mi hermana, regalo de nuestro tío, tan maleable y práctico como un ladrillo), y la inclinación de la cabeza de uno hacía la pantalla es directamente proporcional al tamaño de ésta. ¿Llegará el día en que vayamos por ahí como un hombre prehistórico, arrastrando las piernas, con la espalda encorvada, y en vez de garrote un celular en la mano?
La tecnología ha abierto un gran puente entre gente de diferentes partes del mundo, nos brinda oportunidades maravillosas (como a mi, la posibilidad de trabajar desde un paraíso perdido) pero a la vez nos aísla en un mundo privado, donde no necesitamos levantar nuestros glúteos de donde los tengamos para poder hablar con personas que están a millones de kilómetros de distancia. Ya no necesitamos ir a buscar a Carlitos para salir a jugar a la placita, con sólo conectarnos a Internet, vía computadora o bien utilizando el teléfono (¿ven por qué digo que cada vez cumple con más funciones, menos aquella para la que fue pensado?) podemos tener una charla virtual, y no sólo con Carlitos, sino con varios amigos a la vez, saltando de un tema al otro sin tener que preocuparnos por hablar todos a la vez o por escuchar al otro cuando habla. Ya no salimos a tomar sol, a andar en bicicleta, o a tomar mate por ahí. Cada vez más gente se hace adicta a la computadora, adicta a la tecnología que les permite estar en todas partes y en ninguna a la vez. Les permite decir y sentir cosas que no se atreverían de otra forma. Funciona como una coraza contra la realidad, aquí atrás, al otro lado de la pantalla, podemos ser como queramos, hacer y decir lo que queramos, con la ventaja de ser inmunes. Si algo no nos gusta o nos molesta, basta con apagar el interruptor o desconectarse de Internetfácil no? Supongo que eso es lo que lo hace tan atractivo y para muchos adictivo. La nueva droga del siglo XXI no viene en polvo, no se cultiva en el jardín ni se entra al país de contrabando. Es totalmente legal y se vende en todas las casas de electrodomésticos, o a precios muy baratos la hora, en lugares donde la gente va a drogarse con tecnología, lugares mal llamados Cyber cafés. ¿Dónde está el café? El diálogo, aunque a distancia, lo acepto como válido, pero ¿y el café? ¿a qué se debe ese nombre tan poco apropiado? Es como si a un lavadero de autos lo llamaran burbujas y cereales o a una tienda de videos películas vegetales. ¿Dónde está la relación?
Todo esto pasa hoy día, y uno tiene que aceptarlo o al menos hacer lo mejor por comprenderlo. Es necesario para no quedar fuera de un mundo que gira y gira sin cesar, deshaciéndose de todos los que no están a su altura en cada giro. Relegándolos al olvido, porque, aunque nos suene cruel, el mundo ya no es para aquellos que no entienden. La mayoría de las cosas se pueden hacer on-line (por Internet), la comida ya ni precisa aquello de batir y esperar tantos minutos. Todo viene hecho, nada es imprescindible ni demora más de 10 minutos. ¡Si hasta el boleto del ómnibus se marca con una tarjeta en una máquina! ¿Cómo le voy a explicar a mi abuela, que no puede pagarle al guarda con un billete de $100 porque lo más probable es que el susodicho Sr. guarda, descargue en ella toda la rabia contenida de un trabajo que no lo hace feliz y una familia que sólo tiene reproches que darle? Es magnífico poner una moneda y recoger el diario, o tomar una ducha en cualquier parte de la ciudad por sólo 3 monedas de $2, pero si alguien no entiende cómo funciona, puede quedarse sin leer las noticias del día, o en el peor de los casos, se le puede abrir la puerta de uno de esos magníficos baños portátiles en medio de la ducha, y quedarse con el cuerpo todo enjabonado y desnudo en medio del parque, en pleno día de semana, sólo porque no entendió que tenía 10 minutos para bañarse (¿y por $6 qué más podría uno esperar?).
En otras palabras, o nos ponemos en onda o salimos por la tangente.

                                                           (Continuará...no crean que se acaba acá, ésto recién comienza. Aún no desayuné!)


viernes, 10 de junio de 2011

Te gané!


Que si volvió? Claro que si!!! y eso que yo no se jugar ni a la bolita, ni siquiera sirvo para jugar al roba montón! Pues si, el tipo volvió; solito como se fue, sin que nadie lo llamara, volvió a llamar, literalmente, a mi puerta… No se si llevó 10 días o más, la verdad que no llevé la cuenta, pero fue cuestión de un suspiro (y conste que acá no me quiero hacer la “gran cosa”, nada más lejano de la realidad). Le llevó poco tiempo darse cuenta de que las ex parejas tienen buenas razones para serlo (ex parejas).
En fin, no se cómo fue la cuestión, y en realidad tampoco me interesó demasiado, ya que allí se hallaba de nuevo, a la puerta de mi casa, invitándome a salir.
¿Tu mujer? pregunté, presintiendo cual sería la respuesta. No estaba en la ciudad, por supuesto. ¿Sabe de esto?_ pregunta tonta si cabe la mención. Claro que no (y eso es lo más divertido), pero si, ya se, me vas a jurar que nunca has hecho algo así, que no sabes que te está pasando, bla bla bla… y yo mientras miro el paisaje y pienso “pobre mina…las veces que me lo habrán hecho a mi” jajaja…no deja de ser gracioso estar por una vez del otro lado. O sea, tenemos a un tipo invitándome a salir, diciendo que ha vuelto con su ex pareja, pero que no deja de pensar que ha sido un error (bla, bla, bla…) e invitándome a “charlar un rato”, a tomar algo si cabe la oportunidad… ¿Uds. que hubiesen hecho? En realidad no interesa que hubiesen hecho, sino lo que hice yo: y lo que hice fue aceptar.
Salimos a tomar algo, el tipo habló banalidades y yo le dejé bien claro que no me interesaba verlo más. ¿Amigos? no me interesa (eres aburrido) ¿Amantes? ni loca!!!
Comimos, bebimos, y me sentí por una vez importante. ¿De verdad me estaba diciendo todas esas cosas lindas que a las mujeres nos gusta oír? ¡Si, así era, me estaba llenando de halagos el hombre equivocado! Se trataba de un tipo que no era de mi agrado total, que me había convencido (no se cómo) de que podía ser divertido, y que encima, había desaparecido tan misteriosamente como había llegado. al otro día de besarme, alegando “que había tenido una conversación con una ex pareja que lo dejó confundido”. Si no le gustó el beso, al menos que me lo diga a la cara. Si sólo era curiosidad, también lo acepto. Pero ¿¿¿que no sabe que pasa???? jajaja… ¿Y que nos pasa a nosotras las mujeres? ¿Por qué aceptamos caer una y otra vez en el mismo juego, de hombres con problemas, que en lugar de una relación, lo que buscan es un psicólogo, y gratis? ¿Paseo yo por la calle con un cartel que dice “Psicóloga aficionada”? Puede ser…pero no soy la única, lo he comprobado.
¿Saben que tenemos que hacer nosotras las mujeres? ¡Salir a disfrutar la vida! Tal y como lo hacen ellos (ojo que no hablo por resentimiento, sino por experiencia). He descubierto que uno es mucho más feliz, cuanto más flota en el aire (en éste caso no es literal). Corremos el riesgo de ser engullidos por un ogro grande, que se disfraza de “destino” y nos hace creer que así es la vida, que hay que acostumbrarse, si estamos mucho tiempo con los pies en la tierra. Pero yo no creo que ésta sea una verdad irrefutable. Soy de la opinión que si estar por fuera “de todo” me hace felíz (y sin duda más saludable), estoy en todo mi derecho. ¿Qué hizo erupción un volcán? ¿Qué pasamos a la final del campeonato? ¿Qué se acaba el mundo? Y bueno, si tiene que ser, será. Yo mientras planeo por ahí, con la cabeza llena de pajaritos (como dice mi mamá) que me alegran el día con su canto…

Para locos ya tengo bastante conmigo misma.  
Estuvo muy bueno el vino. Gracias y que estés bien.

martes, 17 de mayo de 2011

Jugamos?


Sola a los 30: ¿elección propia o cuestiones de la vida? Son cosas que toda mujer se plantea llegada una etapa de su vida.. En mi caso, me hallo a gusto; estoy soltera y sin “pareja estable” como se le llama comúnmente en los medios, a pesar de que suene mal, muy mal…¿qué pareja es estable? El ser humano es inestable por naturaleza; tenemos períodos de tranquilidad, paz y amor, y otros de estrés, nervios, mal humor y puro aburrimiento…En fin, estoy bien y me he reconciliado con mi soledad, ya no nos odiamos, es más, nos llevamos mejor que nunca…
Estando yo así, contenta, no pensé nunca enredarme en historias “inconvenientes” (o quebraderos de cabeza” como lo llaman las abuelas), pero parece ser que las historias (porque lo mío siempre merecen llamarse HISTORIAS con mayúsculas) me buscan, me persiguen y a la larga, me encuentran…
Voy a compartir con ustedes ésta historia, no para hacerla pública, sino para dejar testimonio de lo que uno hace a estas alturas de la vida, para quitarle importancia al asunto, y de alguna forma, reencontrarme con esa forma fácil de resolver las cuestiones que tenía cuando era más joven (iba a escribir más chica, pero alguien tuvo la desagradable idea de recordarme que ya no soy chica…estás perdonada igual).
Todo comenzó una noche cualquiera, cuando fui a saludar a una amiga por su cumpleaños. No éramos muchos los que estábamos en la fiesta, ya que yo, para hacerle honor a mi fama bien cultivada, llegué cuando ya todos se iban… Igual, la fiesta continuó, por mi o por la del cumpleaños, un tiempo más. En eso estábamos, entre pizza y cerveza, música y discusiones, cuando me llegó el dato que uno de los allí presentes había preguntado por mi. ¡No me interesa! dije sin dudarlo, sin saber siquiera de quien se trataba (no había muchas opciones en realidad, de los 3 hombres allí presentes uno era el novio de mi amiga, otro gay, y el restante debía ser por tanto el favorecido) pero poniendo el freno de manos antes que el coche avanzara hacia ninguna parte.
Un tanto exagerado de mi parte, cierto? Puede ser, pero la verdad que siempre me han gustados los tipos “lindos”, y a mi modo de ver, éste no estaba dentro de mi categorización; o sea que no me interesaba en lo absoluto. Además, me gustan los hombres con personalidad, no los que hacen sombra a mi lado, sino alguien a quién admirar embelezada…mucho pedir????
Así fue todo: me dieron el dato y dije que no, ¡¡¡ni loca, no quiero nada de nada con nadie!!!, pero la vida tiene esas cosas locas, y el “tipo” (no voy a dar nombres, por lo que lo llamaremos tipo) se ofreció a llevarme hasta mi casa al regreso, me llamó al otro día, y terminamos saliendo a tomar algo y al cine…¿por qué? se preguntarán ustedes, y la respuesta es que no se. No se por que le seguí hablando ni por que acepté hacer algo con el, pero la cosa es que salimos, y volví más convencida que nunca de que no me gustaba. Era muy caballero, muy correcto, muy mayor (me acababa de enterar su edad, y no quiero ser grosera, pero me llevé una sorpresa, y no fue de las agradables), muy todo…todo lo que una dice que quiere de un hombre, pero que cuando aparece siempre suele hacerlo en el hombre equivocado.
“Nunca más dije, no salgo más con él”, pero como dice el refrán, el pez por la boca muere, y me vi otra vez en su compañía, ésta vez para compartir una cena informal, sin película de por medio.
Así se sucedieron las salidas, y de a poco el “tipo” me fue pareciendo más simpático. Tal vez fui yo que bajé la guardia, o tal vez fue el que se mostró mas natural, o tal vez ambas cosas se dieron, y pasamos a compartir varias salidas y tiempos comunes con mate y amigos de por medio. Todo esto se fue dando naturalmente, y no había habido beso de por medio, lo que me confundía un poco, y a la vez me tenía enganchada, como esperando el próximo capítulo de la comedia. ¿Caballerosidad o timidez? ¿Falta de gracia o desinterés? todas éstas cosas me cruzaban por la cabeza, ya que él seguía firme al pie del cañón, invitándome a salir y a hacer diversas actividades, cuando yo me hacía la tonta cada vez que se podía dar alguna situación “romántica”. Sin saber aún que hacer, diciendo a quién quisiera escuchar que el susodicho no me gustaba, que era mayor que yo, que no me había besado aún, “algo debe tener”, le seguí el juego, decidida a probar lo que vendría, si era que venía algo...
¿Qué pasa? es que una está mal acostumbrada a que los hombres son amigos, de los que no se tocan ni se miran, o amantes, de los que se abalanzan encima de una a la primera oportunidad.
¿Y dónde quedó el romance? todo el juego de la conquista, el tira y afloje para conseguir el tan preciado premio…te acordás? Y si, creo que me acuerdo…pero es eso lo que está haciendo?
Al fin llegó el tan esperado beso. No fue gran cosa, algo simple y apurado, pero beso al fin, y me gustó. Si amigos y amigas, me pareció mejor de lo que alguna vez llegué a esperar de él.
Me dio un beso, y se fue. Hablamos, o más bien bromeamos al otro día mediante mensaje de texto (¿ventaja o desventaja de los tiempos modernos?), y todo estaba bien. Yo había decidido probar, y el había seguido el juego…
Pero, y aquí queda claro por que todas mis relaciones merecen llamarse HISTORIAS, las cosas no se sucedieron como están pensando…no lo volví a ver. Así es, hablamos, no recuerdo bien sobre qué, y un día de esos, o al otro día para ser más exactos, me escribió algo que no supe como interpretar, pero que en el momento me pareció banal. Apareció una ex pareja. Esa es su especialidad ¿no? Aparecer cuando el ex novio/a conoce a alguien diferente!!! Para que sino sirven las ex parejas? Bueno, la cosa es así: volvió ella, pidiendo perdón y prometiendo cambiar (esto también forma parte de las características de las ex parejas, por algo son ex).
Enterada del hecho, no dije nada, no me correspondía, sino que le di todo mi aval para que aclarara sus sentimientos. Nadie mejor que yo para saber el peso de una relación inconclusa!)
“Tomate tu tiempo” fue mi respuesta, y parece que es lo que está haciendo, ya que no he tenido noticias suyas en unos días…
He aquí lo fundamental de ésta historia: un hombre (él), una chica (yo) a quién no le interesa una relación, y que termina tan sola como empezó, a pesar de haber cambiado de parecer sobre la premisa inicial. Ahora bien…¿táctica o estrategia? ¿juego o casualidad? Me siento engañada, como si estuviera jugando conmigo al ajedrez, pensando todos y cada uno de los movimientos a realizar a fin de hacer jaque mate. Trabajó, trabajó, luchó con el pez, lo dejó cansar para así poder engancharlo, y le ganó. Estoy enganchada, mordí el anzuelo, y ahora el pescador juega conmigo al otro lado de la línea… Pero no, no es así como juego yo. Prefiero pelear a dejarme cansar…así que éste es el plan (mi táctica): esperaré un máximo de 10 días. No voy a llamar, no voy a escribir, no daré señales de vida, y esperaré a ver que sucede…tal vez no suceda nada, lo que me confirmaría que no es un juego, sino que fue solo una distracción para escapar de una situación que aún no estaba clara, con otra persona. Si sucede algo, dejaré testimonio por éste mismo medio. Las horas comienzan a correr, así que te digo (a vos, el que me dejó esperando la continuación de la historia), ponete las pilas! Haceme llegar algún dato que me aclare el panorama, una paloma mensajera, señales de humo, no se, como se te ocurra, pero dá la cara y decime que decidiste hacer con tu ex pareja, así “me pinto los ojos y salgo”, como dice alguien que conozco, a brindar por una nueva HISTORIA.
Tenés 10 días, el tiempo corre...   ;)

miércoles, 13 de abril de 2011

Cuando pasa el carnaval…

Se me fue todo por la borda, y no pude evitar las lágrimas. No lo tenía planeado, pero en el fondo, tal vez, estaba esperando oírte decirlo. Esperaba esa invitación que nunca llegó, pero que si mandó en su lugar un sin número de excusas y miedos  disfrazados. Se me cayó la ilusión, apareció lo que no estaba buscando, sentí lo que no quería sentir… Y tuve consciencia de ti.
¿Cómo fue? ¿Cómo apareciste? No lo se, cosas del destino y vueltas de la vida, pero fui yo quién te encontró y tú quién te quedaste. Me dejaste quererte y me hiciste volar. Evité todo el tiempo pensar en el mañana, no puedo hacerlo o no quiero. Nunca he podido dejar de analizar todo, y sin embargo ésta vez no lo hice, sino que lo sentí, lo viví, lo aproveché al máximo…
Volviste al tiempo, como a confirmar algo que habíamos sentido pero que no habíamos nombrado, como a alimentar un sentimiento que estaba ahí latente, pero no quería despertar, llegar a ser mayor. Volviste, y lo sentí. Lo añoré, lo disfruté y hasta lo sufrí.
¿Ahora qué? fue la pregunta que quedó flotando en el aire…¿ahora que viene? ¿cómo sigue ésta historia que nunca tuvo una guía y que surgió de la nada?
Ahora…está en suspenso. Sólo quedan dudas, angustia, rabia y desazón. ¿Que sigue? ¿Cómo hacer? Estoy desorientada. Me parece que sentimos demasiadas cosas, muy fuerte, con mucha energía de por medio, y nos asusta. Es como encontrarnos cada uno a la orilla de un mismo río, pero en márgenes opuestas, y tenemos rabia por eso. Rabia por no poder solucionarlo, o por no atrevernos a decidir sobre que hacer…
Así quedé yo, y suelo escribir para exorcizar mis problemas, dudas y sentimientos. Para aclarar la visión, pensar y dejar de hacerlo, todo a la vez. Es una terapia, pero a la vez una razón de ser.
Agradezco a la vida el haberme dado un don, y a ti por haberme hecho volver a despertar…

domingo, 2 de enero de 2011

"Falsas verdades" 4ta entrega


Pensaba, sentía, oía y soñaba. No sabía de que iba su vida, pero ansiaba mucho más de lo que obtenía. Era feliz, eso no se lo discutía, feliz de corazón, feliz de mente, se sentía radiante casi todos los días, amaba la vida, pero se cuestionaba a veces si era porque se había acostumbrado a ser feliz con lo que tenía o realmente, era todo lo que tenía lo necesario para hacerla feliz.
Pensaba, y volvía sobre los mismos pensamientos una y otra vez…no te engañes, no hay mañana.
Era como si una voz se empeñara en recordarle el diagnóstico que le había dado su médico: una enfermedad extraña, ¿a la sangre era?, no lo recordaba bien, había entrado en shock al escuchar las palabras del médico y difícilmente podía repetir lo que le había dicho.
Ahora no importa, se dijo, estoy protegida. Miró a su alrededor, paseando la vista por los cientos y cientos de libros que la rodeaban. Estaba en su trabajo, ola biblioteca, y allí era donde Lucía se encontraba más a gusto, donde buscaba paz, consuelo o distracción; entre las palabras y la fantasía. De eso iba su vida, de fantasías. Había crecido soñando una realidad que no era la suya, viendo cosas que no existían, o peor aún, no viendo lo que sucedía a su alrededor.
Cuando sus padres se separaron, lo tomó bien, tranquila (como le diría a su psicólogo 10 años después), pero la verdad era que la noticia la había tomado totalmente por sorpresa. En casa no se respiraron aires de guerra, no había visto siquiera una discusión entre sus padres (trataba de hacer memoria… algún entredicho tal vez), quizá por ello no hubo una reacción, tal vez nunca se lo creyó del todo, o simplemente, hizo como hacía con todo lo que la lastimaba: lo enterró en lo más profundo de su memoria y se aseguró de echar la llave, para que el recuerdo no pudiera salir a molestarla nunca más.
Soñó mucho de niña, soñaba aún con sus treinta y pico encima, como dice la canción, pero ya era hora de darse cuenta que los sueños, sueños son si no hacemos algo por alcanzarlos…
¿Qué haría ahora? Luchar contra una enfermedad que ni siquiera entendía? ¿o cruzar los brazos y disfrutar de lo que quedara por vivir?
Su postura frente a la vida siempre había sido la de disfrutar, pero a su vez era una luchadora. Escuchó una vez, no recordaba dónde, que las personas que son diferentes, son también las más fuertes, y ella era diferente, era fuerte. Nació y creció con un problema físico, pero que en nada le impidió tener una vida “normal”. Su familia siempre la había apoyado, y quizá por eso, se había creído siempre que podría con lo que fuera. “Usted puede mi amor”, eran las palabras que su madre le repetía siempre que lo necesitaba, y por eso pudo, por eso salió adelante y peleó siempre, y por eso también, era que no se decidía a dejarse tumbar por “una enfermedad de la que no hay mucha información” como le habían dicho.

Los libros la rodeaban, la invitaban a relajarse, a distraerse, pero un ruido a sus espaldas le recordó que debía volver al trabajo. No era mucha la gente que visitaba la biblioteca por aquellas fechas, pero ya se había tomado demasiado tiempo para un almuerzo que ni siquiera probó.

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Al salir del trabajo, se dirigió a la rambla. Amaba el agua, y más que nada amaba aquellas tardes de primavera, sentir la tibieza del sol, la brisa golpeándole en las mejillas, admirar el color del agua, y ver las gaviotas danzando para ella.
Decidió bajar a la playa. Se sacó los zapatos y caminó hacia el agua. Sumergió los pies en esa agua fría y hermosa, y al instante se sintió viva y plena. No pudo evitar un escalofrío que le corrió por el cuerpo cuando la primer ola alcanzó sus pies, pero amaba que le recordaran la belleza de las cosas simples.
Se sentó en la arena, a la vez que alzaba la vista para ver, allí atrás, cerquita, casi al alcance de la mano, el edificio dónde vivía su ex pareja. El apartamento donde había pasado tantos momentos felices…¿Qué es lo que extrañas de Lucas? le había preguntado el psicólogo no hacía mucho, a lo que ella no pudo responder con certeza. Todo,  pensó, extraño todo, y una gaviota le devolvió el sentido del tiempo al lanzarle un graznido de bienvenida.
Abrió su bolso y extrajo una libreta, donde anotaba todo lo que pasaba por su cabeza (eso es lo que hacen los escritores, se supone…y también la gente desmemoriada como yo se dijo). El sol invitaba a una siesta y el agua cantaba junto con el viento una canción para arrullarla, pero Lucía no tenía tiempo. Muchas cosas para pensar y resolver antes del fin de semana.
Había leído algo interesante en la red, y quería comentarlo con Damián y Gloria. Con la segunda, porque era su amiga, y siempre le comentaba todo, y con el primero, porque era el especialista entendido en la materia, y también su amigo.
Comenzó a leer las anotaciones de la noche anterior, síntomas, causas y consecuencias de una enfermedad que hasta hace poco tiempo le era desconocida.
Sonó el teléfono. Vanessa, otra amiga. Claro que iría! Cortó la comunicación y esbozó una sonrisa. Fiesta a la noche con amigas y luego salida. “Preparen la cancha, que entra una gran jugadora” pensó, y en su mente apareció su prima, diciéndole que la iba a tener que atar a la pata de la cama un día de éstos…

Continuará…

Tercera entrega de la historia "falsas verdades" ;)

3
Consultas

“¡Amor! ¿Cómo estás hermosa?”
A Lucía se llenaron los ojos de lágrimas. Necesitaba tanto escuchar aquella voz! Hacía un tiempo que Damián se había mudado a otra ciudad, y Lucía se sentía sola y desamparada, sin nadie para charlar y compartir sus cosas. Él era un gran amigo, y a los buenos amigos costaba tenerlos lejos.
Hermosa, como siempre_ mintió. Se sentía desorientada y no sabía muy bien que estaba pasando. ¿Cuándo venís por acá? Necesito hablarte.
_ ¿Pasó algo Lu? Te noto rara.
_ No, nada de que preocuparse corazón. Tonterías mías como siempre. Fui al médico, por un examen de rutina y me encontré con una sorpresa…
_ ¿Estás embarazada? ¿Qué pasó? ¡Decime que pasó!
_ Nada Damián, prefiero hablarlo en persona cuando vengas; y no, no estoy embarazada, no te preocupes. No pudo evitar una carcajada.
Le encantaría poder decirle que si, gritar a los cuatro vientos que estaba esperando un bebé, pero por ahora no era posible. Primero porque no tenía pareja, aunque eso no representaba un impedimento en absoluto, y segundo porque no sabía muy bien que era eso de una enfermedad que le estaba atacando los vasos sanguíneos, según le dijo el médico, y podía llegar a complicarse con algunos órganos.
Había pensado muchas veces en ser madre soltera, sabía que podría, y que sería una gran mamá, tal como lo era la suya propia, pero no le parecía justo que por un simple capricho suyo, el niño tuviera una familia sin ambos padres. Bueno, en realidad, la mayoría de las veces termina siendo así ¿no?, se respondía a menudo. Y así continuaba, sola y sin hijos hasta el momento. Pero con muchos amigos, y Damián era uno de los mejores. Tal vez por su papel de médico, era que le tenía tanta paciencia y la escuchaba cuando muchos otros le hubieran dado la espalda. No sabía aún cuando dejaba de ser su amigo para pasar a ser su médico de cabecera, pero estaba agradecida igual.
Mientras esperaba con ansias el fin de semana, cuando Damián le dijo que vendría, se puso a investigar en la red sobre el diagnóstico que le había dado el médico: “señorita Avezza, usted padece Lupus eritematoso sistémico, lo que comúnmente se conoce como la enfermedad de Lupus. El sistema inmunitario está diseñado para combatir las substancias ajenas o extrañas al cuerpo. En las personas con lupus, el sistema inmunitario se afecta y ataca a las células y tejidos sanos. Esto puede causar daño a varias partes del cuerpo como las articulaciones, la piel, los riñones, el corazón, los pulmones, los vasos sanguíneos y el cerebro entre otros”.

Continuará…