Hagamos que las cosas sucedan


Acá estoy, llevando a cabo una loca idea que surgió un día cualquiera al despertar (o una noche cualquiera mientras dormía, vaya uno a saber!), como resultado de un tiempo de reflexión, boludismo, tristezas, alegrías, sorpresas, ocio y trabajo.

Express-ARTE llegó para abrirme la cabeza, como una nueva experiencia, una oportunidad de comunicación, distracción, reflexión y alpedismos ;)

Porque tengo la cabeza llena de pajaritos...



miércoles, 13 de abril de 2011

Cuando pasa el carnaval…

Se me fue todo por la borda, y no pude evitar las lágrimas. No lo tenía planeado, pero en el fondo, tal vez, estaba esperando oírte decirlo. Esperaba esa invitación que nunca llegó, pero que si mandó en su lugar un sin número de excusas y miedos  disfrazados. Se me cayó la ilusión, apareció lo que no estaba buscando, sentí lo que no quería sentir… Y tuve consciencia de ti.
¿Cómo fue? ¿Cómo apareciste? No lo se, cosas del destino y vueltas de la vida, pero fui yo quién te encontró y tú quién te quedaste. Me dejaste quererte y me hiciste volar. Evité todo el tiempo pensar en el mañana, no puedo hacerlo o no quiero. Nunca he podido dejar de analizar todo, y sin embargo ésta vez no lo hice, sino que lo sentí, lo viví, lo aproveché al máximo…
Volviste al tiempo, como a confirmar algo que habíamos sentido pero que no habíamos nombrado, como a alimentar un sentimiento que estaba ahí latente, pero no quería despertar, llegar a ser mayor. Volviste, y lo sentí. Lo añoré, lo disfruté y hasta lo sufrí.
¿Ahora qué? fue la pregunta que quedó flotando en el aire…¿ahora que viene? ¿cómo sigue ésta historia que nunca tuvo una guía y que surgió de la nada?
Ahora…está en suspenso. Sólo quedan dudas, angustia, rabia y desazón. ¿Que sigue? ¿Cómo hacer? Estoy desorientada. Me parece que sentimos demasiadas cosas, muy fuerte, con mucha energía de por medio, y nos asusta. Es como encontrarnos cada uno a la orilla de un mismo río, pero en márgenes opuestas, y tenemos rabia por eso. Rabia por no poder solucionarlo, o por no atrevernos a decidir sobre que hacer…
Así quedé yo, y suelo escribir para exorcizar mis problemas, dudas y sentimientos. Para aclarar la visión, pensar y dejar de hacerlo, todo a la vez. Es una terapia, pero a la vez una razón de ser.
Agradezco a la vida el haberme dado un don, y a ti por haberme hecho volver a despertar…

domingo, 2 de enero de 2011

"Falsas verdades" 4ta entrega


Pensaba, sentía, oía y soñaba. No sabía de que iba su vida, pero ansiaba mucho más de lo que obtenía. Era feliz, eso no se lo discutía, feliz de corazón, feliz de mente, se sentía radiante casi todos los días, amaba la vida, pero se cuestionaba a veces si era porque se había acostumbrado a ser feliz con lo que tenía o realmente, era todo lo que tenía lo necesario para hacerla feliz.
Pensaba, y volvía sobre los mismos pensamientos una y otra vez…no te engañes, no hay mañana.
Era como si una voz se empeñara en recordarle el diagnóstico que le había dado su médico: una enfermedad extraña, ¿a la sangre era?, no lo recordaba bien, había entrado en shock al escuchar las palabras del médico y difícilmente podía repetir lo que le había dicho.
Ahora no importa, se dijo, estoy protegida. Miró a su alrededor, paseando la vista por los cientos y cientos de libros que la rodeaban. Estaba en su trabajo, ola biblioteca, y allí era donde Lucía se encontraba más a gusto, donde buscaba paz, consuelo o distracción; entre las palabras y la fantasía. De eso iba su vida, de fantasías. Había crecido soñando una realidad que no era la suya, viendo cosas que no existían, o peor aún, no viendo lo que sucedía a su alrededor.
Cuando sus padres se separaron, lo tomó bien, tranquila (como le diría a su psicólogo 10 años después), pero la verdad era que la noticia la había tomado totalmente por sorpresa. En casa no se respiraron aires de guerra, no había visto siquiera una discusión entre sus padres (trataba de hacer memoria… algún entredicho tal vez), quizá por ello no hubo una reacción, tal vez nunca se lo creyó del todo, o simplemente, hizo como hacía con todo lo que la lastimaba: lo enterró en lo más profundo de su memoria y se aseguró de echar la llave, para que el recuerdo no pudiera salir a molestarla nunca más.
Soñó mucho de niña, soñaba aún con sus treinta y pico encima, como dice la canción, pero ya era hora de darse cuenta que los sueños, sueños son si no hacemos algo por alcanzarlos…
¿Qué haría ahora? Luchar contra una enfermedad que ni siquiera entendía? ¿o cruzar los brazos y disfrutar de lo que quedara por vivir?
Su postura frente a la vida siempre había sido la de disfrutar, pero a su vez era una luchadora. Escuchó una vez, no recordaba dónde, que las personas que son diferentes, son también las más fuertes, y ella era diferente, era fuerte. Nació y creció con un problema físico, pero que en nada le impidió tener una vida “normal”. Su familia siempre la había apoyado, y quizá por eso, se había creído siempre que podría con lo que fuera. “Usted puede mi amor”, eran las palabras que su madre le repetía siempre que lo necesitaba, y por eso pudo, por eso salió adelante y peleó siempre, y por eso también, era que no se decidía a dejarse tumbar por “una enfermedad de la que no hay mucha información” como le habían dicho.

Los libros la rodeaban, la invitaban a relajarse, a distraerse, pero un ruido a sus espaldas le recordó que debía volver al trabajo. No era mucha la gente que visitaba la biblioteca por aquellas fechas, pero ya se había tomado demasiado tiempo para un almuerzo que ni siquiera probó.

……………………………………….


Al salir del trabajo, se dirigió a la rambla. Amaba el agua, y más que nada amaba aquellas tardes de primavera, sentir la tibieza del sol, la brisa golpeándole en las mejillas, admirar el color del agua, y ver las gaviotas danzando para ella.
Decidió bajar a la playa. Se sacó los zapatos y caminó hacia el agua. Sumergió los pies en esa agua fría y hermosa, y al instante se sintió viva y plena. No pudo evitar un escalofrío que le corrió por el cuerpo cuando la primer ola alcanzó sus pies, pero amaba que le recordaran la belleza de las cosas simples.
Se sentó en la arena, a la vez que alzaba la vista para ver, allí atrás, cerquita, casi al alcance de la mano, el edificio dónde vivía su ex pareja. El apartamento donde había pasado tantos momentos felices…¿Qué es lo que extrañas de Lucas? le había preguntado el psicólogo no hacía mucho, a lo que ella no pudo responder con certeza. Todo,  pensó, extraño todo, y una gaviota le devolvió el sentido del tiempo al lanzarle un graznido de bienvenida.
Abrió su bolso y extrajo una libreta, donde anotaba todo lo que pasaba por su cabeza (eso es lo que hacen los escritores, se supone…y también la gente desmemoriada como yo se dijo). El sol invitaba a una siesta y el agua cantaba junto con el viento una canción para arrullarla, pero Lucía no tenía tiempo. Muchas cosas para pensar y resolver antes del fin de semana.
Había leído algo interesante en la red, y quería comentarlo con Damián y Gloria. Con la segunda, porque era su amiga, y siempre le comentaba todo, y con el primero, porque era el especialista entendido en la materia, y también su amigo.
Comenzó a leer las anotaciones de la noche anterior, síntomas, causas y consecuencias de una enfermedad que hasta hace poco tiempo le era desconocida.
Sonó el teléfono. Vanessa, otra amiga. Claro que iría! Cortó la comunicación y esbozó una sonrisa. Fiesta a la noche con amigas y luego salida. “Preparen la cancha, que entra una gran jugadora” pensó, y en su mente apareció su prima, diciéndole que la iba a tener que atar a la pata de la cama un día de éstos…

Continuará…

Tercera entrega de la historia "falsas verdades" ;)

3
Consultas

“¡Amor! ¿Cómo estás hermosa?”
A Lucía se llenaron los ojos de lágrimas. Necesitaba tanto escuchar aquella voz! Hacía un tiempo que Damián se había mudado a otra ciudad, y Lucía se sentía sola y desamparada, sin nadie para charlar y compartir sus cosas. Él era un gran amigo, y a los buenos amigos costaba tenerlos lejos.
Hermosa, como siempre_ mintió. Se sentía desorientada y no sabía muy bien que estaba pasando. ¿Cuándo venís por acá? Necesito hablarte.
_ ¿Pasó algo Lu? Te noto rara.
_ No, nada de que preocuparse corazón. Tonterías mías como siempre. Fui al médico, por un examen de rutina y me encontré con una sorpresa…
_ ¿Estás embarazada? ¿Qué pasó? ¡Decime que pasó!
_ Nada Damián, prefiero hablarlo en persona cuando vengas; y no, no estoy embarazada, no te preocupes. No pudo evitar una carcajada.
Le encantaría poder decirle que si, gritar a los cuatro vientos que estaba esperando un bebé, pero por ahora no era posible. Primero porque no tenía pareja, aunque eso no representaba un impedimento en absoluto, y segundo porque no sabía muy bien que era eso de una enfermedad que le estaba atacando los vasos sanguíneos, según le dijo el médico, y podía llegar a complicarse con algunos órganos.
Había pensado muchas veces en ser madre soltera, sabía que podría, y que sería una gran mamá, tal como lo era la suya propia, pero no le parecía justo que por un simple capricho suyo, el niño tuviera una familia sin ambos padres. Bueno, en realidad, la mayoría de las veces termina siendo así ¿no?, se respondía a menudo. Y así continuaba, sola y sin hijos hasta el momento. Pero con muchos amigos, y Damián era uno de los mejores. Tal vez por su papel de médico, era que le tenía tanta paciencia y la escuchaba cuando muchos otros le hubieran dado la espalda. No sabía aún cuando dejaba de ser su amigo para pasar a ser su médico de cabecera, pero estaba agradecida igual.
Mientras esperaba con ansias el fin de semana, cuando Damián le dijo que vendría, se puso a investigar en la red sobre el diagnóstico que le había dado el médico: “señorita Avezza, usted padece Lupus eritematoso sistémico, lo que comúnmente se conoce como la enfermedad de Lupus. El sistema inmunitario está diseñado para combatir las substancias ajenas o extrañas al cuerpo. En las personas con lupus, el sistema inmunitario se afecta y ataca a las células y tejidos sanos. Esto puede causar daño a varias partes del cuerpo como las articulaciones, la piel, los riñones, el corazón, los pulmones, los vasos sanguíneos y el cerebro entre otros”.

Continuará…

jueves, 30 de diciembre de 2010

Estrés vacacional



Necesitaba escribir. Para desestresarme, para respirar, desahogarme y volver a encontrarme. Hace días que estaba buscando el momento oportuno para hacerlo, ansiaba sumergirme en el mundo de las palabras y la fantasía, olvidarme de todo a mi alrededor y volar… Estoy como fuera de contexto, en un tiempo y un espacio en el que no logro posicionarme.

¿Que me pasa? Pues nada…estoy de vacaciones.
Los días más hermosos del año llegaron a mí. No debo cumplir horarios en el trabajo, ni tomar ómnibus que llevan más gente de la necesaria, ni dar explicaciones por llegar tarde, ni acostarme a horas prudenciales.
En fin, estoy totalmente feliz de no tener que hacer nada, excepto…excepto tal vez levantarme a tomar mate e ir a la playa. ¿Pero que pasa entonces que no me siento como si estuviera de vacaciones? No estoy descansando, siento que no he podido hacer nada de todo lo que tenía planeado para mis días libres, me siento presionada, ahogada. Quería hacer ejercicio, salir a caminar por la rambla, respirar aire fresco, dormir mucho, ir a la playa, leer todo lo que no pude leer durante el año…un sinfín de actividades que me divierten y me agradan, pero que no han encontrado un lugar en mi diario de vacaciones.
Pasaré a explicarles la situación a fin de que puedan comprender mi “estrés vacacional” como le he dado a llamar.
Se acercaban las fiestas y ya se respiraba en el ambiente ese olorcito a vacaciones. Esos días en los que la alegría parece invadir todos los rincones y a todos alrededor. Estábamos felices, aunque la cola para pagar en el supermercado fuera el doble de lo normal, aunque la malla del verano pasado nos quedara chica, aunque hubiera que depilarse cada 10 días…no importa, estamos felices porque se acercan las fiestas, y con ellas el rencuentro con la familia y amigos a los cuales les perdemos el rastro durante el agitado año laboral. Llegan las fiestas y tenemos permiso para abusar de los festejos, de la comida y de la bebida. Bailar como si el mundo se terminara mañana, aunque lo único que se termina o quizá por eso, es el año.
Bien, festejamos, brindamos y nos despedimos de los compañeros del gimnasio, de los compañeros de clase, de los compañeros del trabajo y hasta de los vecinos. Cualquier grupo de afinidad es bueno para realizar una despedida, todos se merecen una buena despedida de año, todos somos amigos cuando llega diciembre…
Y así vamos, de despedida en despedida, durmiendo poco, comiendo mucho, amigo invisible por acá, compañero de escritorio por allá. “Que descanses en vacaciones” “Me voy a acordar de ustedes cuando este en la playa” etc., etc. Todos brindamos, bailamos y cantamos como grandes camaradas, aunque haga apenas unas semanas, nos sacábamos los ojos por cosas sin importancia (el cansancio nos hace reaccionar de manera graciosa, no creen?).

Viajamos para encontrarnos con nuestra familia, o nos juntamos todos en algún punto neutro para festejar, luego de haber sobrevivido al estrés que representa la compra de obsequios navideños: ¿mamá quería una malla de baño, no? ¿o era mi hermana mayor? ¿qué le regalo al tío? ¿otra botella de whisky? ya debe tener una reserva en la despensa, pensemos en otra cosa. Hay descuentos en el Shopping…lo que no hay es lugar ni para respirar. La gente espera siempre a último momento para salir a hacer las compras, y yo soy parte de esas personas.
Pero volvamos a la reunión familiar…todos juntos en casa de los abuelos, hermanos, cuñados, novios, hijos y primos (más las mascotas que cada uno trajo, porque no se podían quedar solos en casa, claro está). Lo hermoso de ver la mesa repleta de gente se transforma en horror a la hora de tener que lavar los platos sucios. ¡Suerte que hay bastante gente para repartir la tarea!

Así va llegando Navidad y los consabidos festejos, saludos y rencuentros. Nos embarga una sensación de libertad y bienestar que compite con el empacho y la acidez de estómago que venimos ignorando desde hace algunos días ya (desde la segunda despedida más o menos!)
Llega también el nuevo año, y lo recibimos colmados de esperanzas y nuevos planes, que muy difícilmente lleguen más allá de marzo…al menos yo, paso todo el verano planificando lo qué haré éste año, que de seguro va a ser maravilloso, para olvidarme luego de la mayoría de los objetivos que me había planteado a la hora de levantar la copa y brindar…es que la vida no se puede planificar, eso lo he aprendido de a poco y siempre hay algo que me lo reafirma, nada es seguro.

Volviendo al tema, hace ya cerca de 15 días que estoy de vacaciones, sin nada para hacer y muchos planes para cumplir, pero me siento un poco nerviosa. Como si los días de vacaciones se pasaran realmente rápido y no fuera capaz de materializar lo que tenía en mente.
Cambiar de ambiente me deja los primeros días desencajada. Volver a encontrar un lugar en la casa familiar, en las rutinas que tienen los demás cuesta lo suyo. Uno necesita las rutinas para sentirse seguro, sabe lo que vendrá después, cosa que no sucede cuando estamos de vacaciones…cualquier cosa puede pasar. Nos levantamos a la hora que nos despertemos, vamos a la playa, almorzamos lo que encontremos en el refrigerador…en fin, simplemente hermoso!
Me siento mal porque no estoy en mi casa, con mis cosas, entre mis cuatro paredes. Incluso la “abstinencia vacacional” (nada de sexo oportuno, eso no es lo mío) me está afectando…por eso tomé la computadora y buscando un tiempo para mi misma, un tiempo de reflexión y rencuentro, de rutina conocida, busqué un lugar alejado y comencé a escribir…
Ahora me siento mucho mejor, ya volví a sentir tranquilidad. Me llevó unos días pero me dí cuenta que las vacaciones son todas para mi, me las he ganado, y puedo hacer con ellas lo que desee.
Si quiero ir a la playa, iré; lo mismo si me quiero quedar acostada leyendo o viendo una película, o simplemente, no haciendo nada. Nadie notará mi ausencia en las blancas arenas, y nadie puede descontarme el día por no salir de casa…
Entonces, ¿que me pasa? Pues nada…¡¡estoy de vacaciones!!


jueves, 2 de diciembre de 2010

El mejor aliado

Un baño: la solución a todos sus problemas.
¿Cuántas veces nos sentimos abrumados por cosas que nos parecen no tener solución? ¿Cuántas veces en el día, miramos al cielo y pedimos clemencia, paz, paciencia o piedad? ¡¡Ya no más!! Tenemos la solución al alcance de nuestras manos…nada como un buen baño para cambiar el curso de las cosas!!!
A lo largo de la historia, el ritual del baño significó mucho más que unos pocos minutos dedicados al aseo personal. Para las civilizaciones antiguas de Egipto, Grecia y Roma, el baño adquiría connotaciones religiosas, que se entrelazaban con el placer, la ostentación de la riqueza y la medicina.
Los baños egipcios, por ejemplo, se hacían con agua y aceites o ungüentos perfumados, que solo los sacerdotes sabían preparar. Se creía que las recetas y los ingredientes eran saberes transmitidos por el dios Thot, al igual que la química y la escritura. Estos aceites sagrados humectaban y protegían la piel sometida a la sequedad y el calor de un clima riguroso. Las clases sociales más adineradas tenían esclavos dedicados exclusivamente a bañar a sus señores. 
En Grecia el baño también confería prestigio. Todo banquete griego que se preciara de ser lujoso, incluía una sesión de baño para los invitados. Los más ricos tenían en sus casas recipientes cincelados, llenos de agua para bañarse. Además, en todos los cruces de caminos había una pila de mármol con agua para que los más humildes también pudieran bañarse.
  
Hoy día no contamos con esclavos dedicados a bañarnos, pero el baño, o muchas veces la ducha, sigue sirviendo para higienizarse, disfrutar de un momento íntimo (o compartido), olvidar problemas, aclarar la mente, desestresarse, etc. Hay quienes prefieren hacerlo a la mañana, quienes se inclinan por bañarse a la noche y hasta los que lo hacen varias veces al día.
Cuando niños disfrutamos del baño, es un espacio de goce y juego, compartido con los adultos y hasta con hermanos muchas veces. Luego pasamos por una etapa en la cual lo rechazamos, por cuestiones propias de la psiquis humana, y tenemos a nuestros padres todo el tiempo recordándonos la importancia y la necesidad del baño diario, cosa que no compartimos en ese momento. ¿Para qué me voy a bañar de nuevo, si ya me bañé ayer?!
Ahora bien, como adulta que soy, he hallado en la ducha mi aliada perfecta a la hora de resolver “problemas”. Muchas veces me siento abrumada, confundida, y no encuentro mejor solución que desvestirme (aún no lo hago vestida) y meterme bajo un potente chorro de agua en la ducha. ¿Que recién es martes? ¿Qué estás cansado de tu trabajo? ¿Qué no te fumas a la tarada del escritorio de enfrente? ¿Te olvidaste de pagar la cuenta de teléfono y te lo cortaron? ¡¡¡Tranquila/o!!!! El mundo es mucho más complicado que eso…date un baño y olvídate!!

Lo mejor del baño es sentir el agua correr por la cara, seguir su camino por la espalda, deslizándose por lugares y recovecos que permanecen dormidos, refrescándonos y despertando esa sensación de placer indescriptible, que nos abre la mente y nos hace ver las cosas de otra manera. O tal vez será que dejamos de pensar en esas cosas que nos tenían preocupados hasta hace dos minutos, y comenzamos a sentir. La solución, si es que la hay, llega a nosotros como un rayo de luz, mientra estábamos concentrados en el lavado de nuestro cabello, o cuando nos agachamos porque se nos ha caído el jabón (¿a quién no le pasó?)
Dejar de pensar, poner la mente en blanco, concentrarnos en esa canción que tanto nos gusta, que tan bien nos hace sentir, y cantarla “bajo la lluvia”…terapia recomendada.
¿Quién no cantó bajo la lluvia alguna vez? A subir el volumen y cantar con fuerza que éste es nuestro lugar!!!
“Si, pero los problemas no se van, y las soluciones no aparecen”, me dirán ustedes. “Ya llevo 40 litros de agua gastados y ningún “rayo de luz” ha llegado hasta mi”. ¡Parezco una pasa de uva, estoy toda arrugada y sigo donde empecé! ¿Ya probaste con la canción? OK, a no desesperar, tengo otro consejo: ¿habéis probado con unas horas de relax en un jacuzzi?
Los chorros de agua masajeando todo nuestro cuerpo, los pies en alto o flotando en el agua, las burbujas cosquilleando en nuestra barbilla…sensación placentera por demás.
¿Le agregamos un plus? Una copita de (a elección), buena música y compañía (esto último, pensarlo bien). ¿No tenéis jacuzzi? Don´t worry, tengo todo pensado…Hay lugares, comunes a la “cultura del amor” conocidos como moteles, hoteles, o lugares de alta rotatividad, donde se puede conseguir una habitación con jacuzzi (tamaño pileta), música funcional, minibar, cama king size, etc, etc…

Ni hablar cuando hemos tenido una noche “guerrera”, o cuando llegamos destruidos como resultado de una salida que se prolonga más de lo esperado, con los pies pidiendo socorro, la mente nublada y todo el cuerpo entumecido de tanto bailar…el agua se convierte en nuestra mejor aliada. ¡Nunca me había dado un baño tan delicioso! ¿dije lo mismo la última vez? Bueno, me equivoqué, ésta vez si que es delicioso, de lo mejor!

Así que la próxima vez que digas “no doy más”, que llegues a casa gateando, con el espíritu siguiéndote de lejos y los problemas de cerca, acordate de mi…sacate todo, abrí la ducha al máximo, poné tu canción favorita y dejate seducir por el placer de un baño sin preocupaciones.
O mejor aún…comprate un jacuzzi (e invitame!!!).



martes, 30 de noviembre de 2010

Mercado masculino



Hombres hay.
¿Por qué nos quejamos las mujeres, constantemente, de la falta de hombres? ¿Es que no los vemos?
Te invito a dar una vueltita, no muy lejos, ahí nomás en el barrio, y comprobar que hombres sobran.
Salimos…al abrir la puerta del apartamento, nos encontramos con el vecino de al lado, que espera el ascensor. Ahí tenemos nuestro primer “ejemplo” a analizar: hombre, soltero, treinta y pocos años…¿será que sirve? “Hola” nos saludamos, y subimos al ascensor que nos llevará a la planta baja. Dirijo la mirada hacia el piso, pero la verdad es que estoy afinando mi “ojo crítico” y comenzando el análisis desde abajo: vestimenta? muy linda, con onda, bien combinada. Pelo: magnífico corte de coiffeur, que lo hace parecer casual, pero que nosotras, como mujeres que somos (y pasamos horas frente al espejo) sabemos diferenciar bien el trabajo que le da mantener, 10 puntos más a su favor. Hasta aquí todo bien, el primer hombre que nos cruzamos ya está por verificar nuestra hipótesis: hay hombres. En eso llegamos a la planta baja, sin cruzar palabra obviamente, ya que mi compañero de viaje estuvo de fiesta anoche, hasta altas horas de la madrugada, con música y chicas, cosa que se refleja hoy en su cara y su humor (“si me hubieras invitado tendríamos algo de que charlar”, pienso, “en vez de haber tenido que golpear la pared para que bajaras el volumen”). Nos recibe el portero (ejemplo n° 2) que lo saluda con un: ¿Y Andrés? ¿Terminaste bien anoche o te fuiste a dormir temprano? “Fuá, ni te digo. Nos juntamos con aquella que te conté la otra vez, la del boliche, y trajo a unas amigas…”
Descartado, hueco, boludo!!! Claro que tiene toda la onda, cuida su imagen y sabe encantar a una mujer con su sonrisa…pero es de los que sólo piensan en una cosa: sexo.
Sigo de largo, esperando el saludo que nunca llega del portero, muy entretenido con la noche de diversión de mi vecino. ¿Querés que te cuente como gemía la rubia de pelo largo? ¿o la risa de hueca que tenía la morocha de rulitos?
Ejemplo número dos: el portero. Aparte de ser  un hombre casado, lo que lo saca de nuestro experimento, es un diario. Sabe lo que pasa y lo que pasará en cada uno de los apartamentos del edificio. Se ocupa de sacar la basura, abrir la puerta del garage, chusmear la correspondencia de cada vecino, saber a que hora salió el del 302, con quién durmió anoche la del 503, y hasta los días que la vecina del 004 va al club. Vive de fantasías, haciendo suya la vida de los demás. Usando los datos que posee para tener tema de conversación con su señora, y haciendo buen uso de los lentes que le mandó el oculista, para analizar cada detalle de las mujeres que entran, salen o pasan cerca de su trono. Simplificado: no nos sirve. Pero no nos sintamos mal, sigamos con nuestra búsqueda para demostrar que hay hombres, en todas partes, y alguno de ellos es el indicado.
Llegamos a la esquina, estamos esperando que cambie la luz del semáforo para poder cruzar la calle e ir al supermercado. ¿Monedas? No, no tengo, o mejor dicho, si tengo pero no te las voy a dar.
Éste es otro ejemplo a analizar: hombres que se encuentran en las esquinas, a la salida del supermercado, en la parada del ómnibus, etc. Usan caravanas, gorrito, bermudas y championes con una altura que bien podríamos compararlos con nuestros tacos de sábado a la noche. Oyen cumbias, y piden monedas, esa es su “ocupación”. Se juntan en las esquinas a fumar y acosar a las mujeres jóvenes que pasan por alli. Expectativas: llegar al fin de semana para poder salir a bailar alguna de las canciones que oyen a todo volumen durante todo el día…ejemplo n° 3: ni pensarlo!!!
En el supermercado, la muestra aumenta. Tenemos a los que atienden la carnicería, los que acomodan la mercadería, y a los que están haciendo las compras. Empecemos por éstos últimos, los que fueron allí a buscar algo. Hay varios especímenes para analizar. Tenemos el típico soltero, que lleva en el carro unos panchos, un litro de leche, unas papitas fritas y un litro de cerveza. Pronóstico de cena: algo rápido y una cervecita para acompañar mirando el partido en la televisión.
Tenemos el padre de familia, que anda buscando justamente aquello que le encargó su mujer: no el que tiene el paquete con letras rojas, sino el otro, el verde, que dice “Light”.
Pensándolo bien, no me convence ni lo uno ni lo otro…¿qué pasa? no me sirven solteros, porque disfrutan la vida que llevan y no sienten necesidad de compartirla con nosotras, las mujeres, más allá de la tranquilidad que les da llegar a casa y saber que está la comida pronta y la ropa limpia. No nos sirven los solteros que catalogamos de “tranquilos”, los que se conforman con una cena rápida y una cerveza como compañía, porque nos parece que no tienen aspiraciones, son conformistas o aburridos. “Por algo están sólos” pensamos, y nuestra lengua bífida parece vibrar al ritmo de nuestros pensamientos. No nos sirven los casados, por una obvia razón: tienen una mujer esperando en casa. Por más encantador que nos parezca ese hombre que nos cedió el número en la frutería, tiene dueña.
Mientras espero mi turno en la cola de la caja, mis neuronas experimentan un sacudón, y un pensamiento cruza mi mente como un rayo: debes abandonar tu investigación, volver a casa y darle la razón a todas aquellas mujeres que dicen que no hay hombres, que ya no vale la pena soñar con ese, el indicado, que aparecerá más tarde que temprano.
Me resigno, pago mis compras y me dispongo a salir rumbo a mi casa, cuando oigo alguien que me “jadea” en el oído: “estás sola divina?” ¿querés que te acompañe?...

No amigas, piensen bien antes de volver a decir que “no hay hombres”. Lamentablemente estamos rodeadas. Hay más hombres de los que podríamos abarcar, lo que sucede es justamente eso: son inabarcables!!! La próxima vez que vayas a hacer un “pedido”, hazlo con todos los detalles, así te evitarás decir que “son todos iguales” o que “no hay nada bueno”.
“No encuentro lo que estoy buscando”, sería una expresión más apropiada. ¿Qué hago? ¿Bajo los percentiles? ¿miro al costado y hago oídos sordos? ¿o sigo sola esperando al “príncipe azul”?

Conclusión: Toda la culpa es de Walt Disney.

miércoles, 24 de noviembre de 2010

Tiempo para el placer

En nuestra cultura, disfrutar de la vida es una técnica que hay que aprender. El recreo y la distracción es algo añorado por todos, pero raramente forma parte de nuestra agenda.
Nuestra reacción inmediata ante el término “placer” es la de afirmar: “suena bien, pero no tengo tiempo”, o “mañana voy a estar muy cansado”, o terminamos dejándolo para lo último.
Asociamos el término placer con  las relaciones sexuales, y muchas veces se antepone la idea de las cosas que tenemos por hacer aún, o las responsabilidades con las cuales tenemos que cumplir. ¿Qué pasaría si nos tomáramos un tiempo para el relax y el placer diario? ¿No resultaría mejor nuestra jornada?
¿Cuántos de nosotros recibimos contacto corporal suficiente en nuestra vida diaria? Cuando éramos bebés nos tenían en brazos, nos mecían, nos contenían y nos tocaban todo el tiempo…¿Por qué dejamos de hacerlo al crecer? ¿De verdad creemos que como adultos ya no necesitamos de ese contacto?
Todos nosotros escondemos en nuestro interior un gran deseo de sentirnos queridos y deseados.
De niños, nuestros padres y maestros nos sorprendían absortos en ensoñaciones y nos reprendían: “déjate de fantasías”, “siempre soñando y perdiendo el tiempo”…sin embargo, ¿qué se supone que estábamos perdiendo durante ese tiempo? Tal vez estar ocupado todo el día sea la verdadera pérdida de tiempo. Damos mucha importancia al “hacer” y nos olvidamos de la importancia del “ser”, y en ese frenesí de tener y hacer, ¿realmente nos sentimos completos y felices?
Nuestro modo de pensar nos lleva con frecuencia a creer que debemos elegir entre lo uno y lo otro. No creo que debamos elegir entre una vida de trabajo y otra de placer, sino que el equilibrio enriquece nuestra vida, por lo que es importante que disfrutemos a diario de la sabiduría y el gozo que emanan de nuestro cuerpo.

A veces me imagino cómo sería el mundo si el placer se tomara más en serio. Trabajaríamos felices, sabiendo que al llegar a casa, nos esperan un sinfín de sensaciones placenteras.
Una insaciable curiosidad nos invadiría como cuando éramos niños. ¿Cuándo dejamos de jugar? ¿Por qué no lo volvemos a hacer?
Es ésta una invitación a abrir la cabeza, volver a soñar, explorar, inventar y gozar. Nuestro cuerpo está hecho para dar y recibir placer, somos una máquina perfecta, capaz de gozar de la vida, y muchas veces lo olvidamos.
¿Está mal visto disfrutar de algo que es nuestro derecho? ¿Por qué dejamos que la vida nos lleve a la velocidad del viento y nos olvidamos de lo hermoso que es disfrutar lo que hacemos? El sexo es bueno, y más aún si aprendemos a disfrutarlo.
No tengamos miedo de explorar nuestro cuerpo, ¿cómo sino, sabremos qué es lo que mejor nos hace sentir? ¿cómo podemos elegir entre una cosa y la otra, sin haber probado antes?
Conocernos es el primer paso para disfrutar. ¿El segundo? estar dispuestos a hacerlo.
No basta con saber lo que nos gusta si no nos damos permiso para disfrutarlo.
A veces parecería que necesitamos “permiso” para gozar de la vida. Tal vez estemos esperando que sea el médico quién nos diga: “parece usted agotado; váyase a casa y descanse en los brazos de su amante hasta que se reponga”, o tal vez nuestro jefe: “no estás rindiendo en el trabajo; ¿por qué no te vas a casa, tomas un baño sensual y un masaje y te dedicas a soñar y fantasear despierto?”
El niños que llevamos dentro, nos recordará cómo jugar, una vez que le hallamos dado permiso para hacerlo.

Quiero disfrutar del sexo libremente, ser yo mismo, compartir con mi pareja todo lo que siento y hacerle sentir maravillosamente; a la vez que estoy dispuesto a recibir en igual medida. No me interesa el tiempo de afuera, éste es nuestro momento, y tenemos que aprender a disfrutarlo. Así que, afuera rutina y bienvenido placer…probemos cambiar el mundo!!