Hagamos que las cosas sucedan


Acá estoy, llevando a cabo una loca idea que surgió un día cualquiera al despertar (o una noche cualquiera mientras dormía, vaya uno a saber!), como resultado de un tiempo de reflexión, boludismo, tristezas, alegrías, sorpresas, ocio y trabajo.

Express-ARTE llegó para abrirme la cabeza, como una nueva experiencia, una oportunidad de comunicación, distracción, reflexión y alpedismos ;)

Porque tengo la cabeza llena de pajaritos...



jueves, 30 de diciembre de 2010

Estrés vacacional



Necesitaba escribir. Para desestresarme, para respirar, desahogarme y volver a encontrarme. Hace días que estaba buscando el momento oportuno para hacerlo, ansiaba sumergirme en el mundo de las palabras y la fantasía, olvidarme de todo a mi alrededor y volar… Estoy como fuera de contexto, en un tiempo y un espacio en el que no logro posicionarme.

¿Que me pasa? Pues nada…estoy de vacaciones.
Los días más hermosos del año llegaron a mí. No debo cumplir horarios en el trabajo, ni tomar ómnibus que llevan más gente de la necesaria, ni dar explicaciones por llegar tarde, ni acostarme a horas prudenciales.
En fin, estoy totalmente feliz de no tener que hacer nada, excepto…excepto tal vez levantarme a tomar mate e ir a la playa. ¿Pero que pasa entonces que no me siento como si estuviera de vacaciones? No estoy descansando, siento que no he podido hacer nada de todo lo que tenía planeado para mis días libres, me siento presionada, ahogada. Quería hacer ejercicio, salir a caminar por la rambla, respirar aire fresco, dormir mucho, ir a la playa, leer todo lo que no pude leer durante el año…un sinfín de actividades que me divierten y me agradan, pero que no han encontrado un lugar en mi diario de vacaciones.
Pasaré a explicarles la situación a fin de que puedan comprender mi “estrés vacacional” como le he dado a llamar.
Se acercaban las fiestas y ya se respiraba en el ambiente ese olorcito a vacaciones. Esos días en los que la alegría parece invadir todos los rincones y a todos alrededor. Estábamos felices, aunque la cola para pagar en el supermercado fuera el doble de lo normal, aunque la malla del verano pasado nos quedara chica, aunque hubiera que depilarse cada 10 días…no importa, estamos felices porque se acercan las fiestas, y con ellas el rencuentro con la familia y amigos a los cuales les perdemos el rastro durante el agitado año laboral. Llegan las fiestas y tenemos permiso para abusar de los festejos, de la comida y de la bebida. Bailar como si el mundo se terminara mañana, aunque lo único que se termina o quizá por eso, es el año.
Bien, festejamos, brindamos y nos despedimos de los compañeros del gimnasio, de los compañeros de clase, de los compañeros del trabajo y hasta de los vecinos. Cualquier grupo de afinidad es bueno para realizar una despedida, todos se merecen una buena despedida de año, todos somos amigos cuando llega diciembre…
Y así vamos, de despedida en despedida, durmiendo poco, comiendo mucho, amigo invisible por acá, compañero de escritorio por allá. “Que descanses en vacaciones” “Me voy a acordar de ustedes cuando este en la playa” etc., etc. Todos brindamos, bailamos y cantamos como grandes camaradas, aunque haga apenas unas semanas, nos sacábamos los ojos por cosas sin importancia (el cansancio nos hace reaccionar de manera graciosa, no creen?).

Viajamos para encontrarnos con nuestra familia, o nos juntamos todos en algún punto neutro para festejar, luego de haber sobrevivido al estrés que representa la compra de obsequios navideños: ¿mamá quería una malla de baño, no? ¿o era mi hermana mayor? ¿qué le regalo al tío? ¿otra botella de whisky? ya debe tener una reserva en la despensa, pensemos en otra cosa. Hay descuentos en el Shopping…lo que no hay es lugar ni para respirar. La gente espera siempre a último momento para salir a hacer las compras, y yo soy parte de esas personas.
Pero volvamos a la reunión familiar…todos juntos en casa de los abuelos, hermanos, cuñados, novios, hijos y primos (más las mascotas que cada uno trajo, porque no se podían quedar solos en casa, claro está). Lo hermoso de ver la mesa repleta de gente se transforma en horror a la hora de tener que lavar los platos sucios. ¡Suerte que hay bastante gente para repartir la tarea!

Así va llegando Navidad y los consabidos festejos, saludos y rencuentros. Nos embarga una sensación de libertad y bienestar que compite con el empacho y la acidez de estómago que venimos ignorando desde hace algunos días ya (desde la segunda despedida más o menos!)
Llega también el nuevo año, y lo recibimos colmados de esperanzas y nuevos planes, que muy difícilmente lleguen más allá de marzo…al menos yo, paso todo el verano planificando lo qué haré éste año, que de seguro va a ser maravilloso, para olvidarme luego de la mayoría de los objetivos que me había planteado a la hora de levantar la copa y brindar…es que la vida no se puede planificar, eso lo he aprendido de a poco y siempre hay algo que me lo reafirma, nada es seguro.

Volviendo al tema, hace ya cerca de 15 días que estoy de vacaciones, sin nada para hacer y muchos planes para cumplir, pero me siento un poco nerviosa. Como si los días de vacaciones se pasaran realmente rápido y no fuera capaz de materializar lo que tenía en mente.
Cambiar de ambiente me deja los primeros días desencajada. Volver a encontrar un lugar en la casa familiar, en las rutinas que tienen los demás cuesta lo suyo. Uno necesita las rutinas para sentirse seguro, sabe lo que vendrá después, cosa que no sucede cuando estamos de vacaciones…cualquier cosa puede pasar. Nos levantamos a la hora que nos despertemos, vamos a la playa, almorzamos lo que encontremos en el refrigerador…en fin, simplemente hermoso!
Me siento mal porque no estoy en mi casa, con mis cosas, entre mis cuatro paredes. Incluso la “abstinencia vacacional” (nada de sexo oportuno, eso no es lo mío) me está afectando…por eso tomé la computadora y buscando un tiempo para mi misma, un tiempo de reflexión y rencuentro, de rutina conocida, busqué un lugar alejado y comencé a escribir…
Ahora me siento mucho mejor, ya volví a sentir tranquilidad. Me llevó unos días pero me dí cuenta que las vacaciones son todas para mi, me las he ganado, y puedo hacer con ellas lo que desee.
Si quiero ir a la playa, iré; lo mismo si me quiero quedar acostada leyendo o viendo una película, o simplemente, no haciendo nada. Nadie notará mi ausencia en las blancas arenas, y nadie puede descontarme el día por no salir de casa…
Entonces, ¿que me pasa? Pues nada…¡¡estoy de vacaciones!!


jueves, 2 de diciembre de 2010

El mejor aliado

Un baño: la solución a todos sus problemas.
¿Cuántas veces nos sentimos abrumados por cosas que nos parecen no tener solución? ¿Cuántas veces en el día, miramos al cielo y pedimos clemencia, paz, paciencia o piedad? ¡¡Ya no más!! Tenemos la solución al alcance de nuestras manos…nada como un buen baño para cambiar el curso de las cosas!!!
A lo largo de la historia, el ritual del baño significó mucho más que unos pocos minutos dedicados al aseo personal. Para las civilizaciones antiguas de Egipto, Grecia y Roma, el baño adquiría connotaciones religiosas, que se entrelazaban con el placer, la ostentación de la riqueza y la medicina.
Los baños egipcios, por ejemplo, se hacían con agua y aceites o ungüentos perfumados, que solo los sacerdotes sabían preparar. Se creía que las recetas y los ingredientes eran saberes transmitidos por el dios Thot, al igual que la química y la escritura. Estos aceites sagrados humectaban y protegían la piel sometida a la sequedad y el calor de un clima riguroso. Las clases sociales más adineradas tenían esclavos dedicados exclusivamente a bañar a sus señores. 
En Grecia el baño también confería prestigio. Todo banquete griego que se preciara de ser lujoso, incluía una sesión de baño para los invitados. Los más ricos tenían en sus casas recipientes cincelados, llenos de agua para bañarse. Además, en todos los cruces de caminos había una pila de mármol con agua para que los más humildes también pudieran bañarse.
  
Hoy día no contamos con esclavos dedicados a bañarnos, pero el baño, o muchas veces la ducha, sigue sirviendo para higienizarse, disfrutar de un momento íntimo (o compartido), olvidar problemas, aclarar la mente, desestresarse, etc. Hay quienes prefieren hacerlo a la mañana, quienes se inclinan por bañarse a la noche y hasta los que lo hacen varias veces al día.
Cuando niños disfrutamos del baño, es un espacio de goce y juego, compartido con los adultos y hasta con hermanos muchas veces. Luego pasamos por una etapa en la cual lo rechazamos, por cuestiones propias de la psiquis humana, y tenemos a nuestros padres todo el tiempo recordándonos la importancia y la necesidad del baño diario, cosa que no compartimos en ese momento. ¿Para qué me voy a bañar de nuevo, si ya me bañé ayer?!
Ahora bien, como adulta que soy, he hallado en la ducha mi aliada perfecta a la hora de resolver “problemas”. Muchas veces me siento abrumada, confundida, y no encuentro mejor solución que desvestirme (aún no lo hago vestida) y meterme bajo un potente chorro de agua en la ducha. ¿Que recién es martes? ¿Qué estás cansado de tu trabajo? ¿Qué no te fumas a la tarada del escritorio de enfrente? ¿Te olvidaste de pagar la cuenta de teléfono y te lo cortaron? ¡¡¡Tranquila/o!!!! El mundo es mucho más complicado que eso…date un baño y olvídate!!

Lo mejor del baño es sentir el agua correr por la cara, seguir su camino por la espalda, deslizándose por lugares y recovecos que permanecen dormidos, refrescándonos y despertando esa sensación de placer indescriptible, que nos abre la mente y nos hace ver las cosas de otra manera. O tal vez será que dejamos de pensar en esas cosas que nos tenían preocupados hasta hace dos minutos, y comenzamos a sentir. La solución, si es que la hay, llega a nosotros como un rayo de luz, mientra estábamos concentrados en el lavado de nuestro cabello, o cuando nos agachamos porque se nos ha caído el jabón (¿a quién no le pasó?)
Dejar de pensar, poner la mente en blanco, concentrarnos en esa canción que tanto nos gusta, que tan bien nos hace sentir, y cantarla “bajo la lluvia”…terapia recomendada.
¿Quién no cantó bajo la lluvia alguna vez? A subir el volumen y cantar con fuerza que éste es nuestro lugar!!!
“Si, pero los problemas no se van, y las soluciones no aparecen”, me dirán ustedes. “Ya llevo 40 litros de agua gastados y ningún “rayo de luz” ha llegado hasta mi”. ¡Parezco una pasa de uva, estoy toda arrugada y sigo donde empecé! ¿Ya probaste con la canción? OK, a no desesperar, tengo otro consejo: ¿habéis probado con unas horas de relax en un jacuzzi?
Los chorros de agua masajeando todo nuestro cuerpo, los pies en alto o flotando en el agua, las burbujas cosquilleando en nuestra barbilla…sensación placentera por demás.
¿Le agregamos un plus? Una copita de (a elección), buena música y compañía (esto último, pensarlo bien). ¿No tenéis jacuzzi? Don´t worry, tengo todo pensado…Hay lugares, comunes a la “cultura del amor” conocidos como moteles, hoteles, o lugares de alta rotatividad, donde se puede conseguir una habitación con jacuzzi (tamaño pileta), música funcional, minibar, cama king size, etc, etc…

Ni hablar cuando hemos tenido una noche “guerrera”, o cuando llegamos destruidos como resultado de una salida que se prolonga más de lo esperado, con los pies pidiendo socorro, la mente nublada y todo el cuerpo entumecido de tanto bailar…el agua se convierte en nuestra mejor aliada. ¡Nunca me había dado un baño tan delicioso! ¿dije lo mismo la última vez? Bueno, me equivoqué, ésta vez si que es delicioso, de lo mejor!

Así que la próxima vez que digas “no doy más”, que llegues a casa gateando, con el espíritu siguiéndote de lejos y los problemas de cerca, acordate de mi…sacate todo, abrí la ducha al máximo, poné tu canción favorita y dejate seducir por el placer de un baño sin preocupaciones.
O mejor aún…comprate un jacuzzi (e invitame!!!).



martes, 30 de noviembre de 2010

Mercado masculino



Hombres hay.
¿Por qué nos quejamos las mujeres, constantemente, de la falta de hombres? ¿Es que no los vemos?
Te invito a dar una vueltita, no muy lejos, ahí nomás en el barrio, y comprobar que hombres sobran.
Salimos…al abrir la puerta del apartamento, nos encontramos con el vecino de al lado, que espera el ascensor. Ahí tenemos nuestro primer “ejemplo” a analizar: hombre, soltero, treinta y pocos años…¿será que sirve? “Hola” nos saludamos, y subimos al ascensor que nos llevará a la planta baja. Dirijo la mirada hacia el piso, pero la verdad es que estoy afinando mi “ojo crítico” y comenzando el análisis desde abajo: vestimenta? muy linda, con onda, bien combinada. Pelo: magnífico corte de coiffeur, que lo hace parecer casual, pero que nosotras, como mujeres que somos (y pasamos horas frente al espejo) sabemos diferenciar bien el trabajo que le da mantener, 10 puntos más a su favor. Hasta aquí todo bien, el primer hombre que nos cruzamos ya está por verificar nuestra hipótesis: hay hombres. En eso llegamos a la planta baja, sin cruzar palabra obviamente, ya que mi compañero de viaje estuvo de fiesta anoche, hasta altas horas de la madrugada, con música y chicas, cosa que se refleja hoy en su cara y su humor (“si me hubieras invitado tendríamos algo de que charlar”, pienso, “en vez de haber tenido que golpear la pared para que bajaras el volumen”). Nos recibe el portero (ejemplo n° 2) que lo saluda con un: ¿Y Andrés? ¿Terminaste bien anoche o te fuiste a dormir temprano? “Fuá, ni te digo. Nos juntamos con aquella que te conté la otra vez, la del boliche, y trajo a unas amigas…”
Descartado, hueco, boludo!!! Claro que tiene toda la onda, cuida su imagen y sabe encantar a una mujer con su sonrisa…pero es de los que sólo piensan en una cosa: sexo.
Sigo de largo, esperando el saludo que nunca llega del portero, muy entretenido con la noche de diversión de mi vecino. ¿Querés que te cuente como gemía la rubia de pelo largo? ¿o la risa de hueca que tenía la morocha de rulitos?
Ejemplo número dos: el portero. Aparte de ser  un hombre casado, lo que lo saca de nuestro experimento, es un diario. Sabe lo que pasa y lo que pasará en cada uno de los apartamentos del edificio. Se ocupa de sacar la basura, abrir la puerta del garage, chusmear la correspondencia de cada vecino, saber a que hora salió el del 302, con quién durmió anoche la del 503, y hasta los días que la vecina del 004 va al club. Vive de fantasías, haciendo suya la vida de los demás. Usando los datos que posee para tener tema de conversación con su señora, y haciendo buen uso de los lentes que le mandó el oculista, para analizar cada detalle de las mujeres que entran, salen o pasan cerca de su trono. Simplificado: no nos sirve. Pero no nos sintamos mal, sigamos con nuestra búsqueda para demostrar que hay hombres, en todas partes, y alguno de ellos es el indicado.
Llegamos a la esquina, estamos esperando que cambie la luz del semáforo para poder cruzar la calle e ir al supermercado. ¿Monedas? No, no tengo, o mejor dicho, si tengo pero no te las voy a dar.
Éste es otro ejemplo a analizar: hombres que se encuentran en las esquinas, a la salida del supermercado, en la parada del ómnibus, etc. Usan caravanas, gorrito, bermudas y championes con una altura que bien podríamos compararlos con nuestros tacos de sábado a la noche. Oyen cumbias, y piden monedas, esa es su “ocupación”. Se juntan en las esquinas a fumar y acosar a las mujeres jóvenes que pasan por alli. Expectativas: llegar al fin de semana para poder salir a bailar alguna de las canciones que oyen a todo volumen durante todo el día…ejemplo n° 3: ni pensarlo!!!
En el supermercado, la muestra aumenta. Tenemos a los que atienden la carnicería, los que acomodan la mercadería, y a los que están haciendo las compras. Empecemos por éstos últimos, los que fueron allí a buscar algo. Hay varios especímenes para analizar. Tenemos el típico soltero, que lleva en el carro unos panchos, un litro de leche, unas papitas fritas y un litro de cerveza. Pronóstico de cena: algo rápido y una cervecita para acompañar mirando el partido en la televisión.
Tenemos el padre de familia, que anda buscando justamente aquello que le encargó su mujer: no el que tiene el paquete con letras rojas, sino el otro, el verde, que dice “Light”.
Pensándolo bien, no me convence ni lo uno ni lo otro…¿qué pasa? no me sirven solteros, porque disfrutan la vida que llevan y no sienten necesidad de compartirla con nosotras, las mujeres, más allá de la tranquilidad que les da llegar a casa y saber que está la comida pronta y la ropa limpia. No nos sirven los solteros que catalogamos de “tranquilos”, los que se conforman con una cena rápida y una cerveza como compañía, porque nos parece que no tienen aspiraciones, son conformistas o aburridos. “Por algo están sólos” pensamos, y nuestra lengua bífida parece vibrar al ritmo de nuestros pensamientos. No nos sirven los casados, por una obvia razón: tienen una mujer esperando en casa. Por más encantador que nos parezca ese hombre que nos cedió el número en la frutería, tiene dueña.
Mientras espero mi turno en la cola de la caja, mis neuronas experimentan un sacudón, y un pensamiento cruza mi mente como un rayo: debes abandonar tu investigación, volver a casa y darle la razón a todas aquellas mujeres que dicen que no hay hombres, que ya no vale la pena soñar con ese, el indicado, que aparecerá más tarde que temprano.
Me resigno, pago mis compras y me dispongo a salir rumbo a mi casa, cuando oigo alguien que me “jadea” en el oído: “estás sola divina?” ¿querés que te acompañe?...

No amigas, piensen bien antes de volver a decir que “no hay hombres”. Lamentablemente estamos rodeadas. Hay más hombres de los que podríamos abarcar, lo que sucede es justamente eso: son inabarcables!!! La próxima vez que vayas a hacer un “pedido”, hazlo con todos los detalles, así te evitarás decir que “son todos iguales” o que “no hay nada bueno”.
“No encuentro lo que estoy buscando”, sería una expresión más apropiada. ¿Qué hago? ¿Bajo los percentiles? ¿miro al costado y hago oídos sordos? ¿o sigo sola esperando al “príncipe azul”?

Conclusión: Toda la culpa es de Walt Disney.

miércoles, 24 de noviembre de 2010

Tiempo para el placer

En nuestra cultura, disfrutar de la vida es una técnica que hay que aprender. El recreo y la distracción es algo añorado por todos, pero raramente forma parte de nuestra agenda.
Nuestra reacción inmediata ante el término “placer” es la de afirmar: “suena bien, pero no tengo tiempo”, o “mañana voy a estar muy cansado”, o terminamos dejándolo para lo último.
Asociamos el término placer con  las relaciones sexuales, y muchas veces se antepone la idea de las cosas que tenemos por hacer aún, o las responsabilidades con las cuales tenemos que cumplir. ¿Qué pasaría si nos tomáramos un tiempo para el relax y el placer diario? ¿No resultaría mejor nuestra jornada?
¿Cuántos de nosotros recibimos contacto corporal suficiente en nuestra vida diaria? Cuando éramos bebés nos tenían en brazos, nos mecían, nos contenían y nos tocaban todo el tiempo…¿Por qué dejamos de hacerlo al crecer? ¿De verdad creemos que como adultos ya no necesitamos de ese contacto?
Todos nosotros escondemos en nuestro interior un gran deseo de sentirnos queridos y deseados.
De niños, nuestros padres y maestros nos sorprendían absortos en ensoñaciones y nos reprendían: “déjate de fantasías”, “siempre soñando y perdiendo el tiempo”…sin embargo, ¿qué se supone que estábamos perdiendo durante ese tiempo? Tal vez estar ocupado todo el día sea la verdadera pérdida de tiempo. Damos mucha importancia al “hacer” y nos olvidamos de la importancia del “ser”, y en ese frenesí de tener y hacer, ¿realmente nos sentimos completos y felices?
Nuestro modo de pensar nos lleva con frecuencia a creer que debemos elegir entre lo uno y lo otro. No creo que debamos elegir entre una vida de trabajo y otra de placer, sino que el equilibrio enriquece nuestra vida, por lo que es importante que disfrutemos a diario de la sabiduría y el gozo que emanan de nuestro cuerpo.

A veces me imagino cómo sería el mundo si el placer se tomara más en serio. Trabajaríamos felices, sabiendo que al llegar a casa, nos esperan un sinfín de sensaciones placenteras.
Una insaciable curiosidad nos invadiría como cuando éramos niños. ¿Cuándo dejamos de jugar? ¿Por qué no lo volvemos a hacer?
Es ésta una invitación a abrir la cabeza, volver a soñar, explorar, inventar y gozar. Nuestro cuerpo está hecho para dar y recibir placer, somos una máquina perfecta, capaz de gozar de la vida, y muchas veces lo olvidamos.
¿Está mal visto disfrutar de algo que es nuestro derecho? ¿Por qué dejamos que la vida nos lleve a la velocidad del viento y nos olvidamos de lo hermoso que es disfrutar lo que hacemos? El sexo es bueno, y más aún si aprendemos a disfrutarlo.
No tengamos miedo de explorar nuestro cuerpo, ¿cómo sino, sabremos qué es lo que mejor nos hace sentir? ¿cómo podemos elegir entre una cosa y la otra, sin haber probado antes?
Conocernos es el primer paso para disfrutar. ¿El segundo? estar dispuestos a hacerlo.
No basta con saber lo que nos gusta si no nos damos permiso para disfrutarlo.
A veces parecería que necesitamos “permiso” para gozar de la vida. Tal vez estemos esperando que sea el médico quién nos diga: “parece usted agotado; váyase a casa y descanse en los brazos de su amante hasta que se reponga”, o tal vez nuestro jefe: “no estás rindiendo en el trabajo; ¿por qué no te vas a casa, tomas un baño sensual y un masaje y te dedicas a soñar y fantasear despierto?”
El niños que llevamos dentro, nos recordará cómo jugar, una vez que le hallamos dado permiso para hacerlo.

Quiero disfrutar del sexo libremente, ser yo mismo, compartir con mi pareja todo lo que siento y hacerle sentir maravillosamente; a la vez que estoy dispuesto a recibir en igual medida. No me interesa el tiempo de afuera, éste es nuestro momento, y tenemos que aprender a disfrutarlo. Así que, afuera rutina y bienvenido placer…probemos cambiar el mundo!!

jueves, 11 de noviembre de 2010

Alcohol y mujeres

Alcohol y mujeres, mujeres y alcohol. Hay un momento en la vida de todo hombre que éstas “adicciones” o “vicios” son celebradas por sus pares…




Vicio: “toda aquella práctica o hábito que se considera inmoral, depravado o degradante en una sociedad. Con menos frecuencia, la palabra puede referirse a una enfermedad o tan sólo a un mal hábito”…


Un hombre que tiene varias mujeres es considerado un ganador, un play boy, un auténtico Don Juan. Si además le gusta tomar bebidas fuertes, y las soporta sin problemas es, en síntesis, un genio (a ojos de sus pares).


¿Pero que sucede cuando es una mujer la que disfruta de estos placeres? ¿Cuando elige disfrutar del sexo sin compromisos, del libre albedrío…? ¿Cuando llega a casa y se prepara un trago, disfruta de una copa y un baño de inmersión consultando la agenda para ver a quién llamar, según el estado de ánimo, el clima, las ganas, preferencias, etc.? ¿Cómo se la considera? ¿Una Doña Juana? ¿Una modelo de Play Boy? ¿o directamente una libertina?


Pensemos…¿que tienen de diferente hombres y mujeres? (aparte de lo obvio: inteligencia, sentido práctico, buen gusto…) ¿dónde dice que la mujer no está en situación de disfrutar lo mismo que el hombre? ¿Por qué está mal vista esta situación?...Todo esto pensaba Violeta camino del trabajo. Había tenido un día difícil, en la oficina todo estaba entreverado, un día de locos y sentía un deseo incontrolable de tomar un trago y disfrutar una noche de buen sexo…La lluvia siempre le traía añoranzas, y las hormonas deseo…


Estaba a punto de llegar a casa, pero decidió pasar por el supermercado a buscar un vino. Estacionó el auto y corrió hacia adentro buscando refugio de la lluvia. El local estaba repleto de gente, todo el mundo aprovechaba la vuelta a casa para hacer las compras. Hizo maravillas para recorrer los pasillos atestados de gente, esquivó carritos, parejas, niños, abuelas y demás. Maniobró el carrito como lo si estuviera en plena autopista y al final logró encontrar el sitio de bebidas. Vino, estaba buscando un vino para deleitar el paladar y endulzar los sentidos. Ya se estaba imaginando en un baño de inmersión, con velas prendidas alrededor, música suave, y una copita en mano…mmmmm


Cabernet Sauvignon? Merlot? le gustaban los vinos tintos, fuertes, con cuerpo y alma, aquellos que hacían sentir placer desde el primer trago. Fuertes al principio con un dejo suave al final, lo mismo que los hombres. Le agradaba hacer éste paralelismo. Había tenido toda una “bodega” en su vida, desde que se decidió a disfrutar de algunos placeres. Hombres suaves y dulces, como las cepas rosadas, suaves y tiernos como algunos Blancos, intensos, fuertes, vigorosos y con gran cuerpo como los Tannat o el Cabernet Sauvignon, hasta finos, frescos y de cuerpo muy elegante  como los tintos Merlot.


Pensó en esa noche, viernes, el mejor día de la semana. No había que pensar en madrugar al otro día, ni aprontar todo para poder dormir un ratito más. Además, llovía. Llamaría a algún lugar y encargaría sushi, revisaría la agenda y encargaría placer. Sonrió, ¿se estaba volviendo una depravada? No, sólo estaba pensando como una mujer mayor de treinta años, libre, sin compromisos ni culpas; disfrutando de la sociedad contemporánea. Aunque a decir verdad, ya no sabía si disfrutaba o luchaba por lo que le correspondía. En el trabajo tenía que hacer el doble que sus compañeros para ser reconocida. Competía en un mundo de hombres, buscando un lugar para desarrollar su carrera, hacer lo que sabía sin obstáculos ni menosprecios.


Vivían en un tiempo donde se hablaba de igualdad de géneros, oportunidades igualitarias, pero no se practicaba. Estaba mal visto que una hiciese trabajos de hombres, que fuera mejor que un hombre. Las mujeres enfrentan los desafíos con más valentía que los hombres, pero no se confía en ellas tanto como en un hombre. Tienen que ganarse un lugar, demostrar que son confiables, que pueden hacer el trabajo tan bien como un hombre (incluso mejor), pero para ello pasan por tiempos de lucha y competencia.


Todo esto pensaba, eligiendo un vino para esa noche que estaba por comenzar, cuando lo vio. Venía empujando un carrito, casi vacío, llevaba sólo unas papitas y alimentos como para preparar una picada…El saco del traje desprendido, el cuello abierto y la corbata floja. Tenía un rostro delicioso, sofisticado, como una buena etiqueta de un vino que demuestra excelencia y promete buen gusto. El aspecto de saber disfrutar de las buenas charlas, la cultura, la comida y demás.


Se detuvo justo a su lado, inspeccionaba las bebidas, como ella. Desprendía un aroma maravilloso, un perfume con dejo a especias…


Parecía perfecto. Alianza? no, no tenía. Lo observó disimuladamente y pudo observar unas manos fuertes y una espalda ancha. Elegía vinos también. ¡Espléndido! ¿que más podía pedir? ¿Una cita tal vez? Sonrió, y en ese momento el le habló…


No sabía muy bien que le estaba diciendo, ya había perdido el sentido del tiempo y el espacio, pero se obligó a prestar atención y sacar la mirada de ese rostro que le parecía cada vez más hermoso. ¿Cómo? Ah si, yo también creo que los tintos son lo mejor para una noche de lluvia. Violeta, mucho gusto. ¿Fiesta? No, sólo un merecido descanso luego de una ardua semana de trabajo. Adiós.


Allí quedó, viendo un hombre hermoso retirarse por el pasillo con un buen vino en su carrito. Otra puerta que se cerraba…o no. Decidió probar suerte, lo llamó y salió tras él.


Ganadores llamaban a los hombres, ¿y a las mujeres? ¿cómo se llama a las mujeres que disfrutan de los placeres de la vida? ¿Locas? ¿Putas? ¿Irresponsables? Y si, que la llamaran como quisieran, ella ya había elegido…

martes, 9 de noviembre de 2010

Distracción Fatal

Si, había desaparecido. Acababa de borrar lo que tanto le había costado. Un simple error, una simple distracción, y allá había ido a para  todo su esfuerzo, a la basura.
Habían inventado arroz que no se pegaba, papel que no se pasaba, tinta que no manchaba…¿por qué no inventaban un aparato a prueba de tontos? Eso era ella, una tonta. Se sentía mal por haber echado todo a perder. ¿Y ahora que haría? Se fijó en la papelera, en los documentos cambiados recientemente, y en todos los lugares que se le ocurrieron. Le faltaba sólo mirar debajo de la mesa de trabajo por si acaso se dijo, mientras esbozaba una sonrisa triste. ¿Es que acaso pensaste que ser escritora era así, tan fácil? No querida, tienes que estudiar, investigar, ponerte a tono con la vida y darte de cabeza con éstas cosas!!!
¿No has oído hablar tan a menudo de respaldar los documentos y que se yo? Bueno, eso es, no basta con tener una computadora que te haga la escritura más fácil, ésta no piensa por ti, y por supuesto, no puede hacerte zafar de esas constantes metidas de pata. ¿Cómo que cerraste el documento sin guardarlo? ¿Pero, es que no te preguntó si querías guardar los cambios realizados? ¡Qué más quieres! que te diga con letras grandes que no aprietes el botón porque se borra?!!!!
Obviamente, acababa de borrar el documento en el cual había estado trabajando toda la mañana. No era nada súper novedoso, pero si significaba una hora o más de trabajo.
Trabajo se dijo, ¿qué era eso? Escribía porque le gustaba, y era una de las pocas cosas en las que encontraba placer. En comer también se recordó a si misma, pero comer no es tan saludable como ejercitar la mente. Recuerda que ya se viene el verano, y hay que ponerse bikini, depilarse, aparecer en la playa frente a todos, tirarse al agua….en fin, todo lo que hace a la temporada estival en un pequeño pueblo del interior del país.

Por eso elegía escribir. No necesitaba pensar en que ponerse, o cómo peinarse, o si tenía o no algún quilo de más. Escribía para los demás, esos que se entretenían con sus historias y la desafiaban a seguir adelante, a inventarse cada día un nuevo horizonte. Esos que…¿existirían?

Había decidido probar la escritura como una terapia, a raíz de mucho sentir y poco que hacer. Busco en la web, creó un blog y comenzó. Al principio fue extraño, luego excitante, reconfortante y hasta aburrido. ¿Alguien leería lo que ella hacía? ¿Importaba acaso?
No escribes para los demás, sino para sentir el goce que eso te produce, se dijo a si misma.
Si, pero que reconfortante era que las demás personas disfrutaran lo mismo que ella, o al menos una parte. No estaba segura si alguien leía lo que escribía, pero eso no quitaba la rabia que sentía. Acababa de borrar su artículo. ¿Sobre que era? Ah si, meditación. Tranquilidad, cero estrés, concentración…¡y tan concentrada estaba que cuando quiso pasar al papel lo que había sentido, lo echo todo a perder!
Había leído al respecto, mirado algún que otro documental, escuchado y hasta hablado sobre el tema, pero nunca hasta ese día había tenido tiempo de llevarlo a la práctica.
Meditar si, que interesante se dijo. Lástima que luego debió volver a su vida, cocinar, lavar, peinarse, salir a trabajar…y seguía igual que antes, perdida.
Perdido estaba su documento. No hay problema, lo hago de nuevo y listo. Pero, ¿cómo empezaba? jaja…no tenía idea! Eso era lo bueno de escribir. Largaba todo lo que le pasaba por la cabeza en medio segundo, como una ráfaga de viento, y luego no era capaz de repetir lo que había sentido. Porque lo que escribía era lo que sentía.
Cuando lo extrañaba a él, se hallaba más perdida y escribía casi siempre cosas sombrías, tristes. Cuando tenía una nueva aventura, o algo en que ocupar sus pensamientos, escribía cosas ocurrentes y chispeantes. ¡Ni que decir cuando tenía buen sexo! Ay, como le gustaba el sexo…pero eso era material para otro texto. Ahora debía pensar y rehacer nuevamente el que hablaba de meditación.
¿Por donde empezamos? Ya se, para escribir, necesito vivirlo, y como me estoy durmiendo, nada mejor que una buena “meditación” horizontal…después veremos que me soplan al oído los duendes que muy a menudo me visitan en sueños. Algo es seguro, me van a decir que recuerde guardar el documento antes de cerrar el programa…

miércoles, 27 de octubre de 2010

Dolor

Sentía que el cuello se le partía al querer mover la cabeza. Los músculos se le estaban abriendo, desgarrando con cada movimiento que daba. El dolor se estaba haciendo insoportable, pero debía continuar…
Cada movimiento le hacía pensar en el descanso, tan merecido que lo tenía, pero que no llegaba. Se había esforzado mucho por sobrevivir un día más…no podrán conmigo.
Miró por la ventana. El sol brillaba en un cielo azul turquesa, el mar se veía majestuoso, calmo y agradable. El pasto crecía y se podían vislumbrar ya cantidad de florcitas. Había llegado la primavera.
Las olas la invitaban a bajar a la playa y relajarse. ¡Vamos! se dijo a si misma, ya falta menos. Miró el reloj. Menos si, pero aún era demasiado.
El dolor no daba tregua; parecía querer adueñarse de todo su cuerpo. Sería tan feliz se dijo, mirando el agua, si pudiera escapar por la ventana, volar muy alto como las gaviotas, y quedar suspendida en una nube.
Sintió que el dolor comenzaba a bajar por la espalda. Le dolían los brazos también ahora, y no sabía como sostenerlos en alto un poco más. Ya termina, oyó que le decía una voz dentro de su cabeza. No te des por vencida. ¿Era acaso, que debía ver el lado bueno de la situación?  Siempre lo hacía, pero no hoy, ya no. Dolía, y debía luchar contra el dolor, el clima que la invitaba a salir disparando de allí y olvidarse del mundo, la voz en su cabeza que la instaba a seguir soportando, la tentación de bajar los brazos…
De repente lo oyó. Le pareció estar imaginando, pero no era la única que lo había oído, y las personas a su alrededor se lo hicieron saber. Puso punto final y bajó los brazos.
Era la hora. Todo había acabado. Ya está, se dijo. Ya no habría más dolor, más esfuerzo, más sufrimiento…
Se acabó.

Sonrió…había cosas se soportaban a pesar de todo, y le hacían apreciar la vida.

_Hasta mañana chicos. Recuerden hacer los deberes y estudiar las tablas.
_¡Si maestra!_ se oyó repetir a una treintena de niños al unísono _ ¡que te mejores de la contractura!

Corazón

Cosa extraña el corazón de las mujeres. Nos hace sentir que la vida es maravillosa, golpea fuerte cuando el amor nos ronda, y nos devasta cuando se aleja. Empiezo a creer que el corazón de las mujeres no funciona al igual que el de los hombres. Ellas sienten con más intensidad, sufren con más fuerza, aman desesperadamente, y por lo mismo, se entregan incondicionalmente.
No voy a hablar del corazón de los hombres, porque no soy quién para opinar sobre semejante tema, que ni se al día de hoy si cumple las mismas funciones que el nuestro, pero si voy a dedicarme a describir el cómo y el por qué de los sufrimientos y alegrías que sentimos nosotras, las mujeres.

El amor lo es todo para mi, gobierna mi vida, me hace la persona más feliz o la más desdichada criatura del universo. Soy amor, busco el amor y doy amor. No hablo del amor de pareja, porque muchas veces no lo tenemos, pero el amor en sí es la cosa más maravillosa.
Es cierto, a mi me influye mucho, y por lo tanto, he aprendido a sentir amor por la vida. Amo la vida, estar vivo y poder sentir en la caricia del viento la grandeza del mundo. Aún así, basta un pequeño soplo, una diminuta señal, un atisbo, para volver ese maravilloso día en una antesala del infierno. Es que ser tan sensible me lleva a sentir todo demasiado. Uno va por la vida tratando de ver las cosas buenas, de dejar de lado el sufrimiento y festejar lo que tiene, lo que aprecia, lo que busca, pero no puede dejar de ver siempre lo que falta.
¿Por qué? es una pregunta que me ataca a menudo, y a la cual respondo automáticamente con un simple: porque así tenía que ser.
¿Hubiera cambiado algo, de haberme dado cuenta antes? No, no te engañes, eres así, haces las cosas de esta manera y no de aquella, aún sabiendo que podrías hacerlo mejor. ¿Por qué entonces te manejas de forma autodestructiva? ¿No eres una enamorada de la vida?
¡Vamos arriba entonces! No hagas que el mundo te de la espalda, cambia el rumbo de las cosas. Pelea por lo que quieres, pelea contigo misma, porque eres tú el principal escollo a vencer para lograr la felicidad.
Si, es cierto, todo eso uno lo procesa, lo razona, lo analiza…¿lo hacen todos o es que yo soy especial? ¿Soy loca? ¿demasiado sensible? ¿manejo mucho el insight? ¿el insight me maneja a mi?
No lo se, es algo que me sucede desde que tengo memoria, y por ello mismo pasé una etapa en mi vida en la cual no pensaba, o trataba de no pensar en las consecuencias, sino que sentía.
Uno da vueltas y vueltas sobre los mismos temas una y otra vez, se plantea las mismas interrogantes miles de veces, y no siempre llega a tener claro la solución.

El corazón de las mujeres es algo grandioso. Siente por ella, por sus amigos, por su familia, por el mundo todo. No digan que una mujer es fría o insensible, porque no me lo creo. Podemos parecerlo, disimularlo, tratar de serlo; pero siempre nos gana la vida.
Que somos felices cuando encontramos el amor, que somos desdichadas cuando lo perdemos, que sentimos la gloria al procrear, que nos desbasta la pérdida de algún ser querido, etc…todo esto es cierto.
¿Y cuando vemos una película? ¿y cuando aparece un amigo que hace tiempo no veíamos? Las primeras palabras de nuestros hijos, sus tristezas, sus alegrías, todo esto forma parte de nuestros propios sentimientos.

¿Los hombres? Sienten, sufren y gozan también, pero; ¿lo hacen de la misma manera? ¿Por qué se muestran más reacios a demostrar sus sentimientos?
Vivimos en una sociedad machista, dónde se les ha impuesto a los hombres la “tarea” de velar por la familia. Hay que ser bien “macho”, estar preparado para luchar contra la vida… En fin, nos quejamos constantemente de lo que nos hacen o no hacen (supuestamente) los hombres, pero somos nosotras mismas quienes les asignamos ese papel de macho preponderante. ¿Por qué?





martes, 26 de octubre de 2010

Para que escribe uno...

“Para que escribe uno, si no es para curar las heridas”


                                                              1-Escribiendo



Decidió escribir. Para resarcirse, para olvidar, para pagar deudas y para sentirse bien…las palabras son hermosas se dijo, ¿para que sino escribe la gente?

Es cierto, también pueden ser feas, herir, maltratar y destruir, pero ella confiaba en la bondad de las palabras…serían su forma de desahogo. Pero, ¿desahogo de que? si ni ella misma estaba segura de nada ya.

Hacía un tiempo que su vida se había convertido en un verdadero caos: primero su pareja, luego su trabajo y ahora su salud…ya no sabía por donde seguir, donde buscar, qué buscar.

¿De eso se trataba la vida? ¿de una búsqueda incesante? ¿buscar qué? ¿buscar la felicidad?

Pero si yo he sido muy feliz, se dijo, ¿por que éste sentimiento de incompletitud???

Ansia dirían algunos, aburrimiento dirían otros. “Es que tu siempre tuviste todo en la vida, le había dicho Gloria un día, y al encontrarte de cara con el mundo real fue tan grande la frustración que no la supiste manejar. Anda, brindemos a la salud de la frustración!”

Sonrió recordando a su amiga y esas salidas de compinche que realizaban de vez en cuando…ya de cuando en vez.



Escribiría si, pero, por donde empezar???? No era una escritora, y si bien siempre le había gustado componer, desvariar, inventar, no tenía idea de las reglas, fundamentos o convenciones con las que se manejaban los escritores. Escritores de verdad como ella soñaba ser. Debía buscar una historia se dijo, una historia que atrape al lector…personajes, trama, problema, solución, desenlace; muchas cosas le faltaban. Le faltaba todo en realidad, a quién quería engañar? Los libros no se hacían sentándose frente a un cuaderno y tirando palabras sueltas, o si? Claro que no! Los escritores estudiaban, salían a buscar sus ideas, se inspiraban, en fin, cosas de las que ella no tenía idea; y es que Lucía sólo se había sentado un día cualquiera frente a un cuaderno, lápiz en mano dispuesta a lograr sus sueños…



Había buscado por otras partes ya, había estudiado, trabajaba, tenía amigas, en fin, una vida convencional como dirían algunos, pero no estaba feliz. Sentía que algo le faltaba, o le aprisionaba, se sentía como un pájaro al que dejan libre, pero le cortan las alas para que no vuele.

Su trabajo, bueno, que podía decir de su trabajo…Pensó que entre los libros se sentiría bien, e hizo la carrera de bibliotecología al terminar sus estudios medios, pero la verdad era otra. No estaba a gusto con las tareas que realizaba, había soñado con otra cosa, se había imaginado a si misma como una mujer exitosa, trabajando con alegría y entusiasmo, desbordante de energía como supo ser en algún momento, pero no era lo que tenía ahora entre manos.

Que tenía en realidad? Nada!!! se sentía desorientada, inútil, desamparada…y por eso decidió escribir.



Ahora bien, se trataría de una historia de espionaje, aventuras y secretos, como los libros que tanto había amado en su juventud; o mejor aún, un libro de amores y desencuentros, historias felices y finales fallidos, tal y como le había pasado tantas veces en su vida. De eso sí que tenía material para escribir, se dijo con una sonrisa triste.

Había tenido muchas relaciones en su vida, pero sólo dos importantes. La primera cuando era una adolescente, había durado más de diez años, y todavía sentía una punzada en el estómago cuando recordaba su nombre…Alfredo. Todavía le costaba recordarlo sin que se le humedecieran los ojos. Había sido su gran amor, el primero, un gran amigo, o al menos una compañía durante tantos años. Muchas cosas fueron las que vivieron juntos, aventuras de niños, locuras de jóvenes y pasiones de adultos, pero eso ya había quedado atrás. Lucía había decidido dejarlo a un lado, y seguir su camino a solas. Todavía lo quería mucho y lo sentía muy cerca, pero no era lo que completaba sus planes.

¿Cuando había dejado de girar su vida entorno a la de Alfredo? No lo sabía exactamente, ni tampoco como lo había hecho, pero se había marchado, y él la había dejado ir.

No se arrepentía. Si había algo que la vida le había enseñado, era que no servía de nada el arrepentimiento; al menos en estas cuestiones.



La otra historia: muy reciente como para olvidarla y muy dolorosa como para recordarla. Se había atrevido a enamorarse por segunda vez en la vida, ella, que hasta hace un tiempo atrás sospechaba que sólo habría un gran amor en su vida, ella, se había enamorado.

¿Qué pasó? Aún no lo sabía, o a decir verdad, lo sabía pero le dolía aceptarlo. Él había conocido a otra mujer, nada más sencillo ni más peligroso. Volvió a sonreír otra vez, nuevamente con un dejo de amargura. Se había entregado y él la había hecho sentir como una reina. Como nunca nadie antes la había tratado, así había ganado su corazón. Con él podía ser ella misma, vestirse como le parecía, hablar como lo hacía con sus amigos, no necesitaba aparentar, ni esforzarse por gustarle. Él la había conocido así y así la había aceptado, y lo más maravilloso de todo era que la había valorado.

Sería que se confió demasiado? La seguridad le ganó de mano? “A Seguro se lo llevaron preso” le dijo alguien una vez, y ella lo sabía muy bien, lo único seguro era que iba a morir algún día, pero esperaba volver a sentirse de la misma forma que con Lucas alguna otra vez. Y que ésta vez no se fuera con otra!!! sonrió otra vez, pero ahora divertida.

(continuará...)

lunes, 25 de octubre de 2010

Continúa la novela...

2
Procesos

No. No podía ser cierto, no esto. Lucía miraba la boca del médico que continuaba hablando, pero sus oídos ya no lo escuchaban. Su mente viajaba, su cabeza daba vueltas.

Fijó la vista en la planta que adornaba el consultorio, allí en un rincón, ajena a la realidad. Sus hojas de un verde que de repente le pareció extraño, como más vivaz, las vetas amarillas, la luz que en ellas se reflejaba…sintió la savia corriendo por el tallo, llegando hasta la parte más ínfima de la hoja, así como su sangre fluía dentro de su cuerpo.
“…pero con un tratamiento constante y bien planeado lo podemos revertir” _ continuaba hablando el médico_ Señorita Avezza, ¿está usted bien?

Lucía ya no sabía _ ni quería saber_ que era lo que estaba sucediendo. Había ido a una simple consulta de rutina, a levantar los resultados de unos análisis simples (a los médicos todos los análisis les parecían simples), pero se encontraba sentada frente a un hombre que le informaba de algo que no esperaba y no entendía. ¿Enfermedad de la sangre? ¿que era aquello? ¿se podía revertir? ¿tratamiento constante? ¿que significaba aquello que sonaba tan simple?


_Si estoy bien, discúlpeme doctor, es solo que… Nada, no se que decir.
_ No se preocupe Lucía, he visto casos como estos, se pondrá bien, ya verá.


Lucía estaba conmocionada. ¿Y ahora? ¿Qué era lo que venía ahora? ¿Es que su vida, no dejaría de dar vueltas?


Al salir de la clínica caminó sin sentido, cambiando de rumbo una y otra vez, como solía hacer cuando se perdía en sus cavilaciones, cuando había un tema que la preocupaba.

Decidió llamar a Gloria, necesitaba hablar con alguien y no se le ocurría nadie más que su mejor amiga, aunque no estaba segura de que le iba a contar. Ni siquiera ella entendía bien lo que estaba pasando.



Gloria la atendió con poca gana, como lo venía haciendo últimamente. No, no estaba trabajando le dijo. Si, estaba en su casa y podía pasar si quería, la esperaría.


Lucía tomó un taxi, decidió darse ese lujo al menos, y le dio al conductor la dirección de su amiga. En unos minutos estaría allí. Se relajó y cerró los ojos para escuchar la música que sonaba a través de la radio del auto. Extraño, el conductor oía música clásica, algo que no era común en los conductores de taxis… ¡Pero que mal que había estado ese pensamiento! Tal vez por ser así era que le estaban pasando tantas cosas, y la mayoría no eran buenas.

_ “Lo que deberías hacer es consultar con otro médico” le había dicho Gloria. _” ¿Qué es eso de que una va por un simple examen de sangre y le salen con una enfermedad casi que incurable? No Lucía, no conviene quedarse con una sola opinión.

¿Por que no llamas a Damián? ¿Es amigo tuyo, no? Llámalo, coméntale el caso, tal vez el te pueda ayudar. Ya sabes que es muy buen medico, según dicen, no es que yo lo recomiende”. Gloria no sentía mucha simpatía por Damián, pero la verdad era que siempre había sido un buen amigo de Lucía.


Damián era médico, especialista en una de esas ramas que no se oyen nombrar todos los días, pero que de repente surgen como una moda y por todos lados hay un médico famoso por haber hecho esto o aquello para mejorar la ciencia. Medicina (nombre de la especialidad)


Desde que lo había conocido, se sintió muy cómoda con él. Al principio no supo como reaccionar. Damián era un típico play boy, o al menos daba imagen de serlo. Un hombre que compraba a cualquier mujer con tres minutos de conversación, pero no, con ella no podría. No después de todas las mentiras que había escuchado en su vida.


Reconocía que estuvo un tiempo a la defensiva, como esperando el ataque que nunca llegó y por fin pudo relajarse y entablar una relación que había dado lugar a una muy buena amistad en los últimos años.


Lo llamaría. Le explicaría el caso y le pediría su consejo como profesional de la medicina.

Ya en numerosas ocasiones Damián había sabido responder a sus inquietudes, y aunque éstas no estuvieran dentro de su rama de trabajo, Damián era de esas personas comprometidas con su profesión. Estaba segura que buscaría información, analizaría casos parecidos, incluso al mismo médico tratante si era necesario. ¿Pesaría el currículum del médico en la recuperación o no de un enfermo? ¿Es que los médicos no pueden quedar ajenos a los resultados, como lo haría un carpintero si la madrea no estuviese eventualmente bien tratada?


Lo pensó. Claro que no. Ella también era responsable, desde su papel de bibliotecaria, del funcionamiento de un sistema. Si ella se equivocaba en el inventariado, o en la ubicación de los libros, cambiaría el destino de mucha gente. De los que buscaban material al menos.




Continuará...

sábado, 2 de octubre de 2010

Suena el teléfono

Suena el teléfono. Se mueve en la cama. Comienza a tomar conciencia de eses sonido que viene a destruir la calma de un sueño profundo. Ya es de día, se dice, seguro que llegas tarde a trabajar nuevamente. Pero no, es fin de semana y no quiere darse el gusto de despejarse totalmente, es uno de esos pocos, pero milagrosos días, en los que puede seguir durmiendo hasta tarde.
Entre ida y vuelta se descubre pensando cómo hacer para no despertarse. ¡Vamos ya! ¡Si estás despierta hace unos cuantos minutos! ¿Es que no oyes el teléfono?
Cierto, estaba despierta y bien consciente del sonido, pero se resistía a contestar. ¡Quién podía llamar un fin de semana tan temprano? Su madre con seguridad; aunque de un tiempo a esa parte, ya había aprendido a contenerse hasta más entrado el día. No todo el mundo amanecía con el canto del gallo y el sonido de los primeros pájaros.
Decidió abrir los ojos. El teléfono ya no llamaba, pero era inútil buscar el sueño que se escapaba entre los rayos de claridad que entraban por la ventana.
Se incorporó, aún un tanto mareada, se calzó las pantuflas y decidió pasar, camino del baño, a por el teléfono, a ver quién la estaba buscando.
Se lavó la cara y realizó sus rutinas de cuidados matinales. Los años no vienen solos, se dijo, traen consigo experiencia a veces y arrugas, casi siempre.

Camina hasta la entrada, levanta el periódico y lo lleva a la cocina, dónde la espera una taza del más delicioso de los cafés: el del fin de semana. Ese que se saborea sin apuros, con todo el tiempo del mundo, acompañado de tostadas, mantequilla, queso, y todo lo que se encuentre apto en la heladera para ser incluido en un súper desayuno de fin de semana. Ese que se confunde con el almuerzo, ya sea por su opulencia o por la hora en que se realiza.
El periódico, otro elemento que alcanza su esplendor durante los fines de semana. No tanto por su contenido (parecía que las noticias más interesantes sucedían de lunes a viernes, cuando uno hacía una lectura rápida de los titulares, atragantado con el desayuno y las malas noticias) que durante el fin de semana no era más que un mero resumen de la actividad deportiva local, regional, nacional, mundial y hasta del sistema solar; sino porque se podía leer en su totalidad, de atrás para adelante como lo hacía ella, de adelante para atrás como lo hace la gente normalmente, una, dos y hasta 3 veces consecutivas sin apuro alguno, más que la temperatura del café.
Nada, absolutamente nada que augurara que la vida cambiaría para bien de un momento a otro. Llevaba tiempo esperando por un cambio milagroso, toda la vida quizá, pero ya se había dado cuenta hacía tiempo también, que el cambio lo debía provocar ella. Nada llegaría del cielo, era tan difícil que las cosas sucedieran sin una razón, sólo porque si…nada. Debía buscar el cambio. Hacer que las cosas sucedieran. La cadena había comenzado hacía un tiempo. Un proceso lento, doloroso y al principio inconsciente. Era la única dueña de su vida, y no estaba conforme con lo que le tocaba, o lo que ella misma se había forjado en realidad. ¿Qué era eso que estaba viviendo? ¿Un compás de espera hacia qué? Se dio cuenta que estaba estancada en algún lugar de la vida, sin haberlo querido se había quedado ahí varada, esperando que la vida o el destino, le pusiera a los pies algo. Algo que ni ella misma estaba segura de que se trataba. Quizá por eso era que estaba así. Pero eso ya había pasado, quedado atrás. Ahora sabía que era parte del proceso, un paso necesario para lo que vendría. Ya se había dado por enterada, lo había aceptado, y ahora estaba dispuesta a buscar aquello que la haría feliz. Sólo le quedaba saber qué era, pero en eso se hallaba ahora.
El amor, era algo que sabía debía definir de un momento a otro. Ninguna pareja había resultado, de las tantas que había tenido hasta el momento. Estaba claro; ningún hombre era él. Si decidió dejarlo fue porque no estaba de acuerdo con el tipo de hombre que compartía su vida, ¿por qué entonces seguía esperando por alguien que fuese como él? Esto último, también había sido una revelación del proceso en el que se encontraba.
Al principio, pensó que lo mejor sería probar con alguien que no tuviera nada que ver con su ex pareja, alguien que fuera su antítesis, pero con el paso del tiempo se daba cuenta que los hombres que realmente le gustaban, terminaban siendo, en el fondo, parecidos a él…Qué tema, se dijo.

El trabajo también estaba en la agenda de cambio. No se había sentido bien con lo que hacía desde que comenzó su carrera. Si bien durante la época de estudiante, se había sentido cómoda (nunca llegó a convencerla del todo), eso ya se había perdido. Había días en los que se sentía asfixiada; le daban ganas de abrir la ventana y saltar, dirigirse a un lugar cerca del mar, o al campo, donde pudiera sentir el sol y el roce del viento en las mejillas. Necesitaba libertad. Se había criado en un lugar tranquilo, con mucho sol y poca gente. Emigró, como tantos otros, cuando sintió la necesidad de independencia, pero ahora añoraba volver al hogar materno. Parte del proceso también, se dijo. Es ahora cuando la vida, el cuerpo, la situación te pide que decidas dónde deseas continuar tu vida. La nueva vida que comienza…estaba en otra etapa, estaba en la tercera década, y aunque los años nunca se habían hecho sentir, ahora, solitos, le estaban reclamando la “madurez” que no tenía (o no quería enfrentar). Definir los pasos a seguir.
Siempre había sido una vagabunda, caminante, exploradora. Le encantaban las nuevas experiencias y se aburría pronto, de todo.
Volvió a pensar en él, sin querer, como siempre. En la relación que habían compartido durante años, y que no la había aburrido en absoluto. ¿Qué sería de su vida? ¿Estaría casado? ¿Qué hubiera sido de la suya si hubieran seguido adelante?
Se obligó a recordar que las cosas no marchaban como lo había planeado, que una cosa llevó a la otra, y el amor no fue suficiente en el momento crucial. Habían terminado.
Lo mismo el desayuno, ya estaba bien. Se levantó de la mesa, volvió a colocar las cosas en la heladera, lavó la taza, juntó las migas y dobló el diario.
Se daría una ducha e iría hasta la feria de artesanos que distaba unas cuadras de su casa. Nada más lindo y placentero que un paseo al sol, sin nada que pensar ni hacer más que observar los artículos allí expuestos y darle de comer a las palomas.
Camino del dormitorio recordó el teléfono, que la había despertado con su impertinente timbre, hacía más de una hora. Lo buscó, encendió, y se quedó unos minutos incrédula, paralizada mirando la pantalla sin poder creer lo que veía.
¿Qué haría? ¿Devolverle el llamado? Quién menos hubiera pensado, había llamado hoy.
Era su número…



Asombro

¿Por qué la gente, adultos en su mayoría, pierden con el correr de los años la capacidad de asombro? Esa habilidad maravillosa con la que venimos al mundo y que nos hace ser tan especiales y felices.
Al principio, si bien hay corrientes que sostienen que uno nace con todo el conocimiento del mundo en su haber para luego perderlo con el tiempo para volver a aprenderlo, somos inocentes, curiosos, traviesos y juguetones. Algunos seguimos siéndolo ya de mayores, pero son muy pocos los que son capaces de mantener esa virtud, por así llamarla, sin degenerarla.
¿Qué es lo que hace que se pierda eses maravilloso don? o ¿qué es lo que sucede, más maravilloso aún, que hace que las cosas que antes parecían milagros y que causaban asombro, dejen de serlo?
Hoy, sin ir más lejos, le mostré algo a mi madre. ¡Mirá!, le dije, esperando algo que nunca llegó. “¿Qué es?” me preguntó; ¿qué es? respondí, sabedora que mi madre había visto aquello millones de veces. “Una semilla germinada”, me contestó. “¿De qué?”…Importaba acaso de que planta era ese brote, de que semilla provenía, si era de maíz, soja, girasol, o acaso de un simple “yuyito” como le decimos a las plantas que invaden nuestro muy cuidado jardín, pero que no tienen culpa de ser simples plantas nacidas de modo silvestre.
Lo que yo intentaba mostrarle, o hacerle ver, era esa hermosa y maravillosa capacidad de la vida para abrirse paso incluso en los lugares más agrestes  y recónditos, le iba a contar que lo había sacado de una maceta que contenía un gajo de rosa, que luchaba por prender y revivir. Que era apenas una larga raíz hundiéndose en la tierra que no había sido preparada para recibirla, sino para darle vida a un aplanta más “especial” que ella, pero que no había tenido la capacidad de germinar aún. No al menos, cómo lo había hecho ese ser diminuto, que era apenas una línea de vida, un mero puntito entre amarillo y verdoso, desdoblándose hacia la luz del sol. Yo lo había sacado, junto con el resto de las “malas hierbas” para darle lugar a la rosa, no sin antes pedirle perdón por lo que estaba a punto de hacer, y fue ahí, cuando me di cuenta, que era, al igual que esa plantita; especial. Me dolía el alma por estar robándole la vida a aquellas plantas. ¿Quién era yo para hacer aquello? ¿Cómo podía decidir entre la vida y la muerte de un ser? ¿Por qué me costaba tanto limpiar aquella maceta?
¡Me estaba emocionando el simple hecho de limpiar una maceta!
¿Que te pasa Ana? Esto seguro es algo hormonal, me dije, pero no, no era la fecha, ni el entorno, ni el día hermoso que había. Esto tenía que ver conmigo y mi forma de ser.
¿Qué me sucedía? ¿Soy tan inmadura que me asombra el camino que van dejando las hormiguitas, la forma de las nubes, el sonido de la lluvia contra los cristales de la ventana? ¿Es así? Me niego a perder el asombro, a remplazarlo por indiferencia o falsa sabiduría, si esto es necesario para madurar, para ser considerada una persona adulta.
Me encanta observar el vuelo de las mariposas…¿y qué?

jueves, 19 de agosto de 2010

Energías...

Aquí estaba yo, buscando pasar el tiempo, navegando por el cyberespacio, mientras esperaba se hiciera la hora de la cena, cuando de repente apareció frente a mi...No pude aguantar la tentación (y si hay algo que tiene el uso de las nuevas tecnologías, es que en realidad no te deja mucha opción, o caes presa de la tentación o continúas a la siguiente página...y ahí seguro que caes!!!) y continué leyendo...
La vida toda es materia y energía. El éxito y el fracaso dependen nada más que de la habilidad que tengamos para equilibrarla.
Así que eso es todo??? Y yo estuve todo este tiempo sin saberlo?!!! ¿cómo es esto? ¿hay claves? Quiero saber todo ya mismo!!!!

Así que ahí mismo me sumergí en el mundo de la energía. Me encontré con teorías/creencias como el Feng-Shui, Los cuatro pilares, Las mansiones, La astrología china, etc. Todas y cada una de ellas más interesante que la anterior, pero había un problema...
¿Es que los profetas de estas teorías estaban todos peleados? ¿vivían en lugares opuestos del mundo o que? No pudieron ponerse de acuerdo, y lo mismo me sucedía a mi a la hora de querer poner en práctica aquellos consejos.
Mi pilar, según el año de nacimiento es cabra-tierra-yin (para hacérselas corta), pero el del día es mono-agua-yang.
Según el feng-shui tendría que descansar con la cabeza hacia el norte, pero según otra teoría o creencia o práctica (la cual no recuerdo) no puedo ni dirigirme hacia el norte; es más, casi ni mirar al norte (me tendré que poner algo como lo que usan los caballos para no distraerse)
Mi amor se encuentra al este, pero yo vivo al sur. Tengo que trabajar al sur, pero mi lugar de trabajo queda al noroeste...

En fin, anduve dando vueltas con los muebles. La cama para acá, no no, para allá, no esperá la cabecera para el otro lado. ¿Quedo bien, no? Ah no esperá, no puede estar debajo de la ventana! Así, así está bien.
Ah...cómo? que vos sos todo lo contrario??? Tenés que descansar con la cabeza para el este? Q tu energía se encuentra al sur? Pero si dormimos juntos!!!! ¿Cómo hacemos? dividimos la cama a la mitad o cambio mi fecha de nacimiento??? (o cambio de pareja?) Ayudame feng-shui!!!! ¿Y con las cosas que guardo debajo de la cama cómo hago? ¿dónde las escondo? ¿No se dan cuenta que los espacios son reducidos y las cosas que no sirven para nada, pero que una atesora con mucho cariño, son inversamente proporcionales?

Ahora vamos con el escritorio. Tengo que colocarlo mirando para el sur, no importa si queda en un rincón donde no hay luz, ni enchufe, ni aire...mira hacia el sur, no? Seguro va a estar todo bien.

El baño...que lugar importante el baño! Uno de los más importantes de la casa... Asegurate que tenga las dimensiones necesarias para moverte con comodidad, ni te digo si lo tienes que compartir con tu marido y tus hijos (por que será que los hombres no entienden que cuando una dice ocupado es diferente que cuando los invita a pasar?); la tapa del inodoro que quede siempre baja, las canillas siempre cerradas (por la cuenta de agua, no por el feng-shui), las paredes de colores pálidos, un espejo es importante (lo digo yo, pero me apoya el feng-shui) y que no haya muchos objetos...mmmm, trataré (veré que hago con el maquillaje, los aceites, las cremas, tratamientos capilares, adherentes, afeitadoras, elementos de primeros auxilios, medicamentos, etc. ¿Irán junto con las cosas que tengo debajo de la cama?).

La puerta...que tema! ¿Cómo hace uno si la casa que compró tiene la puerta mal colocada? ¿Dejo la casa de mis sueños? ¿Entro por la ventana? ¿Y si las energías buenas para mi entran por donde se cuelan las malas energías para mi marido? Tengo que elegir entre tener buenas energías (a veces las necesito para aguantarlo!) o un marido con malas energías; ¿y las mías para soportarlo?

¿Cómo se hace ésto? Me queda dormir parada, con la cabeza apuntando hacia el norte, un pie para el sur y el otro para el sureste, cuando tengo unos minutos para sentarme, lo tengo que hacer mirando hacia el oeste, aunque la television y el resto de la casa queden a mis espaldas (¡que linda la pared blanca! ¿me parece o hay un mosquito allá arriba?), como haciendo equilibrio con los platos, el agua, la fruta, etc. y pienso constantemente en mi amor que anda por el este, o al menos eso decía una de las 20 teorías diferentes que leí...

La verdad que está todo muy muy bueno, pero difícil de llevar a cabo. Seguiré tratando de mejorar mi vida y equilibrar la energía que me rodea, aunque en eso se vaya toda la mía...Deseenme suerte!

lunes, 16 de agosto de 2010

Papeles cambiados

¿Se imaginan si por una vez cambiaran los papeles?
Imaginen si hoy, a la hora del recreo, las maestras salieran todas a jugar, mientras que en el salón de profesores los niños se reunieran a charlar en torno a una tacita de te...

¿Que creen que harían los adultos sin su taza de te y sus chismes? ¿Cómo se verían los adultos corriendo libres por el patio de la escuela?
 ¿Por que no vienen conmigo y hechamos un vistazo?

La maestra de tercero está jugando a la peluquería con Marita, la profesora de canto. Ellas siempre tan coquetas!
¿Puedo jugar? pregunta Viviana, la maestra de segundo año
_ Adelante, déjenla jugar con ustedes.
_ Ah no! no queremos!
_Vamos vamos que está sola.
_Es obligación? Ufa!!! bueno, podés jugar, pero sos la que lava la cabeza de las clientas_ decide Alejandra.

Sigamos...
Subidos en el árbol encontramos a Mauricio, el profesor de informática junto con Pablo, el de mantenimiento. 
_Hey todos, miren donde estamos!!!
_Qué hacen ustedes ahí? No les he dicho veinte mil veces que no se suban a los árboles? Se pueden caer y lastimar, ¿después, cómo les explico yo a sus padres? (los maestros deben tener padres tambien, no?).
Además, ya hablamos del asunto. Las plantas son seres vivos y les duele que ustedes los estén maltratando, arrancándole las hojas y las cascaritas. A ti te gustaría Pablo que yo te sacara los pelitos de a uno?...
No hay respuesta, cómo lo suponía.


Carolina y Patricia están peleando en una esquina del patio, al lado de las hamacas:
_Yo no soy boba!
_Si, sos! sos boba y fea!
_Mentira!!! Mamá dijo que yo era linda y que vos me peleas porque querés tener un vestido como el que yo me puse para el cumple de Laura!
_Que bolaso!! Yo no quiero un vestido, decile a tu mamita!!

_Que sucede aquí? ¿Por que pelean ustedes dos? No son paralelas? ¿Cómo van a hacer para planificar juntas después si se pelean? No quiero escucharlas diciendose cosas feas! A jugar las dos y sin pelear!
_Ella empezó!
_Mentira! fuiste vos, que dijiste que mi cartelera no estaba tan linda como la de tu salón!!!


Quién está allí atras del tobogán besando a Fiorella, la maestra de cuarto año?
_Ustedes dos! Suficiente por hoy, vayan a jugar al fútbol con los demás y nada de novios en la escuela!

¿Y allí en la puerta de la cantina? ¿Qué es esa música? Ah! son las maestras de sexto y quinto bailando las canciones de moda junto con la profesora de expresión corporal...

Se imaginan si un día cambiaran los papeles? Cuando sonara el timbre para entrar habría tantas historias para contar! Y si en la clase nos portáramos mal, y algún profesor nos rezongara, les diría "No nos reten, sabemos que ustedes son igual que nosotros durante el recreo!"

(Cualquier parecido con la realidad es mera coincidencia, como dice Lola)

lunes, 9 de agosto de 2010

La toalla mojada

Un día normal
Suena el despertador...¿ya? pero si recién me acosté!!! 5 minutos más y ya me levanto...y así de repente, después de 5 minutos más que ya suman 15...se me hizo tardeeeeeeee!!!!! Arriba, arriba!!! Vamos que es sólo un día normal, otro más de esta semana que por suerte ya está por terminar ;)
Busco la ropa, que dicho sea de paso son varias prendas (no vaya a ser cosa de pasar frío durante el día), las medias por acá, el pantalón, la camiseta, el buzo...y el buzo? pero no dejé todo listo anoche? (previendo lo de los 15 minutos claro) ¿dónde puse el buzo? Ah! ya recordé! lo dejé en el baño para no tener que llevar todo a la mañana. Corro al baño, nada mejor que una ducha para despertarme!!! Brrrrr...que frío que hace!!!! Abro el agua y me zambullo debajo de ella, pero en lugar de encontrar refugio en la tibieza me congelo!!! ¿que pasó? ¿y el agua caliente? Seguro hubo corte de luz durante la noche y el pobre calefón no tuvo tiempo de esperarme con el agua calentita... En fin, esto recién comienza. "Mal comienzo, buen fin", no dicen eso? Abro al máximo la canilla del agua caliente y me ducho bien rapidito. Ya está, ahora seguro entro en calor cuando me seque...la toalla!!! me olvidé de la toalla en el dormitorio!!!! Salgo corriendo en su búsqueda, ¡opa, cuidado que me resbalo! Maldiciendo y apretando los dientes, ya no se si soy un pollo, un pitufo o que, estoy azul de frío y tengo toda la piel erizada....
Luego de este comienzo (que no fue lo mejor del día, seguro), por fin el desayuno! Pero no, me las tendré que arreglar con un vaso de agua, ya que no hay leche, me olvidé de comprar anoche cuando volví del trabajo...2 a 0, me va ganando el día.
Encima llueve...que ganas de quedarme en casa! Vamos, vamos que ya termina la semana!!! (me parece escuchar a mi madre, llamándome para ir a clases). Hay mamita! Cuando se me fue la vida? Porque no puedo seguir siendo estudiante y levantarme para encontrarme con el desayuno ya preparado y la estufita prendida?
En fin, entre todos estos recuerdos y reflecciones, me doy cuenta que se me ha hecho tarde. Corro, busco la llave (que nunca está colgada donde debería) y salgo.
Afuera llueve, corro a la parada del ómnibus, con la capucha del abrigo calada hasta la naríz porque no tuve tiempo de buscar el paraguas, y revolviendo en la cartera para encontrar las monedas que pagarán mi viaje hasta "el burrero" como dice un famoso cantautor.
Despues de unos cuantos minutos y unos cuantos malabares para no tropezar con alguna baldosa floja y mojarme todos los pies, llego a la parada que por fortuna o azar, aún conserva todas sus partes, aunque no pueda sentarme porque está todo mojado.
Ahí viene el coche! Me acerco a al cordón de la vereda para hacerle señas de que se detenga...y de algún lejano, remoto e indeseable lugar, aparece de pronto un coche que se encarga de levantar un tsunami que me deja empapada hasta las rodillas: 3 a 0 gana el día de hoy!
Llego al trabajo...por lo menos acá la temperatura es agradable y no se llueve, no? "Al mal tiempo buena cara", me dice una compañera al verme llegar en ese estado. "Jaja"...acoto, ¿tengo que reirme?
¡Cómo me gustan los días de lluvia!!!! Aunque no lo parezca, los amo!! Nada más lindo que un día de lluvia mmmmmm.....El sonido de las gotas en el techo, como un arrullo, el interior de la casa que se ofrece tan reconfortante...si hasta los mismos aromas de siempre parecen mejores cuando llueve!! No es lo mismo sentir el olorcito del tuco para los tallarines o de la sopa que se prepara en la cocina mmm... COMIDA!!! Dejé la vianda en la heladera...de mi casa!!!!
Ok, comida del bar de enfrente, otra vez!!!
Entre resignación y ensoñación estoy cuando suena el timbre...a trabajar!
Un día normal, como cualquier otro, que no comenzó de la mejor manera pero va a terminar muuuuuy bien...esta noche salimos a festejar!! ¿que festejamos? no se, lo que sea!!! festejemos haber sobrevivido a otro día. Uno más, común y corriente, y uno menos para el fin de semana...
HAGAMOS QUE LAS COSAS SUCEDAN! A FESTEJARRRRRRRRRRRR!!!!!!